Capítulo 1
El Verbo hecho carne
1:1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con
Dios, y el Verbo era Dios.
1:2 Este era en el principio con Dios.
1:3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada
de lo que ha sido hecho, fue hecho.
1:4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los
hombres.
1:5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas
no prevalecieron contra ella.
1:6 Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba
Juan.  
1:7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio
de la luz, a fin de que todos creyesen por él.
1:8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de
la luz.
1:9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre,
venía a este mundo.
1:10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho;
pero el mundo no le conoció.
1:11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen
en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de
Dios;
1:13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de
voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de
Dios.
1:14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre
nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito
del Padre), lleno de gracia y de verdad.
1:15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este
es de quien yo decía: El que viene después de mí, es
antes de mí; porque era primero que yo.
1:16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre
gracia.
1:17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la
gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
1:18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que
está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.
Testimonio de Juan el Bautista
(Mt.
3.11-12;
Mr. 1.7-8;
Lc. 3.15-17)
1:19 Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos
enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le
preguntasen: ¿Tú, quién eres?
1:20 Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el
Cristo.
1:21 Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías?
Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta?
Y respondió: No.
1:22 Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos
respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti
mismo?
1:23 Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el
desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el
profeta Isaías.
1:24 Y los que habían sido enviados eran de los
fariseos.
1:25 Y le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué, pues,
bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el
profeta?
1:26 Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua;
mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no
conocéis.
1:27 Este es el que viene después de mí, el que es antes
de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del
calzado.
1:28 Estas cosas sucedieron en Betábara, al otro lado
del Jordán, donde Juan estaba bautizando.
El Cordero de Dios
1:29 El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a
él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el
pecado del mundo.
1:30 Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene
un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que
yo.
1:31 Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado
a Israel, por esto vine yo bautizando con agua.
1:32 También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al
Espíritu que descendía del cielo como paloma, y
permaneció sobre él.
1:33 Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar
con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el
Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza
con el Espíritu Santo.
1:34 Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el
Hijo de Dios.
Los primeros discípulos
1:35 El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de
sus discípulos.
1:36 Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He
aquí el Cordero de Dios.
1:37 Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a
Jesús.
1:38 Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les
dijo: ¿Qué buscáis? Ellos
le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde
moras?
1:39 Les dijo: Venid y ved.
Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él
aquel día; porque era como la hora décima.
1:40 Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos
que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús.
1:41 Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo:
Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo).
1:42 Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo:
Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú
serás llamado Cefas
(que quiere decir, Pedro).
Jesús llama a Felipe y a Natanael
1:43 El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y
halló a Felipe, y le dijo:
Sígueme.
1:44 Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y
Pedro.
1:45 Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a
aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los
profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret.
1:46 Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de
bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.
1:47 Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba,
dijo de él: He aquí un verdadero
israelita, en quien no hay engaño.
1:48 Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió
Jesús y le dijo: Antes que Felipe
te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.
1:49 Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo
de Dios; tú eres el Rey de Israel.
1:50 Respondió Jesús y le dijo:
¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees?
Cosas mayores que estas verás.
1:51 Y le dijo: De cierto, de
cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo
abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden
sobre el Hijo del Hombre.
Capítulo 2
Las bodas de Caná
2:1 Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de
Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.
2:2 Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus
discípulos.
2:3 Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No
tienen vino.
2:4 Jesús le dijo: ¿Qué tienes
conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.
2:5 Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que
os dijere.
2:6 Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua,
conforme al rito de la purificación de los judíos, en
cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros. 2:7 Jesús les dijo: Llenad estas
tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.
2:8 Entonces les dijo: Sacad
ahora, y llevadlo al maestresala.
Y se lo llevaron.
2:9 Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin
saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes
que habían sacado el agua, llamó al esposo,
2:10 y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino,
y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas
tú has reservado el buen vino hasta ahora.
2:11 Este principio de señales hizo Jesús en Caná de
Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos
creyeron en él.
2:12 Después de esto descendieron a Capernaum,
él, su madre, sus hermanos y sus discípulos; y
estuvieron allí no muchos días.
Jesús purifica el templo
(Mt.
21.12-13;
Mr. 11.15-18;
Lc. 19.45-46)
2:13 Estaba cerca la pascua
de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén,
2:14 y halló en el templo a los que vendían bueyes,
ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados.
2:15 Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del
templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció
las monedas de los cambistas, y volcó las mesas;
2:16 y dijo a los que vendían palomas:
Quitad de aquí esto, y no hagáis
de la casa de mi Padre casa de mercado.
2:17 Entonces se acordaron sus discípulos que está
escrito: El celo de tu casa me consume.
2:18 Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal
nos muestras, ya que haces esto?
2:19 Respondió Jesús y les dijo:
Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.   
2:20 Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años
fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo
levantarás?
2:21 Mas él hablaba del templo de su cuerpo.
2:22 Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos,
sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y
creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había
dicho.
Jesús conoce a todos los hombres
2:23 Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua,
muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que
hacía.
