Capítulo 1
Judá y Simeón capturan a Adoni-bezec
1:1
Aconteció después de la muerte de Josué, que los hijos
de Israel consultaron a Jehová, diciendo: ¿Quién de
nosotros subirá primero a pelear contra los cananeos?
1:2 Y Jehová respondió: Judá subirá; he aquí que yo he
entregado la tierra en sus manos.
1:3 Y Judá dijo a Simeón su hermano: Sube conmigo al
territorio que se me ha adjudicado, y peleemos contra el
cananeo, y yo también iré contigo al tuyo. Y Simeón fue
con él.
1:4 Y subió Judá, y Jehová entregó en sus manos al
cananeo y al ferezeo; e hirieron de ellos en Bezec a
diez mil hombres.
1:5 Y hallaron a Adoni-bezec en Bezec, y pelearon contra
él; y derrotaron al cananeo y al ferezeo.
1:6 Mas Adoni-bezec huyó; y le siguieron y le
prendieron, y le cortaron los pulgares de las manos y de
los pies.
1:7 Entonces dijo Adoni-bezec: Setenta reyes, cortados
los pulgares de sus manos y de sus pies, recogían las
migajas debajo de mi mesa; como yo hice, así me ha
pagado Dios. Y le llevaron a Jerusalén, donde murió.
Judá
conquista Jerusalén y Hebrón
1:8 Y
combatieron los hijos de Judá a Jerusalén y la tomaron,
y pasaron a sus habitantes a filo de espada y pusieron
fuego a la ciudad.
1:9 Después los hijos de Judá descendieron para pelear
contra el cananeo que habitaba en las montañas, en el
Neguev, y en los llanos.
1:10 Y marchó Judá contra el cananeo que habitaba en
Hebrón, la cual se llamaba antes Quiriat-arba; e
hirieron a Sesai, a Ahimán y a Talmai.
Otoniel conquista Debir y recibe a Acsa
(Jos. 15.15-19)
1:11 De
allí fue a los que habitaban en Debir, que antes se
llamaba Quiriat-sefer.
1:12 Y dijo Caleb: El que atacare a Quiriat-sefer y la
tomare, yo le daré Acsa mi hija por mujer.
1:13 Y la tomó Otoniel hijo de Cenaz, hermano menor de
Caleb; y él le dio Acsa su hija por mujer.
1:14 Y cuando ella se iba con él, la persuadió que
pidiese a su padre un campo. Y ella se bajó del asno, y
Caleb le dijo: ¿Qué tienes?
1:15 Ella entonces le respondió: Concédeme un don;
puesto que me has dado tierra del Neguev, dame también
fuentes de aguas. Entonces Caleb le dio las fuentes de
arriba y las fuentes de abajo.
Extensión de las conquistas de Judá y de Benjamín
1:16 Y
los hijos del ceneo, suegro de Moisés, subieron de la
ciudad de las palmeras con los hijos de Judá al desierto
de Judá, que está en el Neguev cerca de Arad; y fueron y
habitaron con el pueblo.
1:17 Y fue Judá con su hermano Simeón, y derrotaron al
cananeo que habitaba en Sefat, y la asolaron; y pusieron
por nombre a la ciudad, Horma.
1:18 Tomó también Judá a Gaza con su territorio, Ascalón
con su territorio y Ecrón con su territorio.
1:19 Y Jehová estaba con Judá, quien arrojó a los de las
montañas; mas no pudo arrojar a los que habitaban en los
llanos, los cuales tenían carros herrados.
1:20 Y dieron Hebrón a Caleb, como Moisés había dicho; y
él arrojó de allí a los tres hijos de Anac.
1:21 Mas al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo
arrojaron los hijos de Benjamín, y el jebuseo habitó con
los hijos de Benjamín en Jerusalén hasta hoy. 
José conquista Bet-el
1:22
También la casa de José subió contra Bet-el; y Jehová
estaba con ellos.
1:23 Y la casa de José puso espías en Bet-el, ciudad que
antes se llamaba Luz.
1:24 Y los que espiaban vieron a un hombre que salía de
la ciudad, y le dijeron: Muéstranos ahora la entrada de
la ciudad, y haremos contigo misericordia.
1:25 Y él les mostró la entrada a la ciudad, y la
hirieron a filo de espada; pero dejaron ir a aquel
hombre con toda su familia.
1:26 Y se fue el hombre a la tierra de los heteos, y
edificó una ciudad a la cual llamó Luz; y este es su
nombre hasta hoy.
Extensión
de las conquistas de Manasés y de Efraín
1:27
Tampoco Manasés arrojó a los de Bet-seán, ni a los de
sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de
Dor y sus aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus
aldeas, ni a los que habitan en Meguido y en sus aldeas;
y el cananeo persistía en habitar en aquella tierra.
1:28 Pero cuando Israel se sintió fuerte hizo al cananeo
tributario, mas no lo arrojó.
1:29 Tampoco Efraín arrojó al cananeo que habitaba en
Gezer, sino que habitó el cananeo en medio de ellos en
Gezer.
Extensión
de las conquistas de las demás tribus
1:30
Tampoco Zabulón arrojó a los que habitaban en Quitrón,
ni a los que habitaban en Naalal, sino que el cananeo
habitó en medio de él, y le fue tributario.
1:31 Tampoco Aser arrojó a los que habitaban en Aco, ni
a los que habitaban en Sidón, en Ahlab, en Aczib, en
Helba, en Afec y en Rehob.
1:32 Y moró Aser entre los cananeos que habitaban en la
tierra; pues no los arrojó.
1:33 Tampoco Neftalí arrojó a los que habitaban en
Bet-semes, ni a los que habitaban en Bet-anat, sino que
moró entre los cananeos que habitaban en la tierra; mas
le fueron tributarios los moradores de Bet-semes y los
moradores de Bet-anat.
1:34 Los amorreos acosaron a los hijos de Dan hasta el
monte, y no los dejaron descender a los llanos.
1:35 Y el amorreo persistió en habitar en el monte de
Heres, en Ajalón y en Saalbim; pero cuando la casa de
José cobró fuerzas, lo hizo tributario.
1:36 Y el límite del amorreo fue desde la subida de
Acrabim, desde Sela hacia arriba.
Capítulo 2
El
ángel de Jehová en Boquim
2:1 El ángel
de Jehová subió de Gilgal a Boquim, y dijo: Yo os saqué
de Egipto, y os introduje en la tierra de la cual había
jurado a vuestros padres, diciendo: No invalidaré jamás
mi pacto con vosotros,
2:2 con tal que vosotros no hagáis pacto con los
moradores de esta tierra, cuyos altares habéis de
derribar;
mas vosotros no habéis atendido a mi voz. ¿Por qué
habéis hecho esto?
2:3 Por tanto, yo también digo: No los echaré de delante
de vosotros, sino que serán azotes para vuestros
costados, y sus dioses os serán tropezadero.
2:4 Cuando el ángel de Jehová habló estas palabras a
todos los hijos de Israel, el pueblo alzó su voz y
lloró.
2:5 Y llamaron el nombre de aquel lugar Boquim, y
ofrecieron allí sacrificios a Jehová.
Muerte de Josué
(Jos. 24.29-31)
2:6
Porque ya Josué había despedido al pueblo, y los hijos
de Israel se habían ido cada uno a su heredad para
poseerla.
2:7 Y el pueblo había servido a Jehová todo el tiempo de
Josué, y todo el tiempo de los ancianos que
sobrevivieron a Josué, los cuales habían visto todas las
grandes obras de Jehová, que él había hecho por Israel.
2:8 Pero murió Josué hijo de Nun, siervo de Jehová,
siendo de ciento diez años.
2:9 Y lo sepultaron en su heredad en Timnat-sera, en
el monte de Efraín, al norte del monte de Gaas.
2:10 Y toda aquella generación también fue reunida a sus
padres. Y se levantó después de ellos otra generación
que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho
por Israel.
Apostasía
de Israel, y la obra de los jueces
2:11
Después los hijos de Israel hicieron lo malo ante los
ojos de Jehová, y sirvieron a los baales.
2:12 Dejaron a Jehová el Dios de sus padres, que los
había sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras
otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban en
sus alrededores, a los cuales adoraron; y provocaron a
ira a Jehová.
2:13 Y dejaron a Jehová, y adoraron a Baal y a Astarot.
2:14 Y se encendió contra Israel el furor de Jehová, el
cual los entregó en manos de robadores que los
despojaron, y los vendió en mano de sus enemigos de
alrededor; y no pudieron ya hacer frente a sus
enemigos.
2:15 Por dondequiera que salían, la mano de Jehová
estaba contra ellos para mal, como Jehová había dicho, y
como Jehová se lo había jurado; y tuvieron gran
aflicción.
2:16 Y Jehová levantó jueces que los librasen de mano de
los que les despojaban;
2:17 pero tampoco oyeron a sus jueces, sino que fueron
tras dioses ajenos, a los cuales adoraron; se apartaron
pronto del camino en que anduvieron sus padres
obedeciendo a los mandamientos de Jehová; ellos no
hicieron así.
2:18 Y cuando Jehová les levantaba jueces, Jehová estaba
con el juez, y los libraba de mano de los enemigos todo
el tiempo de aquel juez; porque Jehová era movido a
misericordia por sus gemidos a causa de los que los
oprimían y afligían.
2:19 Mas acontecía que al morir el juez, ellos volvían
atrás, y se corrompían más que sus padres, siguiendo a
dioses ajenos para servirles, e inclinándose delante de
ellos; y no se apartaban de sus obras, ni de su
obstinado camino.
2:20 Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y
dijo: Por cuanto este pueblo traspasa mi pacto que
ordené a sus padres, y no obedece a mi voz,
2:21 tampoco yo volveré más a arrojar de delante de
ellos a ninguna de las naciones que dejó Josué cuando
murió;
2:22 para probar con ellas a Israel, si procurarían o no
seguir el camino de Jehová, andando en él, como lo
siguieron sus padres.
2:23 Por esto dejó Jehová a aquellas naciones, sin
arrojarlas de una vez, y no las entregó en mano de
Josué.
Capítulo 3
Naciones que fueron dejadas para probar a Israel
3:1 Estas,
pues, son las naciones que dejó Jehová para probar con
ellas a Israel, a todos aquellos que no habían conocido
todas la guerras de Canaán;
3:2 solamente para que el linaje de los hijos de Israel
conociese la guerra, para que la enseñasen a los que
antes no la habían conocido:
3:3 los cinco príncipes de los filisteos, todos los
cananeos, los sidonios, y los heveos que habitaban en el
monte Líbano, desde el monte de Baal-hermón hasta llegar
a Hamat.
3:4 Y fueron para probar con ellos a Israel, para saber
si obedecerían a los mandamientos de Jehová, que él
había dado a sus padres por mano de Moisés.
3:5 Así los hijos de Israel habitaban entre los
cananeos, heteos, amorreos, ferezeos, heveos y
jebuseos.
3:6 Y tomaron de sus hijas por mujeres, y dieron sus
hijas a los hijos de ellos, y sirvieron a sus dioses.
Otoniel
liberta a Israel de Cusan-risataim
3:7
Hicieron, pues, los hijos de Israel lo malo ante los
ojos de Jehová, y olvidaron a Jehová su Dios, y
sirvieron a los baales y a las imágenes de Asera.
3:8 Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y los
vendió en manos de Cusan-risataim rey de Mesopotamia; y
sirvieron los hijos de Israel a Cusan-risataim ocho
años.
3:9 Entonces clamaron los hijos de Israel a Jehová; y
Jehová levantó un libertador a los hijos de Israel y los
libró; esto es, a Otoniel hijo de Cenaz, hermano menor
de Caleb.
3:10 Y el Espíritu de Jehová vino sobre él, y juzgó a
Israel, y salió a batalla, y Jehová entregó en su mano a
Cusan-risataim rey de Siria, y prevaleció su mano contra
Cusan-risataim.
3:11 Y reposó la tierra cuarenta años; y murió Otoniel
hijo de Cenaz.
Aod
liberta a Israel de Moab
3:12
Volvieron los hijos de Israel a hacer lo malo ante los
ojos de Jehová; y Jehová fortaleció a Eglón rey de Moab
contra Israel, por cuanto habían hecho lo malo ante los
ojos de Jehová.
3:13 Este juntó consigo a los hijos de Amón y de Amalec,
y vino e hirió a Israel, y tomó la ciudad de las
palmeras.
3:14 Y sirvieron los hijos de Israel a Eglón rey de los
moabitas dieciocho años.
3:15 Y clamaron los hijos de Israel a Jehová; y Jehová
les levantó un libertador, a Aod hijo de Gera,
benjamita, el cual era zurdo. Y los hijos de Israel
enviaron con él un presente a Eglón rey de Moab.
3:16 Y Aod se había hecho un puñal de dos filos, de un
codo
de largo; y se lo ciñó debajo de sus vestidos a su lado
derecho.
3:17 Y entregó el presente a Eglón rey de Moab; y era
Eglón hombre muy grueso.
3:18 Y luego que hubo entregado el presente, despidió a
la gente que lo había traído.
3:19 Mas él se volvió desde los ídolos que están en
Gilgal, y dijo: Rey, una palabra secreta tengo que
decirte. El entonces dijo: Calla. Y salieron de delante
de él todos los que con él estaban.
3:20 Y se le acercó Aod, estando él sentado solo en su
sala de verano. Y Aod dijo: Tengo palabra de Dios para
ti. El entonces se levantó de la silla.
3:21 Entonces alargó Aod su mano izquierda, y tomó el
puñal de su lado derecho, y se lo metió por el vientre,
3:22 de tal manera que la empuñadura entró también tras
la hoja, y la gordura cubrió la hoja, porque no sacó el
puñal de su vientre; y salió el estiércol.
3:23 Y salió Aod al corredor, y cerró tras sí las
puertas de la sala y las aseguró con el cerrojo.
3:24 Cuando él hubo salido, vinieron los siervos del
rey, los cuales viendo las puertas de la sala cerradas,
dijeron: Sin duda él cubre sus pies en la sala de
verano.
3:25 Y habiendo esperado hasta estar confusos, porque él
no abría las puertas de la sala, tomaron la llave y
abrieron; y he aquí su señor caído en tierra, muerto.
3:26 Mas entre tanto que ellos se detuvieron, Aod
escapó, y pasando los ídolos, se puso a salvo en
Seirat.
3:27 Y cuando había entrado, tocó el cuerno en el monte
de Efraín, y los hijos de Israel descendieron con él del
monte, y él iba delante de ellos.
3:28 Entonces él les dijo: Seguidme, porque Jehová ha
entregado a vuestros enemigos los moabitas en vuestras
manos. Y descendieron en pos de él, y tomaron los vados
del Jordán a Moab, y no dejaron pasar a ninguno.
3:29 Y en aquel tiempo mataron de los moabitas como diez
mil hombres, todos valientes y todos hombres de guerra;
no escapó ninguno.
3:30 Así fue subyugado Moab aquel día bajo la mano de
Israel; y reposó la tierra ochenta años.
Samgar
liberta a Israel de los filisteos
3:31
Después de él fue Samgar hijo de Anat, el cual mató a
seiscientos hombres de los filisteos con una aguijada de
bueyes; y él también salvó a Israel.
Capítulo 4
Débora y Barac derrotan a Sísara
4:1 Después
de la muerte de Aod, los hijos de Israel volvieron a
hacer lo malo ante los ojos de Jehová.
4:2 Y Jehová los vendió en mano de Jabín rey de Canaán,
el cual reinó en Hazor; y el capitán de su ejército se
llamaba Sísara, el cual habitaba en Haroset-goim.
4:3 Entonces los hijos de Israel clamaron a Jehová,
porque aquél tenía novecientos carros herrados, y había
oprimido con crueldad a los hijos de Israel por veinte
años.
4:4 Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer,
Débora, profetisa, mujer de Lapidot;
4:5 y acostumbraba sentarse bajo la palmera de Débora,
entre Ramá y Bet-el, en el monte de Efraín; y los hijos
de Israel subían a ella a juicio.
4:6 Y ella envió a llamar a Barac hijo de Abinoam, de
Cedes de Neftalí, y le dijo: ¿No te ha mandado Jehová
Dios de Israel, diciendo: Ve, junta a tu gente en el
monte de Tabor, y toma contigo diez mil hombres de la
tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón;
4:7 y yo atraeré hacia ti al arroyo de Cisón a Sísara,
capitán del ejército de Jabín, con sus carros y su
ejército, y lo entregaré en tus manos?
4:8 Barac le respondió: Si tú fueres conmigo, yo iré;
pero si no fueres conmigo, no iré.
4:9 Ella dijo: Iré contigo; mas no será tuya la gloria
de la jornada que emprendes, porque en mano de mujer
venderá Jehová a Sísara. Y levantándose Débora, fue con
Barac a Cedes.
4:10 Y juntó Barac a Zabulón y a Neftalí en Cedes, y
subió con diez mil hombres a su mando; y Débora subió
con él.
4:11 Y Heber ceneo, de los hijos de Hobab suegro de
Moisés, se había apartado de los ceneos, y había
plantado sus tiendas en el valle de Zaanaim, que está
junto a Cedes.
4:12 Vinieron, pues, a Sísara las nuevas de que Barac
hijo de Abinoam había subido al monte de Tabor.
4:13 Y reunió Sísara todos sus carros, novecientos
carros herrados, con todo el pueblo que con él estaba,
desde Haroset- goim hasta el arroyo de Cisón.
4:14 Entonces Débora dijo a Barac: Levántate, porque
este es el día en que Jehová ha entregado a Sísara en
tus manos. ¿No ha salido Jehová delante de ti? Y Barac
descendió del monte de Tabor, y diez mil hombres en pos
de él.
4:15 Y Jehová quebrantó a Sísara, a todos sus carros y a
todo su ejército, a filo de espada delante de Barac; y
Sísara descendió del carro, y huyó a pie.
4:16 Mas Barac siguió los carros y el ejército hasta
Haroset- goim, y todo el ejército de Sísara cayó a filo
de espada, hasta no quedar ni uno.
4:17 Y Sísara huyó a pie a la tienda de Jael mujer de
Heber ceneo; porque había paz entre Jabín rey de Hazor y
la casa de Heber ceneo.
4:18 Y saliendo Jael a recibir a Sísara, le dijo: Ven,
señor mío, ven a mí, no tengas temor. Y él vino a ella a
la tienda, y ella le cubrió con una manta.
4:19 Y él le dijo: Te ruego me des de beber un poco de
agua, pues tengo sed. Y ella abrió un odre de leche y le
dio de beber, y le volvió a cubrir.
4:20 Y él le dijo: Estate a la puerta de la tienda; y si
alguien viniere, y te preguntare, diciendo: ¿Hay aquí
alguno? tú responderás que no.
4:21 Pero Jael mujer de Heber tomó una estaca de la
tienda, y poniendo un mazo en su mano, se le acercó
calladamente y le metió la estaca por las sienes, y la
enclavó en la tierra, pues él estaba cargado de sueño y
cansado; y así murió.
4:22 Y siguiendo Barac a Sísara, Jael salió a recibirlo,
y le dijo: Ven, y te mostraré al varón que tú buscas. Y
él entró donde ella estaba, y he aquí Sísara yacía
muerto con la estaca por la sien.
4:23 Así abatió Dios aquel día a Jabín, rey de Canaán,
delante de los hijos de Israel.
4:24 Y la mano de los hijos de Israel fue endureciéndose
más y más contra Jabín rey de Canaán, hasta que lo
destruyeron.
Capítulo 5
Cántico de Débora y de Barac
5:1 Aquel
día cantó Débora con Barac hijo de Abinoam, diciendo:
5:2 Por haberse puesto al frente los caudillos en
Israel,
Por haberse ofrecido voluntariamente el pueblo,
Load a Jehová.
5:3 Oíd, reyes; escuchad, oh príncipes;
Yo cantaré a Jehová,
Cantaré salmos a Jehová, el Dios de Israel.
5:4 Cuando saliste de Seir, oh Jehová,
Cuando te marchaste de los campos de Edom,
La tierra tembló, y los cielos destilaron,
Y las nubes gotearon aguas.
5:5 Los montes temblaron delante de Jehová,
Aquel Sinaí, delante de Jehová Dios de Israel.
5:6 En los días de Samgar hijo de Anat,
En los días de Jael, quedaron abandonados los
caminos,
Y los que andaban por las sendas se apartaban por
senderos torcidos.
5:7 Las aldeas quedaron abandonadas en Israel, habían
decaído,
Hasta que yo Débora me levanté,
Me levanté como madre en Israel.
5:8 Cuando escogían nuevos dioses,
La guerra estaba a las puertas;
¿Se veía escudo o lanza
Entre cuarenta mil en Israel?
5:9 Mi corazón es para vosotros, jefes de Israel,
Para los que voluntariamente os ofrecisteis entre el
pueblo.
Load a Jehová.
5:10 Vosotros los que cabalgáis en asnas blancas,
Los que presidís en juicio,
Y vosotros los que viajáis, hablad.
5:11 Lejos del ruido de los arqueros, en los
abrevaderos,
Allí repetirán los triunfos de Jehová,
Los triunfos de sus aldeas en Israel;
Entonces marchará hacia las puertas el pueblo de
Jehová.
5:12 Despierta, despierta, Débora;
Despierta, despierta, entona cántico.
Levántate, Barac, y lleva tus cautivos, hijo de
Abinoam.
5:13 Entonces marchó el resto de los nobles;
El pueblo de Jehová marchó por él en contra de los
poderosos.
5:14 De Efraín vinieron los radicados en Amalec,
En pos de ti, Benjamín, entre tus pueblos;
De Maquir descendieron príncipes,
Y de Zabulón los que tenían vara de mando.
5:15 Caudillos también de Isacar fueron con Débora;
Y como Barac, también Isacar
Se precipitó a pie en el valle.
Entre las familias de Rubén
Hubo grandes resoluciones del corazón.
5:16 ¿Por qué te quedaste entre los rediles,
Para oír los balidos de los rebaños?
Entre las familias de Rubén
Hubo grandes propósitos del corazón.
5:17 Galaad se quedó al otro lado del Jordán;
Y Dan, ¿por qué se estuvo junto a las naves?
Se mantuvo Aser a la ribera del mar,
Y se quedó en sus puertos.
5:18 El pueblo de Zabulón expuso su vida a la
muerte,
Y Neftalí en las alturas del campo.
5:19 Vinieron reyes y pelearon;
Entonces pelearon los reyes de Canaán,
En Taanac, junto a las aguas de Meguido,
Mas no llevaron ganancia alguna de dinero.
5:20 Desde los cielos pelearon las estrellas;
Desde sus órbitas pelearon contra Sísara.
5:21 Los barrió el torrente de Cisón,
El antiguo torrente, el torrente de Cisón.
Marcha, oh alma mía, con poder.
5:22 Entonces resonaron los cascos de los caballos
Por el galopar, por el galopar de sus valientes.
5:23 Maldecid a Meroz, dijo el ángel de Jehová;
Maldecid severamente a sus moradores,
Porque no vinieron al socorro de Jehová,
Al socorro de Jehová contra los fuertes.
5:24 Bendita sea entre las mujeres Jael,
Mujer de Heber ceneo;
Sobre las mujeres bendita sea en la tienda.
5:25 El pidió agua, y ella le dio leche;
En tazón de nobles le presentó crema.
5:26 Tendió su mano a la estaca,
Y su diestra al mazo de trabajadores,
Y golpeó a Sísara; hirió su cabeza,
Y le horadó, y atravesó sus sienes.
5:27 Cayó encorvado entre sus pies, quedó tendido;
Entre sus pies cayó encorvado;
Donde se encorvó, allí cayó muerto.
5:28 La madre de Sísara se asoma a la ventana,
Y por entre las celosías a voces dice:
¿Por qué tarda su carro en venir?
¿Por qué las ruedas de sus carros se detienen?
5:29 Las más avisadas de sus damas le respondían,
Y aun ella se respondía a sí misma:
5:30 ¿No han hallado botín, y lo están repartiendo?
A cada uno una doncella, o dos;
Las vestiduras de colores para Sísara,
Las vestiduras bordadas de colores;
La ropa de color bordada de ambos lados, para los
jefes de los que tomaron el botín.
5:31 Así perezcan todos tus enemigos, oh Jehová;
Mas los que te aman, sean como el sol cuando sale en
su fuerza.
Y la tierra reposó cuarenta años.
Capítulo 6
Llamamiento de Gedeón
6:1 Los
hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de
Jehová; y Jehová los entregó en mano de Madián por siete
años.
6:2 Y la mano de Madián prevaleció contra Israel. Y los
hijos de Israel, por causa de los madianitas, se
hicieron cuevas en los montes, y cavernas, y lugares
fortificados.
6:3 Pues sucedía que cuando Israel había sembrado,
subían los madianitas y amalecitas y los hijos del
oriente contra ellos; subían y los atacaban.
6:4 Y acampando contra ellos destruían los frutos de la
tierra, hasta llegar a Gaza; y no dejaban qué comer en
Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos.
6:5 Porque subían ellos y sus ganados, y venían con sus
tiendas en grande multitud como langostas; ellos y sus
camellos eran innumerables; así venían a la tierra para
devastarla.
6:6 De este modo empobrecía Israel en gran manera por
causa de Madián; y los hijos de Israel clamaron a
Jehová.
6:7 Y cuando los hijos de Israel clamaron a Jehová, a
causa de los madianitas,
6:8 Jehová envió a los hijos de Israel un varón profeta,
el cual les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Yo
os hice salir de Egipto, y os saqué de la casa de
servidumbre.
6:9 Os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos
los que os afligieron, a los cuales eché de delante de
vosotros, y os di su tierra;
6:10 y os dije: Yo soy Jehová vuestro Dios; no temáis a
los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis;
pero no habéis obedecido a mi voz.
6:11 Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la
encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita;
y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar,
para esconderlo de los madianitas.
6:12 Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo:
Jehová está contigo, varón esforzado y valiente.
6:13 Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová
está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo
esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros
padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de
Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha
entregado en mano de los madianitas.
6:14 Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza,
y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te
envío yo?
6:15 Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué
salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en
Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre.
6:16 Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y
derrotarás a los madianitas como a un solo hombre.
6:17 Y él respondió: Yo te ruego que si he hallado
gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado
conmigo.
6:18 Te ruego que no te vayas de aquí hasta que vuelva a
ti, y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti. Y él
respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas.
6:19 Y entrando Gedeón, preparó un cabrito, y panes sin
levadura de un efa
de harina; y puso la carne en un canastillo, y el caldo
en una olla, y sacándolo se lo presentó debajo de
aquella encina.
6:20 Entonces el ángel de Dios le dijo: Toma la carne y
los panes sin levadura, y ponlos sobre esta peña, y
vierte el caldo. Y él lo hizo así.
6:21 Y extendiendo el ángel de Jehová el báculo que
tenía en su mano, tocó con la punta la carne y los panes
sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió
la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehová
desapareció de su vista.
6:22 Viendo entonces Gedeón que era el ángel de Jehová,
dijo: Ah, Señor Jehová, que he visto al ángel de Jehová
cara a cara.