2:24 Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque
conocía a todos,
2:25 y no tenía necesidad de que nadie le diese
testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el
hombre.
Capítulo 3
Jesús y Nicodemo
3:1 Había un hombre de los fariseos que se llamaba
Nicodemo, un principal entre los judíos.
3:2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos
que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede
hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con
él.
3:3 Respondió Jesús y le dijo: De
cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de
nuevo, no puede ver el reino de Dios.
3:4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo
viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre
de su madre, y nacer?
3:5 Respondió Jesús: De cierto, de
cierto te digo, que el que no naciere de agua y del
Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
3:6 Lo que es nacido de la carne,
carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
3:7 No te maravilles de que te
dije: Os es necesario nacer de nuevo.
3:8 El viento sopla de donde
quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene,
ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del
Espíritu.
3:9 Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse
esto?
3:10 Respondió Jesús y le dijo:
¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?
3:11 De cierto, de cierto te digo,
que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto,
testificamos; y no recibís nuestro testimonio.
3:12 Si os he dicho cosas
terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las
celestiales?
3:13 Nadie subió al cielo, sino el
que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en
el cielo.
3:14 Y como Moisés levantó la
serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo
del Hombre sea levantado,
3:15 para que todo aquel que en él
cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
De tal manera amó Dios al mundo
3:16 Porque de tal manera amó
Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que
todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida
eterna.
3:17 Porque no envió Dios a su
Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el
mundo sea salvo por él.
3:18 El que en él cree, no es
condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado,
porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de
Dios.
3:19 Y esta es la condenación: que
la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las
tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
3:20 Porque todo aquel que hace lo
malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus
obras no sean reprendidas.
3:21 Mas el que practica la verdad
viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras
son hechas en Dios.
El amigo del esposo
3:22 Después de esto, vino Jesús con sus discípulos a
la tierra de Judea, y estuvo allí con ellos, y
bautizaba.
3:23 Juan bautizaba también en Enón, junto a Salim,
porque había allí muchas aguas; y venían, y eran
bautizados.
3:24 Porque Juan no había sido aún encarcelado.  
3:25 Entonces hubo discusión entre los discípulos de
Juan y los judíos acerca de la purificación.
3:26 Y vinieron a Juan y le dijeron: Rabí, mira que el
que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú
diste testimonio, bautiza, y todos vienen a él.
3:27 Respondió Juan y dijo: No puede el hombre recibir
nada, si no le fuere dado del cielo.
3:28 Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no
soy el Cristo,
sino que soy enviado delante de él.
3:29 El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo
del esposo, que está a su lado y le oye, se goza
grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo
está cumplido.
3:30 Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.
El que viene de arriba
3:31 El que de arriba viene, es sobre todos; el que
es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla;
el que viene del cielo, es sobre todos.
3:32 Y lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe
su testimonio.
3:33 El que recibe su testimonio, éste atestigua que
Dios es veraz.
3:34 Porque el que Dios envió, las palabras de Dios
habla; pues Dios no da el Espíritu por medida.
3:35 El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha
entregado en su mano. 
3:36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el
que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la
ira de Dios está sobre él.
Capítulo 4
Jesús y la mujer samaritana
4:1 Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos
habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos
que Juan
4:2 (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),
4:3 salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea.
4:4 Y le era necesario pasar por Samaria.
4:5 Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar,
junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. 
4:6 Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús,
cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como
la hora sexta.
4:7 Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le
dijo: Dame de beber.
4:8 Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar
de comer.
4:9 La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío,
me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque
judíos y samaritanos no se tratan entre sí. 
4:10 Respondió Jesús y le dijo: Si
conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice:
Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.
4:11 La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla,
y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua
viva?
4:12 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que
nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus
ganados?
4:13 Respondió Jesús y le dijo:Cualquiera
que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;
4:14 mas el que bebiere del agua
que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua
que yo le daré será en él una fuente de agua que salte
para vida eterna.
4:15 La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no
tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
4:16 Jesús le dijo: Ve, llama a tu
marido, y ven acá.
4:17 Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús
le dijo: Bien has dicho: No tengo
marido;
4:18 porque cinco maridos has
tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has
dicho con verdad.
4:19 Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres
profeta.
4:20 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros
decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe
adorar.
4:21 Jesús le dijo: Mujer, créeme,
que la hora viene cuando ni en este monte ni en
Jerusalén adoraréis al Padre.
4:22 Vosotros adoráis lo que no
sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la
salvación viene de los judíos.
4:23 Mas la hora viene, y ahora
es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre
en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales
adoradores busca que le adoren.
4:24 Dios es Espíritu; y los que
le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que
adoren.
4:25 Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías,
llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas
las cosas.
4:26 Jesús le dijo: Yo soy, el que
habla contigo.
4:27 En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron
de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo:
¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella?