6:23 Pero Jehová le dijo: Paz a ti; no tengas temor, no
morirás.
6:24 Y edificó allí Gedeón altar a Jehová, y lo llamó
Jehová-salom; el cual permanece hasta hoy en Ofra de los
abiezeritas.
6:25 Aconteció que la misma noche le dijo Jehová: Toma
un toro del hato de tu padre, el segundo toro de siete
años, y derriba el altar de Baal que tu padre tiene, y
corta también la imagen de Asera que está junto a él;
6:26 y edifica altar a Jehová tu Dios en la cumbre de
este peñasco en lugar conveniente; y tomando el segundo
toro, sacrifícalo en holocausto con la madera de la
imagen de Asera que habrás cortado.
6:27 Entonces Gedeón tomó diez hombres de sus siervos, e
hizo como Jehová le dijo. Mas temiendo hacerlo de día,
por la familia de su padre y por los hombres de la
ciudad, lo hizo de noche.
6:28 Por la mañana, cuando los de la ciudad se
levantaron, he aquí que el altar de Baal estaba
derribado, y cortada la imagen de Asera que estaba junto
a él, y el segundo toro había sido ofrecido en
holocausto sobre el altar edificado.
6:29 Y se dijeron unos a otros: ¿Quién ha hecho esto? Y
buscando e inquiriendo, les dijeron: Gedeón hijo de Joás
lo ha hecho. Entonces los hombres de la ciudad dijeron a
Joás:
6:30 Saca a tu hijo para que muera, porque ha derribado
el altar de Baal y ha cortado la imagen de Asera que
estaba junto a él.
6:31 Y Joás respondió a todos los que estaban junto a
él: ¿Contenderéis vosotros por Baal? ¿Defenderéis su
causa? Cualquiera que contienda por él, que muera esta
mañana. Si es un dios, contienda por sí mismo con el que
derribó su altar.
6:32 Aquel día Gedeón fue llamado Jerobaal, esto es:
Contienda Baal contra él, por cuanto derribó su altar.
6:33 Pero todos los madianitas y amalecitas y los del
oriente se juntaron a una, y pasando acamparon en el
valle de Jezreel.
6:34 Entonces el Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón, y
cuando éste tocó el cuerno, los abiezeritas se reunieron
con él.
6:35 Y envió mensajeros por todo Manasés, y ellos
también se juntaron con él; asimismo envió mensajeros a
Aser, a Zabulón y a Neftalí, los cuales salieron a
encontrarles.
6:36 Y Gedeón dijo a Dios: Si has de salvar a Israel por
mi mano, como has dicho,
6:37 he aquí que yo pondré un vellón de lana en la era;
y si el rocío estuviere en el vellón solamente, quedando
seca toda la otra tierra, entonces entenderé que
salvarás a Israel por mi mano, como lo has dicho.
6:38 Y aconteció así, pues cuando se levantó de mañana,
exprimió el vellón y sacó de él el rocío, un tazón lleno
de agua.
6:39 Mas Gedeón dijo a Dios: No se encienda tu ira
contra mí, si aún hablare esta vez; solamente probaré
ahora otra vez con el vellón. Te ruego que solamente el
vellón quede seco, y el rocío sobre la tierra.
6:40 Y aquella noche lo hizo Dios así; sólo el vellón
quedó seco, y en toda la tierra hubo rocío.
Capítulo 7
Gedeón derrota a los madianitas
7:1
Levantándose, pues, de mañana Jerobaal, el cual es
Gedeón, y todo el pueblo que estaba con él, acamparon
junto a la fuente de Harod; y tenía el campamento de los
madianitas al norte, más allá del collado de More, en el
valle.
7:2 Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo
es mucho para que yo entregue a los madianitas en su
mano, no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi
mano me ha salvado.
7:3 Ahora, pues, haz pregonar en oídos del pueblo,
diciendo: Quien tema y se estremezca, madrugue y
devuélvase
desde el monte de Galaad. Y se devolvieron de los del
pueblo veintidós mil, y quedaron diez mil.
7:4 Y Jehová dijo a Gedeón: Aún es mucho el pueblo;
llévalos a las aguas, y allí te los probaré; y del que
yo te diga: Vaya éste contigo, irá contigo; mas de
cualquiera que yo te diga: Este no vaya contigo, el tal
no irá.
7:5 Entonces llevó el pueblo a las aguas; y Jehová dijo
a Gedeón: Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua
como lame el perro, a aquél pondrás aparte; asimismo a
cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para beber.
7:6 Y fue el número de los que lamieron llevando el agua
con la mano a su boca, trescientos hombres; y todo el
resto del pueblo se dobló sobre sus rodillas para beber
las aguas.
7:7 Entonces Jehová dijo a Gedeón: Con estos trescientos
hombres que lamieron el agua os salvaré, y entregaré a
los madianitas en tus manos; y váyase toda la demás
gente cada uno a su lugar.
7:8 Y habiendo tomado provisiones para el pueblo, y sus
trompetas, envió a todos los israelitas cada uno a su
tienda, y retuvo a aquellos trescientos hombres; y tenía
el campamento de Madián abajo en el valle.
7:9 Aconteció que aquella noche Jehová le dijo:
Levántate, y desciende al campamento; porque yo lo he
entregado en tus manos.
7:10 Y si tienes temor de descender, baja tú con Fura tu
criado al campamento,
7:11 y oirás lo que hablan; y entonces tus manos se
esforzarán, y descenderás al campamento. Y él descendió
con Fura su criado hasta los puestos avanzados de la
gente armada que estaba en el campamento.
7:12 Y los madianitas, los amalecitas y los hijos del
oriente estaban tendidos en el valle como langostas en
multitud, y sus camellos eran innumerables como la arena
que está a la ribera del mar en multitud.
7:13 Cuando llegó Gedeón, he aquí que un hombre estaba
contando a su compañero un sueño, diciendo: He aquí yo
soñé un sueño: Veía un pan de cebada que rodaba hasta el
campamento de Madián, y llegó a la tienda, y la golpeó
de tal manera que cayó, y la trastornó de arriba abajo,
y la tienda cayó.
7:14 Y su compañero respondió y dijo: Esto no es otra
cosa sino la espada de Gedeón hijo de Joás, varón de
Israel. Dios ha entregado en sus manos a los madianitas
con todo el campamento.
7:15 Cuando Gedeón oyó el relato del sueño y su
interpretación, adoró; y vuelto al campamento de Israel,
dijo: Levantaos, porque Jehová ha entregado el
campamento de Madián en vuestras manos.
7:16 Y repartiendo los trescientos hombres en tres
escuadrones, dio a todos ellos trompetas en sus manos, y
cántaros vacíos con teas ardiendo dentro de los
cántaros.
7:17 Y les dijo: Miradme a mí, y haced como hago yo; he
aquí que cuando yo llegue al extremo del campamento,
haréis vosotros como hago yo.
7:18 Yo tocaré la trompeta, y todos los que estarán
conmigo; y vosotros tocaréis entonces las trompetas
alrededor de todo el campamento, y diréis: ¡Por Jehová y
por Gedeón!
7:19 Llegaron, pues, Gedeón y los cien hombres que
llevaba consigo, al extremo del campamento, al principio
de la guardia de la medianoche, cuando acababan de
renovar los centinelas; y tocaron las trompetas, y
quebraron los cántaros que llevaban en sus manos.
7:20 Y los tres escuadrones tocaron las trompetas, y
quebrando los cántaros tomaron en la mano izquierda las
teas, y en la derecha las trompetas con que tocaban, y
gritaron: ¡Por la espada de Jehová y de Gedeón!
7:21 Y se estuvieron firmes cada uno en su puesto en
derredor del campamento; entonces todo el ejército echó
a correr dando gritos y huyendo.
7:22 Y los trescientos tocaban las trompetas; y Jehová
puso la espada de cada uno contra su compañero en todo
el campamento. Y el ejército huyó hasta Bet-sita, en
dirección de Zerera, y hasta la frontera de Abel-mehola
en Tabat.
7:23 Y juntándose los de Israel, de Neftalí, de Aser y
de todo Manasés, siguieron a los madianitas.
7:24 Gedeón también envió mensajeros por todo el monte
de Efraín, diciendo: Descended al encuentro de los
madianitas, y tomad los vados de Bet-bara y del Jordán
antes que ellos lleguen. Y juntos todos los hombres de
Efraín, tomaron los vados de Bet-bara y del Jordán.
7:25 Y tomaron a dos príncipes de los madianitas, Oreb y
Zeeb; y mataron a Oreb en la peña de Oreb, y a Zeeb lo
mataron en el lagar de Zeeb; y después que siguieron a
los madianitas, trajeron las cabezas de Oreb y de Zeeb a
Gedeón al otro lado del Jordán.
Capítulo 8
Gedeón captura a los reyes de Madián
8:1 Pero los
hombres de Efraín le dijeron: ¿Qué es esto que has hecho
con nosotros, no llamándonos cuando ibas a la guerra
contra Madián? Y le reconvinieron fuertemente.
8:2 A los cuales él respondió: ¿Qué he hecho yo ahora
comparado con vosotros? ¿No es el rebusco de Efraín
mejor que la vendimia de Abiezer?
8:3 Dios ha entregado en vuestras manos a Oreb y a Zeeb,
príncipes de Madián; ¿y qué he podido yo hacer comparado
con vosotros? Entonces el enojo de ellos contra él se
aplacó, luego que él habló esta palabra.
8:4 Y vino Gedeón al Jordán, y pasó él y los trescientos
hombres que traía consigo, cansados, mas todavía
persiguiendo.
8:5 Y dijo a los de Sucot: Yo os ruego que deis a la
gente que me sigue algunos bocados de pan; porque están
cansados, y yo persigo a Zeba y Zalmuna, reyes de
Madián.
8:6 Y los principales de Sucot respondieron: ¿Están ya
Zeba y Zalmuna en tu mano, para que demos pan a tu
ejército?
8:7 Y Gedeón dijo: Cuando Jehová haya entregado en mi
mano a Zeba y a Zalmuna, yo trillaré vuestra carne con
espinos y abrojos del desierto.
8:8 De allí subió a Peniel, y les dijo las mismas
palabras. Y los de Peniel le respondieron como habían
respondido los de Sucot.
8:9 Y él habló también a los de Peniel, diciendo: Cuando
yo vuelva en paz, derribaré esta torre.
8:10 Y Zeba y Zalmuna estaban en Carcor, y con ellos su
ejército como de quince mil hombres, todos los que
habían quedado de todo el ejército de los hijos del
oriente; pues habían caído ciento veinte mil hombres que
sacaban espada.
8:11 Subiendo, pues, Gedeón por el camino de los que
habitaban en tiendas al oriente de Noba y de Jogbeha,
atacó el campamento, porque el ejército no estaba en
guardia.
8:12 Y huyendo Zeba y Zalmuna, él los siguió; y prendió
a los dos reyes de Madián, Zeba y Zalmuna, y llenó de
espanto a todo el ejército.
8:13 Entonces Gedeón hijo de Joás volvió de la batalla
antes que el sol subiese,
8:14 y tomó a un joven de los hombres de Sucot, y le
preguntó; y él le dio por escrito los nombres de los
principales y de los ancianos de Sucot, setenta y siete
varones.
8:15 Y entrando a los hombres de Sucot, dijo: He aquí a
Zeba y a Zalmuna, acerca de los cuales me zaheristeis,
diciendo: ¿Están ya en tu mano Zeba y Zalmuna, para que
demos nosotros pan a tus hombres cansados?
8:16 Y tomó a los ancianos de la ciudad, y espinos y
abrojos del desierto, y castigó con ellos a los de
Sucot.
8:17 Asimismo derribó la torre de Peniel, y mató a los
de la ciudad.
8:18 Luego dijo a Zeba y a Zalmuna: ¿Qué aspecto tenían
aquellos hombres que matasteis en Tabor? Y ellos
respondieron: Como tú, así eran ellos; cada uno parecía
hijo de rey.
8:19 Y él dijo: Mis hermanos eran, hijos de mi madre.
¡Vive Jehová, que si les hubierais conservado la vida,
yo no os mataría!
8:20 Y dijo a Jeter su primogénito: Levántate, y
mátalos. Pero el joven no desenvainó su espada, porque
tenía temor, pues era aún muchacho.
8:21 Entonces dijeron Zeba y Zalmuna: Levántate tú, y
mátanos; porque como es el varón, tal es su valentía. Y
Gedeón se levantó, y mató a Zeba y a Zalmuna; y tomó los
adornos de lunetas que sus camellos traían al cuello.
8:22 Y los israelitas dijeron a Gedeón: Sé nuestro
señor, tú, y tu hijo, y tu nieto; pues que nos has
librado de mano de Madián.
8:23 Mas Gedeón respondió: No seré señor sobre vosotros,
ni mi hijo os señoreará: Jehová señoreará sobre
vosotros.
8:24 Y les dijo Gedeón: Quiero haceros una petición; que
cada uno me dé los zarcillos de su botín (pues traían
zarcillos de oro, porque eran ismaelitas).
8:25 Ellos respondieron: De buena gana te los daremos. Y
tendiendo un manto, echó allí cada uno los zarcillos de
su botín.
8:26 Y fue el peso de los zarcillos de oro que él pidió,
mil setecientos siclos de oro,
sin las planchas y joyeles y vestidos de púrpura que
traían los reyes de Madián, y sin los collares que
traían sus camellos al cuello.
8:27 Y Gedeón hizo de ellos un efod, el cual hizo
guardar en su ciudad de Ofra; y todo Israel se
prostituyó tras de ese efod en aquel lugar; y fue
tropezadero a Gedeón y a su casa.