4:28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la
ciudad, y dijo a los hombres:
4:29 Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto
he hecho. ¿No será éste el Cristo?
4:30 Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él.
4:31 Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo:
Rabí, come.
4:32 El les dijo: Yo tengo una
comida que comer, que vosotros no sabéis.
4:33 Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le
habrá traído alguien de comer?
4:34 Jesús les dijo: Mi comida es
que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su
obra.
4:35 ¿No decís vosotros: Aún
faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os
digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya
están blancos para la siega.
4:36 Y el que siega recibe
salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el
que siembra goce juntamente con el que siega.
4:37 Porque en esto es verdadero
el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que
siega.
4:38 Yo os he enviado a segar lo
que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros
habéis entrado en sus labores.
4:39 Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad
creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba
testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho.
4:40 Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron
que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.
4:41 Y creyeron muchos más por la palabra de él,
4:42 y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu
dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que
verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.
Jesús sana al hijo de un noble
4:43 Dos días después, salió de allí y fue a
Galilea.
4:44 Porque Jesús mismo dio testimonio de que el profeta
no tiene honra en su propia tierra.  
4:45 Cuando vino a Galilea, los galileos le recibieron,
habiendo visto todas las cosas que había hecho en
Jerusalén, en la fiesta;
porque también ellos habían ido a la fiesta.
4:46 Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde
había convertido el agua en vino.
Y había en Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo
estaba enfermo.
4:47 Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a
Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a
su hijo, que estaba a punto de morir.
4:48 Entonces Jesús le dijo: Si no
viereis señales y prodigios, no creeréis.
4:49 El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes
que mi hijo muera.
4:50 Jesús le dijo: Ve, tu hijo
vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le
dijo, y se fue.
4:51 Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a
recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.
4:52 Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado
a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la
fiebre.
4:53 El padre entonces entendió que aquella era la hora
en que Jesús le había dicho: Tu
hijo vive; y creyó él con toda su casa.
4:54 Esta segunda señal hizo Jesús, cuando fue de Judea
a Galilea.
Capítulo 5
El paralítico de Betesda
5:1 Después de estas cosas había una fiesta de los
judíos, y subió Jesús a Jerusalén.
5:2 Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las
ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual
tiene cinco pórticos.
5:3 En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos,
cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del
agua.
5:4 Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al
estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía
al estanque después del movimiento del agua, quedaba
sano de cualquier enfermedad que tuviese.
5:5 Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años
que estaba enfermo.
5:6 Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya
mucho tiempo así, le dijo:
¿Quieres ser sano?
5:7 Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me
meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre
tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.
5:8 Jesús le dijo: Levántate, toma
tu lecho, y anda.
5:9 Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su
lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.
5:10 Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido
sanado: Es día de reposo; no te es lícito llevar tu
lecho. 
5:11 El les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo:
Toma tu lecho y anda.
5:12 Entonces le preguntaron: ¿Quién es el que te dijo:
Toma tu lecho y anda?
5:13 Y el que había sido sanado no sabía quién fuese,
porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en
aquel lugar.
5:14 Después le halló Jesús en el templo, y le dijo:
Mira, has sido sanado; no peques
más, para que no te venga alguna cosa peor.
5:15 El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que
Jesús era el que le había sanado.
5:16 Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y
procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día
de reposo.
5:17 Y Jesús les respondió: Mi
Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.
5:18 Por esto los judíos aun más procuraban matarle,
porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que
también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose
igual a Dios.
La autoridad del Hijo
5:19 Respondió entonces Jesús, y les dijo:
De cierto, de cierto os digo: No
puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve
hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace,
también lo hace el Hijo igualmente.
5:20 Porque el Padre ama al Hijo,
y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores
obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os
maravilléis.
5:21 Porque como el Padre levanta
a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los
que quiere da vida.
5:22 Porque el Padre a nadie
juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo,
5:23 para que todos honren al Hijo
como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra
al Padre que le envió.
5:24 De cierto, de cierto os digo:
El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene
vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de
muerte a vida.
5:25 De cierto, de cierto os digo:
Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la
voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.
5:26 Porque como el Padre tiene
vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener
vida en sí mismo;
5:27 y también le dio autoridad de
hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.
5:28 No os maravilléis de esto;
porque vendrá hora cuando todos los que están en los
sepulcros oirán su voz;
5:29 y los que hicieron lo bueno,
saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo
malo, a resurrección de condenación.
Testigos de Cristo
5:30 No puedo yo hacer nada por
mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo,
porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me
envió, la del Padre.
5:31 Si yo doy testimonio acerca
de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
5:32 Otro es el que da testimonio
acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es
verdadero.
5:33 Vosotros enviasteis
mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad. 
5:34 Pero yo no recibo testimonio
de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis
salvos.
5:35 El era antorcha que ardía y
alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un
tiempo en su luz.
5:36 Mas yo tengo mayor testimonio
que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio
para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan
testimonio de mí, que el Padre me ha enviado.