8:28 Así fue subyugado Madián delante de los hijos de
Israel, y nunca más volvió a levantar cabeza. Y reposó
la tierra cuarenta años en los días de Gedeón.
8:29 Luego Jerobaal hijo de Joás fue y habitó en su
casa.
8:30 Y tuvo Gedeón setenta hijos que constituyeron su
descendencia, porque tuvo muchas mujeres.
8:31 También su concubina que estaba en Siquem le dio un
hijo, y le puso por nombre Abimelec.
8:32 Y murió Gedeón hijo de Joás en buena vejez, y fue
sepultado en el sepulcro de su padre Joás, en Ofra de
los abiezeritas.
8:33 Pero aconteció que cuando murió Gedeón, los hijos
de Israel volvieron a prostituirse yendo tras los
baales, y escogieron por dios a Baal-berit.
8:34 Y no se acordaron los hijos de Israel de Jehová su
Dios, que los había librado de todos sus enemigos en
derredor;
8:35 ni se mostraron agradecidos con la casa de
Jerobaal, el cual es Gedeón, conforme a todo el bien que
él había hecho a Israel.
Capítulo 9
Reinado de Abimelec
9:1 Abimelec
hijo de Jerobaal fue a Siquem, a los hermanos de su
madre, y habló con ellos, y con toda la familia de la
casa del padre de su madre, diciendo:
9:2 Yo os ruego que digáis en oídos de todos los de
Siquem: ¿Qué os parece mejor, que os gobiernen setenta
hombres, todos los hijos de Jerobaal, o que os gobierne
un solo hombre? Acordaos que yo soy hueso vuestro, y
carne vuestra.
9:3 Y hablaron por él los hermanos de su madre en oídos
de todos los de Siquem todas estas palabras; y el
corazón de ellos se inclinó a favor de Abimelec, porque
decían: Nuestro hermano es.
9:4 Y le dieron setenta siclos de plata
del templo de Baal-berit, con los cuales Abimelec
alquiló hombres ociosos y vagabundos, que le siguieron.
9:5 Y viniendo a la casa de su padre en Ofra, mató a sus
hermanos los hijos de Jerobaal, setenta varones, sobre
una misma piedra; pero quedó Jotam el hijo menor de
Jerobaal, que se escondió.
9:6 Entonces se juntaron todos los de Siquem con toda la
casa de Milo, y fueron y eligieron a Abimelec por rey,
cerca de la llanura del pilar que estaba en Siquem.
9:7 Cuando se lo dijeron a Jotam, fue y se puso en la
cumbre del monte de Gerizim, y alzando su voz clamó y
les dijo: Oídme, varones de Siquem, y así os oiga Dios.
9:8 Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y
dijeron al olivo: Reina sobre nosotros.
9:9 Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con
el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a
ser grande sobre los árboles?
9:10 Y dijeron los árboles a la higuera: Anda tú, reina
sobre nosotros.
9:11 Y respondió la higuera: ¿He de dejar mi dulzura y
mi buen fruto, para ir a ser grande sobre los árboles?
9:12 Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven tú,
reina sobre nosotros.
9:13 Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que
alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande
sobre los árboles?
9:14 Dijeron entonces todos los árboles a la zarza: Anda
tú, reina sobre nosotros.
9:15 Y la zarza respondió a los árboles: Si en verdad me
elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo de
mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a
los cedros del Líbano.
9:16 Ahora, pues, si con verdad y con integridad habéis
procedido en hacer rey a Abimelec, y si habéis actuado
bien con Jerobaal y con su casa, y si le habéis pagado
conforme a la obra de sus manos
9:17 (porque mi padre peleó por vosotros, y expuso su
vida al peligro para libraros de mano de Madián,
9:18 y vosotros os habéis levantado hoy contra la casa
de mi padre, y habéis matado a sus hijos, setenta
varones sobre una misma piedra; y habéis puesto por rey
sobre los de Siquem a Abimelec hijo de su criada, por
cuanto es vuestro hermano);
9:19 si con verdad y con integridad habéis procedido hoy
con Jerobaal y con su casa, que gocéis de Abimelec, y él
goce de vosotros.
9:20 Y si no, fuego salga de Abimelec, que consuma a los
de Siquem y a la casa de Milo, y fuego salga de los de
Siquem y de la casa de Milo, que consuma a Abimelec.
9:21 Y escapó Jotam y huyó, y se fue a Beer, y allí se
estuvo por miedo de Abimelec su hermano.
9:22 Después que Abimelec hubo dominado sobre Israel
tres años,
9:23 envió Dios un mal espíritu entre Abimelec y los
hombres de Siquem, y los de Siquem se levantaron contra
Abimelec;
9:24 para que la violencia hecha a los setenta hijos de
Jerobaal, y la sangre de ellos, recayera sobre Abimelec
su hermano que los mató, y sobre los hombres de Siquem
que fortalecieron las manos de él para matar a sus
hermanos.
9:25 Y los de Siquem pusieron en las cumbres de los
montes asechadores que robaban a todos los que pasaban
junto a ellos por el camino; de lo cual fue dado aviso a
Abimelec.
9:26 Y Gaal hijo de Ebed vino con sus hermanos y se
pasaron a Siquem, y los de Siquem pusieron en él su
confianza.
9:27 Y saliendo al campo, vendimiaron sus viñedos, y
pisaron la uva e hicieron fiesta; y entrando en el
templo de sus dioses, comieron y bebieron, y maldijeron
a Abimelec.
9:28 Y Gaal hijo de Ebed dijo: ¿Quién es Abimelec, y qué
es Siquem, para que nosotros le sirvamos? ¿No es hijo de
Jerobaal, y no es Zebul ayudante suyo? Servid a los
varones de Hamor padre de Siquem; pero ¿por qué le hemos
de servir a él?
9:29 Ojalá estuviera este pueblo bajo mi mano, pues yo
arrojaría luego a Abimelec, y diría a Abimelec: Aumenta
tus ejércitos, y sal.
9:30 Cuando Zebul gobernador de la ciudad oyó las
palabras de Gaal hijo de Ebed, se encendió en ira,
9:31 y envió secretamente mensajeros a Abimelec,
diciendo: He aquí que Gaal hijo de Ebed y sus hermanos
han venido a Siquem, y he aquí que están sublevando la
ciudad contra ti.
9:32 Levántate, pues, ahora de noche, tú y el pueblo que
está contigo, y pon emboscadas en el campo.
9:33 Y por la mañana al salir el sol madruga y cae sobre
la ciudad; y cuando él y el pueblo que está con él
salgan contra ti, tú harás con él según se presente la
ocasión.
9:34 Levantándose, pues, de noche Abimelec y todo el
pueblo que con él estaba, pusieron emboscada contra
Siquem con cuatro compañías.
9:35 Y Gaal hijo de Ebed salió, y se puso a la entrada
de la puerta de la ciudad; y Abimelec y todo el pueblo
que con él estaba, se levantaron de la emboscada.
9:36 Y viendo Gaal al pueblo, dijo a Zebul: He allí
gente que desciende de las cumbres de los montes. Y
Zebul le respondió: Tú ves la sombra de los montes como
si fueran hombres.
9:37 Volvió Gaal a hablar, y dijo: He allí gente que
desciende de en medio de la tierra, y una tropa viene
por el camino de la encina de los adivinos.
9:38 Y Zebul le respondió: ¿Dónde está ahora tu boca con
que decías: ¿Quién es Abimelec para que le sirvamos? ¿No
es este el pueblo que tenías en poco? Sal pues, ahora, y
pelea con él.
9:39 Y Gaal salió delante de los de Siquem, y peleó
contra Abimelec.
9:40 Mas lo persiguió Abimelec, y Gaal huyó delante de
él; y cayeron heridos muchos hasta la entrada de la
puerta.
9:41 Y Abimelec se quedó en Aruma; y Zebul echó fuera a
Gaal y a sus hermanos, para que no morasen en Siquem.
9:42 Aconteció el siguiente día, que el pueblo salió al
campo; y fue dado aviso a Abimelec,
9:43 el cual, tomando gente, la repartió en tres
compañías, y puso emboscadas en el campo; y cuando miró,
he aquí el pueblo que salía de la ciudad; y se levantó
contra ellos y los atacó.
9:44 Porque Abimelec y la compañía que estaba con él
acometieron con ímpetu, y se detuvieron a la entrada de
la puerta de la ciudad, y las otras dos compañías
acometieron a todos los que estaban en el campo, y los
mataron.
9:45 Y Abimelec peleó contra la ciudad todo aquel día, y
tomó la ciudad, y mató al pueblo que en ella estaba; y
asoló la ciudad, y la sembró de sal.
9:46 Cuando oyeron esto todos los que estaban en la
torre de Siquem, se metieron en la fortaleza del templo
del dios Berit.
9:47 Y fue dado aviso a Abimelec, de que estaban
reunidos todos los hombres de la torre de Siquem.
9:48 Entonces subió Abimelec al monte de Salmón, él y
toda la gente que con él estaba; y tomó Abimelec un
hacha en su mano, y cortó una rama de los árboles, y
levantándola se la puso sobre sus hombros, diciendo al
pueblo que estaba con él: Lo que me habéis visto hacer,
apresuraos a hacerlo como yo.
9:49 Y todo el pueblo cortó también cada uno su rama, y
siguieron a Abimelec, y las pusieron junto a la
fortaleza, y prendieron fuego con ellas a la fortaleza,
de modo que todos los de la torre de Siquem murieron,
como unos mil hombres y mujeres.
9:50 Después Abimelec se fue a Tebes, y puso sitio a
Tebes, y la tomó.
9:51 En medio de aquella ciudad había una torre
fortificada, a la cual se retiraron todos los hombres y
las mujeres, y todos los señores de la ciudad; y
cerrando tras sí las puertas, se subieron al techo de la
torre.
9:52 Y vino Abimelec a la torre, y combatiéndola, llegó
hasta la puerta de la torre para prenderle fuego.
9:53 Mas una mujer dejó caer un pedazo de una rueda de
molino sobre la cabeza de Abimelec, y le rompió el
cráneo.
9:54 Entonces llamó apresuradamente a su escudero, y le
dijo: Saca tu espada y mátame, para que no se diga de
mí: Una mujer lo mató. Y su escudero le atravesó, y
murió.
9:55 Y cuando los israelitas vieron muerto a Abimelec,
se fueron cada uno a su casa.
9:56 Así pagó Dios a Abimelec el mal que hizo contra su
padre, matando a sus setenta hermanos.
9:57 Y todo el mal de los hombres de Siquem lo hizo Dios
volver sobre sus cabezas, y vino sobre ellos la
maldición de Jotam hijo de Jerobaal.
Capítulo 10
Tola y Jair juzgan a Israel
10:1 Después
de Abimelec, se levantó para librar a Israel Tola hijo
de Fúa, hijo de Dodo, varón de Isacar, el cual habitaba
en Samir en el monte de Efraín.
10:2 Y juzgó a Israel veintitrés años; y murió, y fue
sepultado en Samir.
10:3 Tras él se levantó Jair galaadita, el cual juzgó a
Israel veintidós años.
10:4 Este tuvo treinta hijos, que cabalgaban sobre
treinta asnos; y tenían treinta ciudades, que se llaman
las ciudades de Jair hasta hoy, las cuales están en la
tierra de Galaad.
10:5 Y murió Jair, y fue sepultado en Camón.
Jefté
liberta a Israel de los amonitas
10:6 Pero
los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los
ojos de Jehová, y sirvieron a los baales y a Astarot, a
los dioses de Siria, a los dioses de Sidón, a los dioses
de Moab, a los dioses de los hijos de Amón y a los
dioses de los filisteos; y dejaron a Jehová, y no le
sirvieron.
10:7 Y se encendió la ira de Jehová contra Israel, y los
entregó en mano de los filisteos, y en mano de los hijos
de Amón;
10:8 los cuales oprimieron y quebrantaron a los hijos de
Israel en aquel tiempo dieciocho años, a todos los hijos
de Israel que estaban al otro lado del Jordán en la
tierra del amorreo, que está en Galaad.
10:9 Y los hijos de Amón pasaron el Jordán para hacer
también guerra contra Judá y contra Benjamín y la casa
de Efraín, y fue afligido Israel en gran manera.
10:10 Entonces los hijos de Israel clamaron a Jehová,
diciendo: Nosotros hemos pecado contra ti; porque hemos
dejado a nuestro Dios, y servido a los baales.
10:11 Y Jehová respondió a los hijos de Israel: ¿No
habéis sido oprimidos de Egipto, de los amorreos, de los
amonitas, de los filisteos,
10:12 de los de Sidón, de Amalec y de Maón, y clamando a
mí no os libré de sus manos?
10:13 Mas vosotros me habéis dejado, y habéis servido a
dioses ajenos; por tanto, yo no os libraré más.
10:14 Andad y clamad a los dioses que os habéis elegido;
que os libren ellos en el tiempo de vuestra aflicción.
10:15 Y los hijos de Israel respondieron a Jehová: Hemos
pecado; haz tú con nosotros como bien te parezca; sólo
te rogamos que nos libres en este día.
10:16 Y quitaron de entre sí los dioses ajenos, y
sirvieron a Jehová; y él fue angustiado a causa de la
aflicción de Israel.
10:17 Entonces se juntaron los hijos de Amón, y
acamparon en Galaad; se juntaron asimismo los hijos de
Israel, y acamparon en Mizpa.
10:18 Y los príncipes y el pueblo de Galaad dijeron el
uno al otro: ¿Quién comenzará la batalla contra los
hijos de Amón? Será caudillo sobre todos los que habitan
en Galaad.
Capítulo 11
11:1 Jefté
galaadita era esforzado y valeroso; era hijo de una
mujer ramera, y el padre de Jefté era Galaad.
11:2 Pero la mujer de Galaad le dio hijos, los cuales,
cuando crecieron, echaron fuera a Jefté, diciéndole: No
heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres hijo
de otra mujer.
11:3 Huyó, pues, Jefté de sus hermanos, y habitó en
tierra de Tob; y se juntaron con él hombres ociosos, los
cuales salían con él.
11:4 Aconteció andando el tiempo, que los hijos de Amón
hicieron guerra contra Israel.
11:5 Y cuando los hijos de Amón hicieron guerra contra
Israel, los ancianos de Galaad fueron a traer a Jefté de
la tierra de Tob;
11:6 y dijeron a Jefté: Ven, y serás nuestro jefe, para
que peleemos contra los hijos de Amón.
11:7 Jefté respondió a los ancianos de Galaad: ¿No me
aborrecisteis vosotros, y me echasteis de la casa de mi
padre? ¿Por qué, pues, venís ahora a mí cuando estáis en
aflicción?
11:8 Y los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: Por
esta misma causa volvemos ahora a ti, para que vengas
con nosotros y pelees contra los hijos de Amón, y seas
caudillo de todos los que moramos en Galaad.
11:9 Jefté entonces dijo a los ancianos de Galaad: Si me
hacéis volver para que pelee contra los hijos de Amón, y
Jehová los entregare delante de mí, ¿seré yo vuestro
caudillo?
11:10 Y los ancianos de Galaad respondieron a Jefté:
Jehová sea testigo entre nosotros, si no hiciéremos como
tú dices.
11:11 Entonces Jefté vino con los ancianos de Galaad, y
el pueblo lo eligió por su caudillo y jefe; y Jefté
habló todas sus palabras delante de Jehová en Mizpa.
11:12 Y envió Jefté mensajeros al rey de los amonitas,
diciendo: ¿Qué tienes tú conmigo, que has venido a mí
para hacer guerra contra mi tierra?
11:13 El rey de los amonitas respondió a los mensajeros
de Jefté: Por cuanto Israel tomó mi tierra, cuando subió
de Egipto, desde Arnón hasta Jaboc y el Jordán; ahora,
pues, devuélvela en paz.
11:14 Y Jefté volvió a enviar otros mensajeros al rey de
los amonitas,
11:15 para decirle: Jefté ha dicho así: Israel no tomó
tierra de Moab, ni tierra de los hijos de Amón.
11:16 Porque cuando Israel subió de Egipto, anduvo por
el desierto hasta el Mar Rojo, y llegó a Cades.
11:17 Entonces Israel envió mensajeros al rey de Edom,
diciendo: Yo te ruego que me dejes pasar por tu tierra;
pero el rey de Edom no los escuchó.
Envió también al rey de Moab, el cual tampoco quiso; se
quedó, por tanto, Israel en Cades.
11:18 Después, yendo por el desierto, rodeó la tierra de
Edom
y la tierra de Moab, y viniendo por el lado oriental de
la tierra de Moab, acampó al otro lado de Arnón, y no
entró en territorio de Moab; porque Arnón es territorio
de Moab.
11:19 Y envió Israel mensajeros a Sehón rey de los
amorreos, rey de Hesbón, diciéndole: Te ruego que me
dejes pasar por tu tierra hasta mi lugar.
11:20 Mas Sehón no se fio de Israel para darle paso por
su territorio, sino que reuniendo Sehón toda su gente,
acampó en Jahaza, y peleó contra Israel.
11:21 Pero Jehová Dios de Israel entregó a Sehón y a
todo su pueblo en mano de Israel, y los derrotó; y se
apoderó Israel de toda la tierra de los amorreos que
habitaban en aquel país.
11:22 Se apoderaron también de todo el territorio del
amorreo desde Arnón hasta Jaboc, y desde el desierto
hasta el Jordán.
11:23 Así que, lo que Jehová Dios de Israel desposeyó al
amorreo delante de su pueblo Israel, ¿pretendes tú
apoderarte de él?
11:24 Lo que te hiciere poseer Quemos tu dios, ¿no lo
poseerías tú? Así, todo lo que desposeyó Jehová nuestro
Dios delante de nosotros, nosotros lo poseeremos.
11:25 ¿Eres tú ahora mejor en algo que Balac hijo de
Zipor, rey de Moab?
¿Tuvo él cuestión contra Israel, o hizo guerra contra
ellos?
11:26 Cuando Israel ha estado habitando por trescientos
años a Hesbón y sus aldeas, a Aroer y sus aldeas, y
todas las ciudades que están en el territorio de Arnón,
¿por qué no las habéis recobrado en ese tiempo?
11:27 Así que, yo nada he pecado contra ti, mas tú haces
mal conmigo peleando contra mí. Jehová, que es el juez,
juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de
Amón.
11:28 Mas el rey de los hijos de Amón no atendió a las
razones que Jefté le envió.
11:29 Y el Espíritu de Jehová vino sobre Jefté; y pasó
por Galaad y Manasés, y de allí pasó a Mizpa de Galaad,
y de Mizpa de Galaad pasó a los hijos de Amón.
11:30 Y Jefté hizo voto a Jehová, diciendo: Si
entregares a los amonitas en mis manos,
11:31 cualquiera que saliere de las puertas de mi casa a
recibirme, cuando regrese victorioso de los amonitas,
será de Jehová, y lo ofreceré en holocausto.
11:32 Y fue Jefté hacia los hijos de Amón para pelear
contra ellos; y Jehová los entregó en su mano.
11:33 Y desde Aroer hasta llegar a Minit, veinte
ciudades, y hasta la vega de las viñas, los derrotó con
muy grande estrago. Así fueron sometidos los amonitas
por los hijos de Israel.
11:34 Entonces volvió Jefté a Mizpa, a su casa; y he
aquí su hija que salía a recibirle con panderos y
danzas, y ella era sola, su hija única; no tenía fuera
de ella hijo ni hija.
11:35 Y cuando él la vio, rompió sus vestidos, diciendo:
¡Ay, hija mía! en verdad me has abatido, y tú misma has
venido a ser causa de mi dolor; porque le he dado
palabra a Jehová, y no podré retractarme.
11:36 Ella entonces le respondió: Padre mío, si le has
dado palabra a Jehová, haz de mí conforme a lo que
prometiste, ya que Jehová ha hecho venganza en tus
enemigos los hijos de Amón.
11:37 Y volvió a decir a su padre: Concédeme esto:
déjame por dos meses que vaya y descienda por los
montes, y llore mi virginidad, yo y mis compañeras.
11:38 El entonces dijo: Ve. Y la dejó por dos meses. Y
ella fue con sus compañeras, y lloró su virginidad por
los montes.
11:39 Pasados los dos meses volvió a su padre, quien
hizo de ella conforme al voto que había hecho. Y ella
nunca conoció varón.
11:40 Y se hizo costumbre en Israel, que de año en año
fueran las doncellas de Israel a endechar a la hija de
Jefté galaadita, cuatro días en el año.
Capítulo 12
12:1
Entonces se reunieron los varones de Efraín, y pasaron
hacia el norte, y dijeron a Jefté: ¿Por qué fuiste a
hacer guerra contra los hijos de Amón, y no nos llamaste
para que fuéramos contigo? Nosotros quemaremos tu casa
contigo.
12:2 Y Jefté les respondió: Yo y mi pueblo teníamos una
gran contienda con los hijos de Amón, y os llamé, y no
me defendisteis de su mano.
12:3 Viendo, pues, que no me defendíais, arriesgué mi
vida, y pasé contra los hijos de Amón, y Jehová me los
entregó; ¿por qué, pues, habéis subido hoy contra mí
para pelear conmigo?
12:4 Entonces reunió Jefté a todos los varones de
Galaad, y peleó contra Efraín; y los de Galaad
derrotaron a Efraín, porque habían dicho: Vosotros sois
fugitivos de Efraín, vosotros los galaaditas, en medio
de Efraín y de Manasés.
12:5 Y los galaaditas tomaron los vados del Jordán a los
de Efraín; y aconteció que cuando decían los fugitivos
de Efraín: Quiero pasar, los de Galaad les preguntaban:
¿Eres tú efrateo? Si él respondía: No,
12:6 entonces le decían: Ahora, pues, di Shibolet. Y él
decía Sibolet; porque no podía pronunciarlo
correctamente. Entonces le echaban mano, y le degollaban
junto a los vados del Jordán. Y murieron entonces de los
de Efraín cuarenta y dos mil.
12:7 Y Jefté juzgó a Israel seis años; y murió Jefté
galaadita, y fue sepultado en una de las ciudades de
Galaad.
Ibzán,
Elón y Abdón, jueces de Israel
12:8
Después de él juzgó a Israel Ibzán de Belén,
12:9 el cual tuvo treinta hijos y treinta hijas, las
cuales casó fuera, y tomó de fuera treinta hijas para
sus hijos; y juzgó a Israel siete años.
12:10 Y murió Ibzán, y fue sepultado en Belén.
12:11 Después de él juzgó a Israel Elón zabulonita, el
cual juzgó a Israel diez años.
12:12 Y murió Elón zabulonita, y fue sepultado en Ajalón
en la tierra de Zabulón.
12:13 Después de él juzgó a Israel Abdón hijo de Hilel,
piratonita.
12:14 Este tuvo cuarenta hijos y treinta nietos, que
cabalgaban sobre setenta asnos; y juzgó a Israel ocho
años.
12:15 Y murió Abdón hijo de Hilel piratonita, y fue
sepultado en Piratón, en la tierra de Efraín, en el
monte de Amalec.
Capítulo 13
Nacimiento de Sansón
13:1 Los
hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos
de Jehová; y Jehová los entregó en mano de los filisteos
por cuarenta años.
13:2 Y había un hombre de Zora, de la tribu de Dan, el
cual se llamaba Manoa; y su mujer era estéril, y nunca
había tenido hijos.
13:3 A esta mujer apareció el ángel de Jehová, y le
dijo: He aquí que tú eres estéril, y nunca has tenido
hijos; pero concebirás y darás a luz un hijo.
13:4 Ahora, pues, no bebas vino ni sidra, ni comas cosa
inmunda.
13:5 Pues he aquí que concebirás y darás a luz un hijo;
y navaja no pasará sobre su cabeza, porque el niño será
nazareo
a Dios desde su nacimiento, y él comenzará a salvar a
Israel de mano de los filisteos.
13:6 Y la mujer vino y se lo contó a su marido,
diciendo: Un varón de Dios vino a mí, cuyo aspecto era
como el aspecto de un ángel de Dios, temible en gran
manera; y no le pregunté de dónde ni quién era, ni
tampoco él me dijo su nombre.
13:7 Y me dijo: He aquí que tú concebirás, y darás a luz
un hijo; por tanto, ahora no bebas vino, ni sidra, ni
comas cosa inmunda, porque este niño será nazareo a Dios
desde su nacimiento hasta el día de su muerte.
13:8 Entonces oró Manoa a Jehová, y dijo: Ah, Señor mío,
yo te ruego que aquel varón de Dios que enviaste, vuelva
ahora a venir a nosotros, y nos enseñe lo que hayamos de
hacer con el niño que ha de nacer.
13:9 Y Dios oyó la voz de Manoa; y el ángel de Dios
volvió otra vez a la mujer, estando ella en el campo;
mas su marido Manoa no estaba con ella.
13:10 Y la mujer corrió prontamente a avisarle a su
marido, diciéndole: Mira que se me ha aparecido aquel
varón que vino a mí el otro día.
13:11 Y se levantó Manoa, y siguió a su mujer; y vino al
varón y le dijo: ¿Eres tú aquel varón que habló a la
mujer? Y él dijo: Yo soy.
13:12 Entonces Manoa dijo: Cuando tus palabras se
cumplan, ¿cómo debe ser la manera de vivir del niño, y
qué debemos hacer con él?
13:13 Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: La mujer
se guardará de todas las cosas que yo le dije.
13:14 No tomará nada que proceda de la vid; no beberá
vino ni sidra, y no comerá cosa inmunda; guardará todo
lo que le mandé.
13:15 Entonces Manoa dijo al ángel de Jehová: Te ruego
nos permitas detenerte, y te prepararemos un cabrito.
13:16 Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: Aunque me
detengas, no comeré de tu pan; mas si quieres hacer
holocausto, ofrécelo a Jehová. Y no sabía Manoa que
aquél fuese ángel de Jehová.
13:17 Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cuál es
tu nombre, para que cuando se cumpla tu palabra te
honremos?
13:18 Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas
por mi nombre, que es admirable?
13:19 Y Manoa tomó un cabrito y una ofrenda, y los
ofreció sobre una peña a Jehová; y el ángel hizo milagro
ante los ojos de Manoa y de su mujer.
13:20 Porque aconteció que cuando la llama subía del
altar hacia el cielo, el ángel de Jehová subió en la
llama del altar ante los ojos de Manoa y de su mujer,
los cuales se postraron en tierra.
13:21 Y el ángel de Jehová no volvió a aparecer a Manoa
ni a su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel
de Jehová.
13:22 Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos,
porque a Dios hemos visto.
13:23 Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera
matar, no aceptaría de nuestras manos el holocausto y la
ofrenda, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni
ahora nos habría anunciado esto.
13:24 Y la mujer dio a luz un hijo, y le puso por nombre
Sansón. Y el niño creció, y Jehová lo bendijo.
13:25 Y el Espíritu de Jehová comenzó a manifestarse en
él en los campamentos de Dan, entre Zora y Estaol.
Capítulo 14
Sansón y la mujer filistea de Timnat
14:1
Descendió Sansón a Timnat, y vio en Timnat a una mujer
de las hijas de los filisteos.