5:37 También el Padre que me envió
ha dado testimonio de mí. 
Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto,
5:38 ni tenéis su palabra morando
en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no
creéis.
5:39 Escudriñad las Escrituras;
porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida
eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;
5:40 y no queréis venir a mí para
que tengáis vida.
5:41 Gloria de los hombres no
recibo.
5:42 Mas yo os conozco, que no
tenéis amor de Dios en vosotros.
5:43 Yo he venido en nombre de mi
Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio
nombre, a ése recibiréis.
5:44 ¿Cómo podéis vosotros creer,
pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis
la gloria que viene del Dios único?
5:45 No penséis que yo voy a
acusaros delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés,
en quien tenéis vuestra esperanza.
5:46 Porque si creyeseis a Moisés,
me creeríais a mí, porque de mí escribió él.
5:47 Pero si no creéis a sus
escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?
Capítulo 6
Alimentación de los cinco mil
(Mt.
14.13-21;
Mr. 6.30-44;
Lc. 9.10-17)
6:1 Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de
Galilea, el de Tiberias.
6:2 Y le seguía gran multitud, porque veían las señales
que hacía en los enfermos.
6:3 Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con
sus discípulos.
6:4 Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos.
6:5 Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a
él gran multitud, dijo a Felipe:
¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?
6:6 Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo
que había de hacer.
6:7 Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un
poco.
6:8 Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón
Pedro, le dijo:
6:9 Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de
cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?
6:10 Entonces Jesús dijo: Haced
recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel
lugar; y se recostaron como en número de cinco mil
varones.
6:11 Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado
gracias, los repartió entre los discípulos, y los
discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de
los peces, cuanto querían.
6:12 Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus
discípulos: Recoged los pedazos
que sobraron, para que no se pierda nada.
6:13 Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de
pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los
que habían comido.
6:14 Aquellos hombres entonces, viendo la señal que
Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el
profeta que había de venir al mundo.
6:15 Pero entendiendo Jesús que iban a venir para
apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al
monte él solo.
Jesús anda sobre el mar
(Mt.
14.22-27;
Mr. 6.45-52)
6:16 Al anochecer, descendieron sus discípulos al
mar,
6:17 y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia
Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a
ellos.
6:18 Y se levantaba el mar con un gran viento que
soplaba.
6:19 Cuando habían remado como veinticinco o treinta
estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a
la barca; y tuvieron miedo.
6:20 Mas él les dijo: Yo soy; no
temáis.
6:21 Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca,
la cual llegó en seguida a la tierra adonde iban.
La gente busca a Jesús
6:22 El día siguiente, la gente que estaba al otro
lado del mar vio que no había habido allí más que una
sola barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus
discípulos, sino que éstos se habían ido solos.
6:23 Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto
al lugar donde habían comido el pan después de haber
dado gracias el Señor.
6:24 Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba
allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron
a Capernaum, buscando a Jesús.
Jesús, el pan de vida
6:25 Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron:
Rabí, ¿cuándo llegaste acá?
6:26 Respondió Jesús y les dijo:
De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque
habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y
os saciasteis.
6:27 Trabajad, no por la comida
que perece, sino por la comida que a vida eterna
permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a
éste señaló Dios el Padre.
6:28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner
en práctica las obras de Dios?
6:29 Respondió Jesús y les dijo:
Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha
enviado.
6:30 Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú,
para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?
6:31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto,
como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.
6:32 Y Jesús les dijo: De cierto,
de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo,
mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.
6:33 Porque el pan de Dios es
aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.
6:34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.
6:35 Jesús les dijo: Yo soy el pan
de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el
que en mí cree, no tendrá sed jamás.
6:36 Mas os he dicho, que aunque
me habéis visto, no creéis.
6:37 Todo lo que el Padre me da,
vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.
6:38 Porque he descendido del
cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del
que me envió.
6:39 Y esta es la voluntad del
Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no
pierda yo nada, sino que lo resucite en el día
postrero.
6:40 Y esta es la voluntad del que
me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en
él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día
postrero.
6:41 Murmuraban entonces de él los judíos, porque había
dicho: Yo soy el pan que descendió
del cielo.
6:42 Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo
padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice
éste: Del cielo he descendido?
6:43 Jesús respondió y les dijo:No
murmuréis entre vosotros.
6:44 Ninguno puede venir a mí, si
el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré
en el día postrero.
6:45 Escrito está en los profetas:
Y serán todos enseñados por Dios.
Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él,
viene a mí.
6:46 No que alguno haya visto al
Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al
Padre.
6:47 De cierto, de cierto os digo:
El que cree en mí, tiene vida eterna.
6:48 Yo soy el pan de vida.
6:49 Vuestros padres comieron el
maná en el desierto, y murieron.
6:50 Este es el pan que desciende
del cielo, para que el que de él come, no muera.
6:51 Yo soy el pan vivo que
descendió del cielo; si alguno comiere de este pan,
vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne,
la cual yo daré por la vida del mundo.
6:52 Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo:
¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
6:53 Jesús les dijo: De cierto, de
cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del
Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
6:54 El que come mi carne y bebe
mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el
día postrero.
6:55 Porque mi carne es verdadera
comida, y mi sangre es verdadera bebida.
6:56 El que come mi carne y bebe
mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
6:57 Como me envió el Padre
viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me
come, él también vivirá por mí.
6:58 Este es el pan que descendió
del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y
murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.
6:59 Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en
Capernaum.
Palabras de vida eterna
6:60 Al oirlas, muchos de sus discípulos dijeron:
Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?
6:61 Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos
murmuraban de esto, les dijo:
¿Esto os ofende?
6:62 ¿Pues qué, si viereis al Hijo
del Hombre subir adonde estaba primero?
6:63 El espíritu es el que da
vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo
os he hablado son espíritu y son vida.
6:64 Pero hay algunos de vosotros
que no creen. Porque
Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no
creían, y quién le había de entregar.
6:65 Y dijo: Por eso os he dicho
que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del
Padre.
6:66 Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron
atrás, y ya no andaban con él.
6:67 Dijo entonces Jesús a los doce:
¿Queréis acaso iros también
vosotros?
6:68 Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos?
Tú tienes palabras de vida eterna.
6:69 Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el
Cristo, el Hijo del Dios viviente.  
6:70 Jesús les respondió: ¿No os
he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es
diablo?
6:71 Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque
éste era el que le iba a entregar, y era uno de los
doce.
Capítulo 7
Incredulidad de los hermanos de Jesús
7:1 Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea;
pues no quería andar en Judea, porque los judíos
procuraban matarle.
7:2 Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los
tabernáculos; 
7:3 y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a
Judea, para que también tus discípulos vean las obras
que haces.
7:4 Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo
en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al
mundo.
7:5 Porque ni aun sus hermanos creían en él.
7:6 Entonces Jesús les dijo: Mi
tiempo aún no ha llegado, mas vuestro tiempo siempre
está presto.
7:7 No puede el mundo aborreceros
a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de
él, que sus obras son malas.
7:8 Subid vosotros a la fiesta; yo
no subo todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no se
ha cumplido.
7:9 Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea.
Jesús en la fiesta de los tabernáculos
7:10 Pero después que sus hermanos habían subido,
entonces él también subió a la fiesta, no abiertamente,
sino como en secreto.
7:11 Y le buscaban los judíos en la fiesta, y decían:
¿Dónde está aquél?
7:12 Y había gran murmullo acerca de él entre la
multitud, pues unos decían: Es bueno; pero otros decían:
No, sino que engaña al pueblo.
7:13 Pero ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo
a los judíos.
7:14 Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo,
y enseñaba.
7:15 Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe
éste letras, sin haber estudiado?
7:16 Jesús les respondió y dijo:
Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.
7:17 El que quiera hacer la
voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o
si yo hablo por mi propia cuenta.
7:18 El que habla por su propia
cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la
gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en
él injusticia.
7:19 ¿No os dio Moisés la ley, y
ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué procuráis
matarme?
7:20 Respondió la multitud y dijo: Demonio tienes;
¿quién procura matarte?
7:21 Jesús respondió y les dijo:
Una obra hice, y todos os maravilláis.
7:22 Por cierto, Moisés os dio la
circuncisión (no porque sea de Moisés, sino de los
padres );
y en el día de reposo circuncidáis al hombre.
7:23 Si recibe el hombre la
circuncisión
en el día de reposo, para que la ley de Moisés no sea
quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en el día de
reposo sané completamente a un hombre?
7:24 No juzguéis según las
apariencias, sino juzgad con justo juicio.
¿Es éste el Cristo?
7:25 Decían entonces unos de Jerusalén: ¿No es éste a
quien buscan para matarle?
7:26 Pues mirad, habla públicamente, y no le dicen nada.
¿Habrán reconocido en verdad los gobernantes que éste es
el Cristo?
7:27 Pero éste, sabemos de dónde es; mas cuando venga el
Cristo, nadie sabrá de dónde sea.
7:28 Jesús entonces, enseñando en el templo, alzó la voz
y dijo: A mí me conocéis, y sabéis
de dónde soy; y no he venido de mí mismo, pero el que me
envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis.
7:29 Pero yo le conozco, porque de
él procedo, y él me envió.
7:30 Entonces procuraban prenderle; pero ninguno le echó
mano, porque aún no había llegado su hora.
7:31 Y muchos de la multitud creyeron en él, y decían:
El Cristo, cuando venga, ¿hará más señales que las que
éste hace?
Los fariseos envían alguaciles para prender a
Jesús
7:32 Los fariseos oyeron a la gente que murmuraba de
él estas cosas; y los principales sacerdotes y los
fariseos enviaron alguaciles para que le prendiesen.
7:33 Entonces Jesús dijo: Todavía
un poco de tiempo estaré con vosotros, e iré al que me
envió.