14:2 Y subió, y lo declaró a su padre y a su madre,
diciendo: Yo he visto en Timnat una mujer de las hijas
de los filisteos; os ruego que me la toméis por mujer.
14:3 Y su padre y su madre le dijeron: ¿No hay mujer
entre las hijas de tus hermanos, ni en todo nuestro
pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos
incircuncisos? Y Sansón respondió a su padre: Tómame
ésta por mujer, porque ella me agrada.
14:4 Mas su padre y su madre no sabían que esto venía de
Jehová, porque él buscaba ocasión contra los filisteos;
pues en aquel tiempo los filisteos dominaban sobre
Israel.
14:5 Y Sansón descendió con su padre y con su madre a
Timnat; y cuando llegaron a las viñas de Timnat, he aquí
un león joven que venía rugiendo hacia él.
14:6 Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien
despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin
tener nada en su mano; y no declaró ni a su padre ni a
su madre lo que había hecho.
14:7 Descendió, pues, y habló a la mujer; y ella agradó
a Sansón.
14:8 Y volviendo después de algunos días para tomarla,
se apartó del camino para ver el cuerpo muerto del león;
y he aquí que en el cuerpo del león había un enjambre de
abejas, y un panal de miel.
14:9 Y tomándolo en sus manos, se fue comiéndolo por el
camino; y cuando alcanzó a su padre y a su madre, les
dio también a ellos que comiesen; mas no les descubrió
que había tomado aquella miel del cuerpo del león.
14:10 Vino, pues, su padre adonde estaba la mujer, y
Sansón hizo allí banquete; porque así solían hacer los
jóvenes.
14:11 Y aconteció que cuando ellos le vieron, tomaron
treinta compañeros para que estuviesen con él.
14:12 Y Sansón les dijo: Yo os propondré ahora un
enigma, y si en los siete días del banquete me lo
declaráis y descifráis, yo os daré treinta vestidos de
lino y treinta vestidos de fiesta.
14:13 Mas si no me lo podéis declarar, entonces vosotros
me daréis a mí los treinta vestidos de lino y los
vestidos de fiesta. Y ellos respondieron: Propón tu
enigma, y lo oiremos.
14:14 Entonces les dijo:
Del devorador salió comida,
Y del fuerte salió dulzura.
Y ellos no pudieron declararle el enigma en tres días.
14:15 Al séptimo día dijeron a la mujer de Sansón:
Induce a tu marido a que nos declare este enigma, para
que no te quememos a ti y a la casa de tu padre. ¿Nos
habéis llamado aquí para despojarnos?
14:16 Y lloró la mujer de Sansón en presencia de él, y
dijo: Solamente me aborreces, y no me amas, pues no me
declaras el enigma que propusiste a los hijos de mi
pueblo. Y él respondió: He aquí que ni a mi padre ni a
mi madre lo he declarado, ¿y te lo había de declarar a
ti?
14:17 Y ella lloró en presencia de él los siete días que
ellos tuvieron banquete; mas al séptimo día él se lo
declaró, porque le presionaba; y ella lo declaró a los
hijos de su pueblo.
14:18 Al séptimo día, antes que el sol se pusiese, los
de la ciudad le dijeron:
¿Qué cosa más dulce que la miel?
¿Y qué cosa más fuerte que el león?
Y él les respondió:
Si no araseis con mi novilla,
Nunca hubierais descubierto mi enigma.
14:19 Y el Espíritu de Jehová vino sobre él, y descendió
a Ascalón y mató a treinta hombres de ellos; y tomando
sus despojos, dio las mudas de vestidos a los que habían
explicado el enigma; y encendido en enojo se volvió a la
casa de su padre.
14:20 Y la mujer de Sansón fue dada a su compañero, al
cual él había tratado como su amigo.
Capítulo 15
15:1
Aconteció después de algún tiempo, que en los días de la
siega del trigo Sansón visitó a su mujer con un cabrito,
diciendo: Entraré a mi mujer en el aposento. Mas el
padre de ella no lo dejó entrar.
15:2 Y dijo el padre de ella: Me persuadí de que la
aborrecías, y la di a tu compañero. Mas su hermana
menor, ¿no es más hermosa que ella? Tómala, pues, en su
lugar.
15:3 Entonces le dijo Sansón: Sin culpa seré esta vez
respecto de los filisteos, si mal les hiciere.
15:4 Y fue Sansón y cazó trescientas zorras, y tomó
teas, y juntó cola con cola, y puso una tea entre cada
dos colas.
15:5 Después, encendiendo las teas, soltó las zorras en
los sembrados de los filisteos, y quemó las mieses
amontonadas y en pie, viñas y olivares.
15:6 Y dijeron los filisteos: ¿Quién hizo esto? Y les
contestaron: Sansón, el yerno del timnateo, porque le
quitó su mujer y la dio a su compañero. Y vinieron los
filisteos y la quemaron a ella y a su padre.
15:7 Entonces Sansón les dijo: Ya que así habéis hecho,
juro que me vengaré de vosotros, y después desistiré.
15:8 Y los hirió cadera y muslo con gran mortandad; y
descendió y habitó en la cueva de la peña de Etam.
Sansón
derrota a los filisteos en Lehi
15:9
Entonces los filisteos subieron y acamparon en Judá, y
se extendieron por Lehi.
15:10 Y los varones de Judá les dijeron: ¿Por qué habéis
subido contra nosotros? Y ellos respondieron: A prender
a Sansón hemos subido, para hacerle como él nos ha
hecho.
15:11 Y vinieron tres mil hombres de Judá a la cueva de
la peña de Etam, y dijeron a Sansón: ¿No sabes tú que
los filisteos dominan sobre nosotros? ¿Por qué nos has
hecho esto? Y él les respondió: Yo les he hecho como
ellos me hicieron.
15:12 Ellos entonces le dijeron: Nosotros hemos venido
para prenderte y entregarte en mano de los filisteos. Y
Sansón les respondió: Juradme que vosotros no me
mataréis.
15:13 Y ellos le respondieron, diciendo: No; solamente
te prenderemos, y te entregaremos en sus manos; mas no
te mataremos. Entonces le ataron con dos cuerdas nuevas,
y le hicieron venir de la peña.
15:14 Y así que vino hasta Lehi, los filisteos salieron
gritando a su encuentro; pero el Espíritu de Jehová vino
sobre él, y las cuerdas que estaban en sus brazos se
volvieron como lino quemado con fuego, y las ataduras se
cayeron de sus manos.
15:15 Y hallando una quijada de asno fresca aún,
extendió la mano y la tomó, y mató con ella a mil
hombres.
15:16 Entonces Sansón dijo:
Con la quijada de un asno, un montón, dos montones;
Con la quijada de un asno maté a mil hombres.
15:17 Y acabando de hablar, arrojó de su mano la
quijada, y llamó a aquel lugar Ramat-lehi.
15:18 Y teniendo gran sed, clamó luego a Jehová, y dijo:
Tú has dado esta grande salvación por mano de tu siervo;
¿y moriré yo ahora de sed, y caeré en mano de los
incircuncisos?
15:19 Entonces abrió Dios la cuenca que hay en Lehi; y
salió de allí agua, y él bebió, y recobró su espíritu, y
se reanimó. Por esto llamó el nombre de aquel lugar,
En-hacore, el cual está en Lehi, hasta hoy.
15:20 Y juzgó a Israel en los días de los filisteos
veinte años.
Capítulo 16
Sansón en Gaza
16:1 Fue
Sansón a Gaza, y vio allí a una mujer ramera, y se llegó
a ella.
16:2 Y fue dicho a los de Gaza: Sansón ha venido acá. Y
lo rodearon, y acecharon toda aquella noche a la puerta
de la ciudad; y estuvieron callados toda aquella noche,
diciendo: Hasta la luz de la mañana; entonces lo
mataremos.
16:3 Mas Sansón durmió hasta la medianoche; y a la
medianoche se levantó, y tomando las puertas de la
ciudad con sus dos pilares y su cerrojo, se las echó al
hombro, y se fue y las subió a la cumbre del monte que
está delante de Hebrón.
Sansón y
Dalila
16:4
Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer en
el valle de Sorec, la cual se llamaba Dalila.
16:5 Y vinieron a ella los príncipes de los filisteos, y
le dijeron: Engáñale e infórmate en qué consiste su gran
fuerza, y cómo lo podríamos vencer, para que lo atemos y
lo dominemos; y cada uno de nosotros te dará mil cien
siclos de plata.
16:6 Y Dalila dijo a Sansón: Yo te ruego que me declares
en qué consiste tu gran fuerza, y cómo podrás ser atado
para ser dominado.
16:7 Y le respondió Sansón: Si me ataren con siete
mimbres verdes que aún no estén enjutos, entonces me
debilitaré y seré como cualquiera de los hombres.
16:8 Y los príncipes de los filisteos le trajeron siete
mimbres verdes que aún no estaban enjutos, y ella le ató
con ellos.
16:9 Y ella tenía hombres en acecho en el aposento.
Entonces ella le dijo: ¡Sansón, los filisteos contra ti!
Y él rompió los mimbres, como se rompe una cuerda de
estopa cuando toca el fuego; y no se supo el secreto de
su fuerza.
16:10 Entonces Dalila dijo a Sansón: He aquí tú me has
engañado, y me has dicho mentiras; descúbreme, pues,
ahora, te ruego, cómo podrás ser atado.
16:11 Y él le dijo: Si me ataren fuertemente con cuerdas
nuevas que no se hayan usado, yo me debilitaré, y seré
como cualquiera de los hombres.
16:12 Y Dalila tomó cuerdas nuevas, y le ató con ellas,
y le dijo: ¡Sansón, los filisteos sobre ti! Y los espías
estaban en el aposento. Mas él las rompió de sus brazos
como un hilo.
16:13 Y Dalila dijo a Sansón: Hasta ahora me engañas, y
tratas conmigo con mentiras. Descúbreme, pues, ahora,
cómo podrás ser atado. El entonces le dijo: Si tejieres
siete guedejas de mi cabeza con la tela y las asegurares
con la estaca.
16:14 Y ella las aseguró con la estaca, y le dijo:
¡Sansón, los filisteos sobre ti! Mas despertando él de
su sueño, arrancó la estaca del telar con la tela.
16:15 Y ella le dijo: ¿Cómo dices: Yo te amo, cuando tu
corazón no está conmigo? Ya me has engañado tres veces,
y no me has descubierto aún en qué consiste tu gran
fuerza.
16:16 Y aconteció que, presionándole ella cada día con
sus palabras e importunándole, su alma fue reducida a
mortal angustia.
16:17 Le descubrió, pues, todo su corazón, y le djio:
Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy nazareo de
Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi
fuerza se apartará de mí, y me debilitaré y seré como
todos los hombres.
16:18 Viendo Dalila que él le había descubierto todo su
corazón, envió a llamar a los principales de los
filisteos, diciendo: Venid esta vez, porque él me ha
descubierto todo su corazón. Y los principales de los
filisteos vinieron a ella, trayendo en su mano el
dinero.
16:19 Y ella hizo que él se durmiese sobre sus rodillas,
y llamó a un hombre, quien le rapó las siete guedejas de
su cabeza; y ella comenzó a afligirlo, pues su fuerza se
apartó de él.
16:20 Y le dijo: ¡Sansón, los filisteos sobre ti! Y
luego que despertó él de su sueño, se dijo: Esta vez
saldré como las otras y me escaparé. Pero él no sabía
que Jehová ya se había apartado de él.
16:21 Mas los filisteos le echaron mano, y le sacaron
los ojos, y le llevaron a Gaza; y le ataron con cadenas
para que moliese en la cárcel.
16:22 Y el cabello de su cabeza comenzó a crecer,
después que fue rapado.
Muerte de
Sansón
16:23
Entonces los principales de los filisteos se juntaron
para ofrecer sacrificio a Dagón su dios y para
alegrarse; y dijeron: Nuestro dios entregó en nuestras
manos a Sansón nuestro enemigo.
16:24 Y viéndolo el pueblo, alabaron a su dios,
diciendo: Nuestro dios entregó en nuestras manos a
nuestro enemigo, y al destruidor de nuestra tierra, el
cual había dado muerte a muchos de nosotros.
16:25 Y aconteció que cuando sintieron alegría en su
corazón, dijeron: Llamad a Sansón, para que nos
divierta. Y llamaron a Sansón de la cárcel, y sirvió de
juguete delante de ellos; y lo pusieron entre las
columnas.
16:26 Entonces Sansón dijo al joven que le guiaba de la
mano: Acércame, y hazme palpar las columnas sobre las
que descansa la casa, para que me apoye sobre ellas.
16:27 Y la casa estaba llena de hombres y mujeres, y
todos los principales de los filisteos estaban allí; y
en el piso alto había como tres mil hombres y mujeres,
que estaban mirando el escarnio de Sansón.
16:28 Entonces clamó Sansón a Jehová, y dijo: Señor
Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego,
solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome
venganza de los filisteos por mis dos ojos.
16:29 Asió luego Sansón las dos columnas de en medio,
sobre las que descansaba la casa, y echó todo su peso
sobre ellas, su mano derecha sobre una y su mano
izquierda sobre la otra.
16:30 Y dijo Sansón: Muera yo con los filisteos.
Entonces se inclinó con toda su fuerza, y cayó la casa
sobre los principales, y sobre todo el pueblo que estaba
en ella. Y los que mató al morir fueron muchos más que
los que había matado durante su vida.
16:31 Y descendieron sus hermanos y toda la casa de su
padre, y le tomaron, y le llevaron, y le sepultaron
entre Zora y Estaol, en el sepulcro de su padre Manoa. Y
él juzgó a Israel veinte años.