7:34 Me buscaréis, y no me
hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis
venir.
7:35 Entonces los judíos dijeron entre sí: ¿Adónde se
irá éste, que no le hallemos? ¿Se irá a los dispersos
entre los griegos, y enseñará a los griegos?
7:36 ¿Qué significa esto que dijo:
Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré,
vosotros no podréis venir?
Ríos de agua viva
7:37 En el último y gran día de la fiesta,
Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo:
Si alguno tiene sed, venga a mí y
beba.
7:38 El que cree en mí, como dice
la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. 
7:39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los
que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu
Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.
División entre la gente
7:40 Entonces algunos de la multitud, oyendo estas
palabras, decían: Verdaderamente éste es el profeta.
7:41 Otros decían: Este es el Cristo. Pero algunos
decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo?
7:42 ¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de
la aldea de Belén,
de donde era David, ha de venir el Cristo?
7:43 Hubo entonces disensión entre la gente a causa de
él.
7:44 Y algunos de ellos querían prenderle; pero ninguno
le echó mano.
¡Nunca ha hablado hombre así!
7:45 Los alguaciles vinieron a los principales
sacerdotes y a los fariseos; y éstos les dijeron: ¿Por
qué no le habéis traído?
7:46 Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno
ha hablado como este hombre!
7:47 Entonces los fariseos les respondieron: ¿También
vosotros habéis sido engañados?
7:48 ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o
de los fariseos?
7:49 Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es.
7:50 Les dijo Nicodemo, el que vino a él de noche,
el cual era uno de ellos:
7:51 ¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no
le oye, y sabe lo que ha hecho?
7:52 Respondieron y le dijeron: ¿Eres tú también galileo?
Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado
profeta.
La mujer adúltera
7:53 Cada uno se fue a su casa;
Capítulo
8
8:1 y Jesús se fue al monte de los Olivos.
8:2 Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo
vino a él; y sentado él, les enseñaba.
8:3 Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una
mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio,
8:4 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida
en el acto mismo de adulterio.
8:5 Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales
mujeres.
Tú, pues, ¿qué dices?
8:6 Mas esto decían tentándole, para poder acusarle.
Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra
con el dedo.
8:7 Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les
dijo: El que de vosotros esté sin
pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.
8:8 E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió
escribiendo en tierra.
8:9 Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia,
salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta
los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba
en medio.
8:10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la
mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde
están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?
8:11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo:
Ni yo te condeno; vete, y no
peques más.
Jesús, la luz del mundo
8:12 Otra vez Jesús les habló, diciendo:Yo
soy la luz del mundo;
el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá
la luz de la vida.
8:13 Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio
acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero.
8:14 Respondió Jesús y les dijo:
Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi
testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y
a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni
a dónde voy.
8:15 Vosotros juzgáis según la
carne; yo no juzgo a nadie.
8:16 Y si yo juzgo, mi juicio es
verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me
envió, el Padre.
8:17 Y en vuestra ley está escrito
que el testimonio de dos hombres es verdadero.
8:18 Yo soy el que doy testimonio
de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de
mí.
8:19 Ellos le dijeron: ¿Dónde está tu Padre? Respondió
Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a
mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi Padre
conoceríais.
8:20 Estas palabras habló Jesús en el lugar de las
ofrendas, enseñando en el templo; y nadie le prendió,
porque aún no había llegado su hora.
A donde yo voy, vosotros no podéis venir
8:21 Otra vez les dijo Jesús:
Yo me voy, y me buscaréis, pero en vuestro pecado
moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir.
8:22 Decían entonces los judíos: ¿Acaso se matará a sí
mismo, que dice: A donde yo voy,
vosotros no podéis venir?
8:23 Y les dijo: Vosotros sois de
abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo
no soy de este mundo.
8:24 Por eso os dije que moriréis
en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en
vuestros pecados moriréis.
8:25 Entonces le dijeron: ¿Tú
quién eres? Entonces Jesús les dijo: Lo que desde el
principio os he dicho.
8:26 Muchas cosas tengo que decir
y juzgar de vosotros; pero el que me envió es verdadero;
y yo, lo que he oído de él, esto hablo al mundo.
8:27 Pero no entendieron que les hablaba del Padre.
8:28 Les dijo, pues, Jesús: Cuando
hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis
que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según
me enseñó el Padre, así hablo.
8:29 Porque el que me envió,
conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo
hago siempre lo que le agrada.
8:30 Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él.
La verdad os hará libres
8:31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían
creído en él: Si vosotros
permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis
discípulos;
8:32 y conoceréis la verdad, y la
verdad os hará libres.
8:33 Le respondieron: Linaje de Abraham somos,
y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú:
Seréis libres?
8:34 Jesús les respondió: De
cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace
pecado, esclavo es del pecado.
8:35 Y el esclavo no queda en la
casa para siempre; el hijo sí queda para siempre.
8:36 Así que, si el Hijo os
libertare, seréis verdaderamente libres.
8:37 Sé que sois descendientes de
Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no
halla cabida en vosotros.
8:38 Yo hablo lo que he visto
cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído
cerca de vuestro padre.
Sois de vuestro padre el diablo
8:39 Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es
Abraham. Jesús les dijo: Si
fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.
8:40 Pero ahora procuráis matarme
a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he
oído de Dios; no hizo esto Abraham.
8:41 Vosotros hacéis las obras de
vuestro padre.
Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de
fornicación; un padre tenemos, que es Dios.
8:42 Jesús entonces les dijo: Si
vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais;
porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he
venido de mí mismo, sino que él me envió.
8:43 ¿Por qué no entendéis mi
lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.
8:44 Vosotros sois de vuestro
padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis
hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha
permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él.
Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es
mentiroso, y padre de mentira.
8:45 Y a mí, porque digo la
verdad, no me creéis.
8:46 ¿Quién de vosotros me
redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué
vosotros no me creéis?
8:47 El que es de Dios, las
palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros,
porque no sois de Dios.
La preexistencia de Cristo
8:48 Respondieron entonces los judíos, y le dijeron:
¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que
tienes demonio?
8:49 Respondió Jesús: Yo no tengo
demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me
deshonráis.
8:50 Pero yo no busco mi gloria;
hay quien la busca, y juzga.
8:51 De cierto, de cierto os digo,
que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte.
8:52 Entonces los judíos le dijeron: Ahora conocemos que
tienes demonio. Abraham murió, y los profetas; y tú
dices: El que guarda mi palabra, nunca sufrirá muerte.
8:53 ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el
cual murió? ¡Y los profetas murieron! ¿Quién te haces a
ti mismo?
8:54 Respondió Jesús: Si yo me
glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el
que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro
Dios.
8:55 Pero vosotros no le conocéis;
mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería
mentiroso como vosotros; pero le conozco, y guardo su
palabra.
8:56 Abraham vuestro padre se gozó
de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.
8:57 Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes
cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?
8:58 Jesús les dijo: De cierto, de
cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.
8:59 Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero
Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por
en medio de ellos, se fue.
Capítulo 9
Jesús sana a un ciego de nacimiento
9:1 Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de
nacimiento.
9:2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí,
¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido
ciego?
9:3 Respondió Jesús: No es que
pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de
Dios se manifiesten en él.
9:4 Me es necesario hacer las
obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la
noche viene, cuando nadie puede trabajar.
9:5 Entre tanto que estoy en el
mundo, luz soy del mundo. 
9:6 Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la
saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego,
9:7 y le dijo: Ve a lavarte en el
estanque de Siloé
(que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y
regresó viendo.
9:8 Entonces los vecinos, y los que antes le habían
visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se
sentaba y mendigaba?
9:9 Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El
decía: Yo soy.
9:10 Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?
9:11 Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama
Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al
Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista.
9:12 Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo: No
sé.
Los fariseos interrogan al ciego sanado
9:13 Llevaron ante los fariseos al que había sido
ciego.
9:14 Y era día de reposo cuando Jesús había hecho el
lodo, y le había abierto los ojos.
9:15 Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos
cómo había recibido la vista. El les dijo: Me puso lodo
sobre los ojos, y me lavé, y veo.
9:16 Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre
no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo.
Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas
señales? Y había disensión entre ellos.
9:17 Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices
tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es
profeta.
9:18 Pero los judíos no creían que él había sido ciego,
y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los
padres del que había recibido la vista,
9:19 y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo,
el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve
ahora?
9:20 Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que
éste es nuestro hijo, y que nació ciego;
9:21 pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya
abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad
tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo.
9:22 Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los
judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si
alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera
expulsado de la sinagoga.
9:23 Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle
a él.
9:24 Entonces volvieron a llamar al hombre que había
sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros
sabemos que ese hombre es pecador.
9:25 Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo
sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.
9:26 Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió
los ojos?
9:27 El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis
querido oir; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis
también vosotros haceros sus discípulos?
9:28 Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo;
pero nosotros, discípulos de Moisés somos.
9:29 Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero
respecto a ése, no sabemos de dónde sea.
9:30 Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo
maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí
me abrió los ojos.
9:31 Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si
alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése
oye.
9:32 Desde el principio no se ha oído decir que alguno
abriese los ojos a uno que nació ciego.
9:33 Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer.
9:34 Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en
pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.
Ceguera espiritual
9:35 Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole,
le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de
Dios?
9:36 Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que
crea en él?
9:37 Le dijo Jesús: Pues le has
visto, y el que habla contigo, él es.
9:38 Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.
9:39 Dijo Jesús: Para juicio he
venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y
los que ven, sean cegados.
9:40 Entonces algunos de los fariseos que estaban con
él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos
también ciegos?
9:41 Jesús les respondió: Si
fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque
decís: Vemos, vuestro pecado permanece.