Capítulo 17
Las
imágenes y el sacerdote de Micaía
17:1 Hubo un
hombre del monte de Efraín, que se llamaba Micaía,
17:2 el cual dijo a su madre: Los mil cien siclos de
plata
que te fueron hurtados, acerca de los cuales maldijiste,
y de los cuales me hablaste, he aquí el dinero está en
mi poder; yo lo tomé. Entonces la madre dijo: Bendito
seas de Jehová, hijo mío.
17:3 Y él devolvió los mil cien siclos de plata
a su madre; y su madre dijo: En verdad he dedicado el
dinero a Jehová por mi hijo, para hacer una imagen de
talla y una de fundición; ahora, pues, yo te lo
devuelvo.
17:4 Mas él devolvió el dinero a su madre, y tomó su
madre doscientos siclos de plata
y los dio al fundidor, quien hizo de ellos una imagen de
talla y una de fundición, la cual fue puesta en la casa
de Micaía.
17:5 Y este hombre Micaía tuvo casa de dioses, e hizo
efod y terafines, y consagró a uno de sus hijos para que
fuera su sacerdote.
17:6 En aquellos días no había rey en Israel; cada uno
hacía lo que bien le parecía.
17:7 Y había un joven de Belén de Judá, de la tribu de
Judá, el cual era levita, y forastero allí.
17:8 Este hombre partió de la ciudad de Belén de Judá
para ir a vivir donde pudiera encontrar lugar; y
llegando en su camino al monte de Efraín, vino a casa de
Micaía.
17:9 Y Micaía le dijo: ¿De dónde vienes? Y el levita le
respondió: Soy de Belén de Judá, y voy a vivir donde
pueda encontrar lugar.
17:10 Entonces Micaía le dijo: Quédate en mi casa, y
serás para mí padre y sacerdote; y yo te daré diez
siclos de plata
por año, vestidos y comida. Y el levita se quedó.
17:11 Agradó, pues, al levita morar con aquel hombre, y
fue para él como uno de sus hijos.
17:12 Y Micaía consagró al levita, y aquel joven le
servía de sacerdote, y permaneció en casa de Micaía.
17:13 Y Micaía dijo: Ahora sé que Jehová me prosperará,
porque tengo un levita por sacerdote.
Capítulo 18
Micaía y los hombres de Dan
18:1 En
aquellos días no había rey en Israel. Y en aquellos días
la tribu de Dan buscaba posesión para sí donde habitar,
porque hasta entonces no había tenido posesión entre las
tribus de Israel.
18:2 Y los hijos de Dan enviaron de su tribu cinco
hombres de entre ellos, hombres valientes, de Zora y
Estaol, para que reconociesen y explorasen bien la
tierra; y les dijeron: Id y reconoced la tierra. Estos
vinieron al monte de Efraín, hasta la casa de Micaía, y
allí posaron.
18:3 Cuando estaban cerca de la casa de Micaía,
reconocieron la voz del joven levita; y llegando allá,
le dijeron: ¿Quién te ha traído acá? ¿y qué haces aquí?
¿y qué tienes tú por aquí?
18:4 El les respondió: De esta y de esta manera ha hecho
conmigo Micaía, y me ha tomado para que sea su
sacerdote.
18:5 Y ellos le dijeron: Pregunta, pues, ahora a Dios,
para que sepamos si ha de prosperar este viaje que
hacemos.
18:6 Y el sacerdote les respondió: Id en paz; delante de
Jehová está vuestro camino en que andáis.
18:7 Entonces aquellos cinco hombres salieron, y
vinieron a Lais; y vieron que el pueblo que habitaba en
ella estaba seguro, ocioso y confiado, conforme a la
costumbre de los de Sidón, sin que nadie en aquella
región les perturbase en cosa alguna, ni había quien
poseyese el reino. Y estaban lejos de los sidonios, y no
tenían negocios con nadie.
18:8 Volviendo, pues, ellos a sus hermanos en Zora y
Estaol, sus hermanos les dijeron: ¿Qué hay? Y ellos
respondieron:
18:9 Levantaos, subamos contra ellos; porque nosotros
hemos explorado la región, y hemos visto que es muy
buena; ¿y vosotros no haréis nada? No seáis perezosos en
poneros en marcha para ir a tomar posesión de la
tierra.
18:10 Cuando vayáis, llegaréis a un pueblo confiado y a
una tierra muy espaciosa, pues Dios la ha entregado en
vuestras manos; lugar donde no hay falta de cosa alguna
que haya en la tierra.
18:11 Entonces salieron de allí, de Zora y de Estaol,
seiscientos hombres de la familia de Dan, armados de
armas de guerra.
18:12 Fueron y acamparon en Quiriat-jearim en Judá, por
lo cual llamaron a aquel lugar el campamento de Dan,
hasta hoy; está al occidente de Quiriat-jearim.
18:13 Y de allí pasaron al monte de Efraín, y vinieron
hasta la casa de Micaía.
18:14 Entonces aquellos cinco hombres que habían ido a
reconocer la tierra de Lais dijeron a sus hermanos: ¿No
sabéis que en estas casas hay efod y terafines, y una
imagen de talla y una de fundición? Mirad, por tanto, lo
que habéis de hacer.
18:15 Cuando llegaron allá, vinieron a la casa del joven
levita, en casa de Micaía, y le preguntaron cómo
estaba.
18:16 Y los seiscientos hombres, que eran de los hijos
de Dan, estaban armados de sus armas de guerra a la
entrada de la puerta.
18:17 Y subiendo los cinco hombres que habían ido a
reconocer la tierra, entraron allá y tomaron la imagen
de talla, el efod, los terafines y la imagen de
fundición, mientras estaba el sacerdote a la entrada de
la puerta con los seiscientos hombres armados de armas
de guerra.
18:18 Entrando, pues, aquéllos en la casa de Micaía,
tomaron la imagen de talla, el efod, los terafines y la
imagen de fundición. Y el sacerdote les dijo: ¿Qué
hacéis vosotros?
18:19 Y ellos le respondieron: Calla, pon la mano sobre
tu boca, y vente con nosotros, para que seas nuestro
padre y sacerdote. ¿Es mejor que seas tú sacerdote en
casa de un solo hombre, que de una tribu y familia de
Israel?
18:20 Y se alegró el corazón del sacerdote, el cual tomó
el efod y los terafines y la imagen, y se fue en medio
del pueblo.
18:21 Y ellos se volvieron y partieron, y pusieron los
niños, el ganado y el bagaje por delante.
18:22 Cuando ya se habían alejado de la casa de Micaía,
los hombres que habitaban en las casas cercanas a la
casa de Micaía se juntaron y siguieron a los hijos de
Dan.
18:23 Y dando voces a los de Dan, éstos volvieron sus
rostros, y dijeron a Micaía: ¿Qué tienes, que has
juntado gente?
18:24 El respondió: Tomasteis mis dioses que yo hice y
al sacerdote, y os vais; ¿qué más me queda? ¿Por qué,
pues, me decís: ¿Qué tienes?
18:25 Y los hijos de Dan le dijeron: No des voces tras
nosotros, no sea que los de ánimo colérico os acometan,
y pierdas también tu vida y la vida de los tuyos.
18:26 Y prosiguieron los hijos de Dan su camino, y
Micaía, viendo que eran más fuertes que él, volvió y
regresó a su casa.
18:27 Y ellos, llevando las cosas que había hecho
Micaía, juntamente con el sacerdote que tenía, llegaron
a Lais, al pueblo tranquilo y confiado; y los hirieron a
filo de espada, y quemaron la ciudad.
18:28 Y no hubo quien los defendiese, porque estaban
lejos de Sidón, y no tenían negocios con nadie. Y la
ciudad estaba en el valle que hay junto a Bet-rehob.
Luego reedificaron la ciudad, y habitaron en ella.
18:29 Y llamaron el nombre de aquella ciudad Dan,
conforme al nombre de Dan su padre, hijo de Israel, bien
que antes se llamaba la ciudad Lais.
18:30 Y los hijos de Dan levantaron para sí la imagen de
talla; y Jonatán hijo de Gersón, hijo de Moisés, él y
sus hijos fueron sacerdotes en la tribu de Dan, hasta el
día del cautiverio de la tierra.
18:31 Así tuvieron levantada entre ellos la imagen de
talla que Micaía había hecho, todo el tiempo que la casa
de Dios estuvo en Silo.
Capítulo 19
El
levita y su concubina
19:1 En
aquellos días, cuando no había rey en Israel, hubo un
levita que moraba como forastero en la parte más remota
del monte de Efraín, el cual había tomado para sí mujer
concubina de Belén de Judá.
19:2 Y su concubina le fue infiel, y se fue de él a casa
de su padre, a Belén de Judá, y estuvo allá durante
cuatro meses.
19:3 Y se levantó su marido y la siguió, para hablarle
amorosamente y hacerla volver; y llevaba consigo un
criado, y un par de asnos; y ella le hizo entrar en la
casa de su padre.
19:4 Y viéndole el padre de la joven, salió a recibirle
gozoso; y le detuvo su suegro, el padre de la joven, y
quedó en su casa tres días, comiendo y bebiendo y
alojándose allí.
19:5 Al cuarto día, cuando se levantaron de mañana, se
levantó también el levita para irse; y el padre de la
joven dijo a su yerno: Conforta tu corazón con un bocado
de pan, y después os iréis.
19:6 Y se sentaron ellos dos juntos, y comieron y
bebieron. Y el padre de la joven dijo al varón: Yo te
ruego que quieras pasar aquí la noche, y se alegrará tu
corazón.
19:7 Y se levantó el varón para irse, pero insistió su
suegro, y volvió a pasar allí la noche.
19:8 Al quinto día, levantándose de mañana para irse, le
dijo el padre de la joven: Conforta ahora tu corazón, y
aguarda hasta que decline el día. Y comieron ambos
juntos.
19:9 Luego se levantó el varón para irse, él y su
concubina y su criado. Entonces su suegro, el padre de
la joven, le dijo: He aquí ya el día declina para
anochecer, te ruego que paséis aquí la noche; he aquí
que el día se acaba, duerme aquí, para que se alegre tu
corazón; y mañana os levantaréis temprano a vuestro
camino y te irás a tu casa.
19:10 Mas el hombre no quiso pasar allí la noche, sino
que se levantó y se fue, y llegó hasta enfrente de
Jebús, que es Jerusalén, con su par de asnos ensillados,
y su concubina.
19:11 Y estando ya junto a Jebús, el día había declinado
mucho; y dijo el criado a su señor: Ven ahora, y vámonos
a esta ciudad de los jebuseos, para que pasemos en ella
la noche.
19:12 Y su señor le respondió: No iremos a ninguna
ciudad de extranjeros, que no sea de los hijos de
Israel, sino que pasaremos hasta Gabaa. Y dijo a su
criado:
19:13 Ven, sigamos hasta uno de esos lugares, para pasar
la noche en Gabaa o en Ramá.
19:14 Pasando, pues, caminaron, y se les puso el sol
junto a Gabaa que era de Benjamín.
19:15 Y se apartaron del camino para entrar a pasar allí
la noche en Gabaa; y entrando, se sentaron en la plaza
de la ciudad, porque no hubo quien los acogiese en casa
para pasar la noche.
19:16 Y he aquí un hombre viejo que venía de su trabajo
del campo al anochecer, el cual era del monte de Efraín,
y moraba como forastero en Gabaa; pero los moradores de
aquel lugar eran hijos de Benjamín.
19:17 Y alzando el viejo los ojos, vio a aquel caminante
en la plaza de la ciudad, y le dijo: ¿A dónde vas, y de
dónde vienes?
19:18 Y él respondió: Pasamos de Belén de Judá a la
parte más remota del monte de Efraín, de donde soy; y
había ido a Belén de Judá; mas ahora voy a la casa de
Jehová, y no hay quien me reciba en casa.
19:19 Nosotros tenemos paja y forraje para nuestros
asnos, y también tenemos pan y vino para mí y para tu
sierva, y para el criado que está con tu siervo; no nos
hace falta nada.
19:20 Y el hombre anciano dijo: Paz sea contigo; tu
necesidad toda quede solamente a mi cargo, con tal que
no pases la noche en la plaza.
19:21 Y los trajo a su casa, y dio de comer a sus asnos;
y se lavaron los pies, y comieron y bebieron.
19:22 Pero cuando estaban gozosos, he aquí que los
hombres de aquella ciudad, hombres perversos, rodearon
la casa, golpeando a la puerta; y hablaron al anciano,
dueño de la casa, diciendo: Saca al hombre que ha
entrado en tu casa, para que lo conozcamos.
19:23 Y salió a ellos el dueño de la casa y les dijo:
No, hermanos míos, os ruego que no cometáis este mal; ya
que este hombre ha entrado en mi casa, no hagáis esta
maldad.
19:24 He aquí mi hija virgen, y la concubina de él; yo
os las sacaré ahora; humilladlas y haced con ellas como
os parezca, y no hagáis a este hombre cosa tan infame.
19:25 Mas aquellos hombres no le quisieron oír; por lo
que tomando aquel hombre a su concubina, la sacó; y
entraron a ella, y abusaron de ella toda la noche hasta
la mañana, y la dejaron cuando apuntaba el alba.
19:26 Y cuando ya amanecía, vino la mujer, y cayó
delante de la puerta de la casa de aquel hombre donde su
señor estaba, hasta que fue de día.
19:27 Y se levantó por la mañana su señor, y abrió las
puertas de la casa, y salió para seguir su camino; y he
aquí la mujer su concubina estaba tendida delante de la
puerta de la casa, con las manos sobre el umbral.
19:28 El le dijo: Levántate, y vámonos; pero ella no
respondió. Entonces la levantó el varón, y echándola
sobre su asno, se levantó y se fue a su lugar.
19:29 Y llegando a su casa, tomó un cuchillo, y echó
mano de su concubina, y la partió por sus huesos en doce
partes, y la envió por todo el territorio de Israel.
19:30 Y todo el que veía aquello, decía: Jamás se ha
hecho ni visto tal cosa, desde el tiempo en que los
hijos de Israel subieron de la tierra de Egipto hasta
hoy. Considerad esto, tomad consejo, y hablad.
Capítulo 20
La
guerra contra Benjamín
20:1
Entonces salieron todos los hijos de Israel, y se reunió
la congregación como un solo hombre, desde Dan hasta
Beerseba y la tierra de Galaad, a Jehová en Mizpa.
20:2 Y los jefes de todo el pueblo, de todas las tribus
de Israel, se hallaron presentes en la reunión del
pueblo de Dios, cuatrocientos mil hombres de a pie que
sacaban espada.
20:3 Y los hijos de Benjamín oyeron que los hijos de
Israel habían subido a Mizpa. Y dijeron los hijos de
Israel: Decid cómo fue esta maldad.
20:4 Entonces el varón levita, marido de la mujer
muerta, respondió y dijo: Yo llegué a Gabaa de Benjamín
con mi concubina, para pasar allí la noche.
20:5 Y levantándose contra mí los de Gabaa, rodearon
contra mí la casa por la noche, con idea de matarme, y a
mi concubina la humillaron de tal manera que murió.
20:6 Entonces tomando yo mi concubina, la corté en
pedazos, y la envié por todo el territorio de la
posesión de Israel, por cuanto han hecho maldad y crimen
en Israel.
20:7 He aquí todos vosotros sois hijos de Israel; dad
aquí vuestro parecer y consejo.
20:8 Entonces todo el pueblo, como un solo hombre, se
levantó, y dijeron: Ninguno de nosotros irá a su tienda,
ni volverá ninguno de nosotros a su casa.
20:9 Mas esto es ahora lo que haremos a Gabaa: contra
ella subiremos por sorteo.
20:10 Tomaremos diez hombres de cada ciento por todas
las tribus de Israel, y ciento de cada mil, y mil de
cada diez mil, que lleven víveres para el pueblo, para
que yendo a Gabaa de Benjamín le hagan conforme a toda
la abominación que ha cometido en Israel.
20:11 Y se juntaron todos los hombres de Israel contra
la ciudad, ligados como un solo hombre.
20:12 Y las tribus de Israel enviaron varones por toda
la tribu de Benjamín, diciendo: ¿Qué maldad es esta que
ha sido hecha entre vosotros?
20:13 Entregad, pues, ahora a aquellos hombres perversos
que están en Gabaa, para que los matemos, y quitemos el
mal de Israel. Mas los de Benjamín no quisieron oír la
voz de sus hermanos los hijos de Israel,
20:14 sino que los de Benjamín se juntaron de las
ciudades en Gabaa, para salir a pelear contra los hijos
de Israel.
20:15 Y fueron contados en aquel tiempo los hijos de
Benjamín de las ciudades, veintiséis mil hombres que
sacaban espada, sin los que moraban en Gabaa, que fueron
por cuenta setecientos hombres escogidos.
20:16 De toda aquella gente había setecientos hombres
escogidos, que eran zurdos, todos los cuales tiraban una
piedra con la honda a un cabello, y no erraban.
20:17 Y fueron contados los varones de Israel, fuera de
Benjamín, cuatrocientos mil hombres que sacaban espada,
todos estos hombres de guerra.
20:18 Luego se levantaron los hijos de Israel, y
subieron a la casa de Dios y consultaron a Dios,
diciendo: ¿Quién subirá de nosotros el primero en la
guerra contra los hijos de Benjamín? Y Jehová respondió:
Judá será el primero.
20:19 Se levantaron, pues, los hijos de Israel por la
mañana, contra Gabaa.
20:20 Y salieron los hijos de Israel a combatir contra
Benjamín, y los varones de Israel ordenaron la batalla
contra ellos junto a Gabaa.
20:21 Saliendo entonces de Gabaa los hijos de Benjamín,
derribaron por tierra aquel día veintidós mil hombres de
los hijos de Israel.
20:22 Mas reanimándose el pueblo, los varones de Israel
volvieron a ordenar la batalla en el mismo lugar donde
la habían ordenado el primer día.
20:23 Porque los hijos de Israel subieron y lloraron
delante de Jehová hasta la noche, y consultaron a
Jehová, diciendo: ¿Volveremos a pelear con los hijos de
Benjamín nuestros hermanos? Y Jehová les respondió:
Subid contra ellos.
20:24 Por lo cual se acercaron los hijos de Israel
contra los hijos de Benjamín el segundo día.
20:25 Y aquel segundo día, saliendo Benjamín de Gabaa
contra ellos, derribaron por tierra otros dieciocho mil
hombres de los hijos de Israel, todos los cuales sacaban
espada.
20:26 Entonces subieron todos los hijos de Israel, y
todo el pueblo, y vinieron a la casa de Dios; y
lloraron, y se sentaron allí en presencia de Jehová, y
ayunaron aquel día hasta la noche; y ofrecieron
holocaustos y ofrendas de paz delante de Jehová.
20:27 Y los hijos de Israel preguntaron a Jehová (pues
el arca del pacto de Dios estaba allí en aquellos días,
20:28 y Finees hijo de Eleazar, hijo de Aarón,
ministraba delante de ella en aquellos días), y dijeron:
¿Volveremos aún a salir contra los hijos de Benjamín
nuestros hermanos, para pelear, o desistiremos? Y Jehová
dijo: Subid, porque mañana yo os los entregaré.
20:29 Y puso Israel emboscadas alrededor de Gabaa.
20:30 Subiendo entonces los hijos de Israel contra los
hijos de Benjamín el tercer día, ordenaron la batalla
delante de Gabaa, como las otras veces.
20:31 Y salieron los hijos de Benjamín al encuentro del
pueblo, alejándose de la ciudad; y comenzaron a herir a
algunos del pueblo, matándolos como las otras veces por
los caminos, uno de los cuales sube a Bet-el, y el otro
a Gabaa en el campo; y mataron unos treinta hombres de
Israel.
20:32 Y los hijos de Benjamín decían: Vencidos son
delante de nosotros, como antes. Mas los hijos de Israel
decían: Huiremos, y los alejaremos de la ciudad hasta
los caminos.
20:33 Entonces se levantaron todos los de Israel de su
lugar, y se pusieron en orden de batalla en Baal-tamar;
y también las emboscadas de Israel salieron de su lugar,
de la pradera de Gabaa.
20:34 Y vinieron contra Gabaa diez mil hombres escogidos
de todo Israel, y la batalla arreciaba; mas ellos no
sabían que ya el desastre se acercaba a ellos.
20:35 Y derrotó Jehová a Benjamín delante de Israel; y
mataron los hijos de Israel aquel día a veinticinco mil
cien hombres de Benjamín, todos los cuales sacaban
espada.
20:36 Y vieron los hijos de Benjamín que eran
derrotados; y los hijos de Israel cedieron campo a
Benjamín, porque estaban confiados en las emboscadas que
habían puesto detrás de Gabaa.
20:37 Y los hombres de las emboscadas acometieron
prontamente a Gabaa, y avanzaron e hirieron a filo de
espada a toda la ciudad.
20:38 Y era la señal concertada entre los hombres de
Israel y las emboscadas, que hiciesen subir una gran
humareda de la ciudad.
20:39 Luego, pues, que los de Israel retrocedieron en la
batalla, los de Benjamín comenzaron a herir y matar a la
gente de Israel como treinta hombres, y ya decían:
Ciertamente ellos han caído delante de nosotros, como en
la primera batalla.
20:40 Mas cuando la columna de humo comenzó a subir de
la ciudad, los de Benjamín miraron hacia atrás; y he
aquí que el humo de la ciudad subía al cielo.
20:41 Entonces se volvieron los hombres de Israel, y los
de Benjamín se llenaron de temor, porque vieron que el
desastre había venido sobre ellos.
20:42 Volvieron, por tanto, la espalda delante de Israel
hacia el camino del desierto; pero la batalla los
alcanzó, y los que salían de las ciudades los destruían
en medio de ellos.
20:43 Así cercaron a los de Benjamín, y los acosaron y
hollaron desde Menúha hasta enfrente de Gabaa hacia
donde nace el sol.
20:44 Y cayeron de Benjamín dieciocho mil hombres, todos
ellos hombres de guerra.
20:45 Volviéndose luego, huyeron hacia el desierto, a la
peña de Rimón, y de ellos fueron abatidos cinco mil
hombres en los caminos; y fueron persiguiéndolos aun
hasta Gidom, y mataron de ellos a dos mil hombres.
20:46 Fueron todos los que de Benjamín murieron aquel
día, veinticinco mil hombres que sacaban espada, todos
ellos hombres de guerra.
20:47 Pero se volvieron y huyeron al desierto a la peña
de Rimón seiscientos hombres, los cuales estuvieron en
la peña de Rimón cuatro meses.
20:48 Y los hombres de Israel volvieron sobre los hijos
de Benjamín, y los hirieron a filo de espada, así a los
hombres de cada ciudad como a las bestias y todo lo que
fue hallado; asimismo pusieron fuego a todas las
ciudades que hallaban.
Capítulo 21
Mujeres para los benjamitas
21:1 Los
varones de Israel habían jurado en Mizpa, diciendo:
Ninguno de nosotros dará su hija a los de Benjamín por
mujer.
21:2 Y vino el pueblo a la casa de Dios, y se estuvieron
allí hasta la noche en presencia de Dios; y alzando su
voz hicieron gran llanto, y dijeron:
21:3 Oh Jehová Dios de Israel, ¿por qué ha sucedido esto
en Israel, que falte hoy de Israel una tribu?
21:4 Y al día siguiente el pueblo se levantó de mañana,
y edificaron allí altar, y ofrecieron holocaustos y
ofrendas de paz.
21:5 Y dijeron los hijos de Israel: ¿Quién de todas las
tribus de Israel no subió a la reunión delante de
Jehová? Porque se había hecho gran juramento contra el
que no subiese a Jehová en Mizpa, diciendo: Sufrirá la
muerte.
21:6 Y los hijos de Israel se arrepintieron a causa de
Benjamín su hermano, y dijeron: Cortada es hoy de Israel
una tribu.
21:7 ¿Qué haremos en cuanto a mujeres para los que han
quedado? Nosotros hemos jurado por Jehová que no les
daremos nuestras hijas por mujeres.
21:8 Y dijeron: ¿Hay alguno de las tribus de Israel que
no haya subido a Jehová en Mizpa? Y hallaron que ninguno
de Jabes-galaad había venido al campamento, a la
reunión.
21:9 Porque fue contado el pueblo, y no hubo allí varón
de los moradores de Jabes-galaad.
21:10 Entonces la congregación envió allá a doce mil
hombres de los más valientes, y les mandaron, diciendo:
Id y herid a filo de espada a los moradores de
Jabes-galaad, con las mujeres y niños.
21:11 Pero haréis de esta manera: mataréis a todo varón,
y a toda mujer que haya conocido ayuntamiento de varón.
21:12 Y hallaron de los moradores de Jabes-galaad
cuatrocientas doncellas que no habían conocido
ayuntamiento de varón, y las trajeron al campamento en
Silo, que está en la tierra de Canaán.
21:13 Toda la congregación envió luego a hablar a los
hijos de Benjamín que estaban en la peña de Rimón, y los
llamaron en paz.
21:14 Y volvieron entonces los de Benjamín, y les dieron
por mujeres las que habían guardado vivas de las mujeres
de Jabes- galaad; mas no les bastaron éstas.
21:15 Y el pueblo tuvo compasión de Benjamín, porque
Jehová había abierto una brecha entre las tribus de
Israel.
21:16 Entonces los ancianos de la congregación dijeron:
¿Qué haremos respecto de mujeres para los que han
quedado? Porque fueron muertas las mujeres de Benjamín.
21:17 Y dijeron: Tenga Benjamín herencia en los que han
escapado, y no sea exterminada una tribu de Israel.
21:18 Pero nosotros no les podemos dar mujeres de
nuestras hijas, porque los hijos de Israel han jurado
diciendo: Maldito el que diere mujer a los benjamitas.
21:19 Ahora bien, dijeron, he aquí cada año hay fiesta
solemne de Jehová en Silo, que está al norte de Bet-el,
y al lado oriental del camino que sube de Bet-el a
Siquem, y al sur de Lebona.
21:20 Y mandaron a los hijos de Benjamín, diciendo: Id,
y poned emboscadas en las viñas,
21:21 y estad atentos; y cuando veáis salir a las hijas
de Silo a bailar en corros, salid de las viñas, y
arrebatad cada uno mujer para sí de las hijas de Silo, e
idos a tierra de Benjamín.
21:22 Y si vinieren los padres de ellas o sus hermanos a
demandárnoslas, nosotros les diremos: Hacednos la merced
de concedérnoslas, pues que nosotros en la guerra no
tomamos mujeres para todos; además, no sois vosotros los
que se las disteis, para que ahora seáis culpados.
21:23 Y los hijos de Benjamín lo hicieron así; y tomaron
mujeres conforme a su número, robándolas de entre las
que danzaban; y se fueron, y volvieron a su heredad, y
reedificaron las ciudades, y habitaron en ellas.
21:24 Entonces los hijos de Israel se fueron también de
allí, cada uno a su tribu y a su familia, saliendo de
allí cada uno a su heredad.
21:25 En estos días no había rey en Israel; cada uno
hacía lo que bien le parecía.
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