Capítulo 10
Parábola del redil
10:1 De cierto, de cierto os digo:
El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas,
sino que sube por otra parte, ése es ladrón y
salteador.
10:2 Mas el que entra por la
puerta, el pastor de las ovejas es.
10:3 A éste abre el portero, y las
ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y
las saca.
10:4 Y cuando ha sacado fuera
todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le
siguen, porque conocen su voz.
10:5 Mas al extraño no seguirán,
sino huirán de él, porque no conocen la voz de los
extraños.
10:6 Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no
entendieron qué era lo que les decía.
Jesús, el buen pastor
10:7 Volvió, pues, Jesús a decirles:
De cierto, de cierto os digo: Yo
soy la puerta de las ovejas.
10:8 Todos los que antes de mí
vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron
las ovejas.
10:9 Yo soy la puerta; el que por
mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará
pastos.
10:10 El ladrón no viene sino para
hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan
vida, y para que la tengan en abundancia.
10:11 Yo soy el buen pastor;
el buen pastor su vida da por las ovejas.
10:12 Mas el asalariado, y que no
es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve
venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo
arrebata las ovejas y las dispersa.
10:13 Así que el asalariado huye,
porque es asalariado, y no le importan las ovejas.
10:14 Yo soy el buen pastor; y
conozco mis ovejas, y las mías me conocen,
10:15 así como el Padre me conoce,
y yo conozco al Padre;
y pongo mi vida por las ovejas.
10:16 También tengo otras ovejas
que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y
oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.
10:17 Por eso me ama el Padre,
porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.
10:18 Nadie me la quita, sino que
yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y
tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento
recibí de mi Padre.
10:19 Volvió a haber disensión entre los judíos por
estas palabras.
10:20 Muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está
fuera de sí; ¿por qué le oís?
10:21 Decían otros: Estas palabras no son de
endemoniado. ¿Puede acaso el demonio abrir los ojos de
los ciegos?
Los judíos rechazan a Jesús
10:22 Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la
dedicación. Era invierno,
10:23 y Jesús andaba en el templo por el pórtico de
Salomón.
10:24 Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta
cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo,
dínoslo abiertamente.
10:25 Jesús les respondió: Os lo
he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre
de mi Padre, ellas dan testimonio de mí;
10:26 pero vosotros no creéis,
porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.
10:27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo
las conozco, y me siguen,
10:28 y yo les doy vida eterna; y
no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.
10:29 Mi Padre que me las dio, es
mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano
de mi Padre.
10:30 Yo y el Padre uno somos.
10:31 Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para
apedrearle.
10:32 Jesús les respondió: Muchas
buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de
ellas me apedreáis?
10:33 Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena
obra no te apedreamos, sino por la blasfemia;
porque tú, siendo hombre, te haces Dios.
10:34 Jesús les respondió: ¿No
está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois?
10:35 Si llamó dioses a aquellos a
quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede
ser quebrantada),
10:36 ¿al que el Padre santificó y
envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque
dije: Hijo de Dios soy?
10:37 Si no hago las obras de mi
Padre, no me creáis.
10:38 Mas si las hago, aunque no
me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y
creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.
10:39 Procuraron otra vez prenderle, pero él se escapó
de sus manos.
10:40 Y se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al
lugar donde primero había estado bautizando Juan;
y se quedó allí.
10:41 Y muchos venían a él, y decían: Juan, a la verdad,
ninguna señal hizo; pero todo lo que Juan dijo de éste,
era verdad.
10:42 Y muchos creyeron en él allí.
Capítulo 11
Muerte de Lázaro
11:1 Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de
Betania, la aldea de María y de Marta su hermana.
11:2 (María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la
que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con
sus cabellos.)
11:3 Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús:
Señor, he aquí el que amas está enfermo.
11:4 Oyéndolo Jesús, dijo: Esta
enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de
Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por
ella.
11:5 Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.
11:6 Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos
días más en el lugar donde estaba.
11:7 Luego, después de esto, dijo a los discípulos:
Vamos a Judea otra vez.
11:8 Le dijeron los discípulos: Rabí, ahora procuraban
los judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá?
11:9 Respondió Jesús: ¿No tiene el
día doce horas? El que anda de día, no tropieza, porque
ve la luz de este mundo;
11:10 pero el que anda de noche,
tropieza, porque no hay luz en él.
11:11 Dicho esto, les dijo después:
Nuestro amigo Lázaro duerme; mas
voy para despertarle.
11:12 Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme,
sanará.
11:13 Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y
ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño.
11:14 Entonces Jesús les dijo claramente:
Lázaro ha muerto;
11:15 y me alegro por vosotros, de
no haber estado allí, para que creáis; mas vamos a él.
11:16 Dijo entonces Tomás, llamado Dídimo, a sus
condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos
con él.
Jesús, la resurrección y la vida
11:17 Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro
días que Lázaro estaba en el sepulcro.
11:18 Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince
estadios; 11:19 y muchos de los judíos habían venido a Marta y a
María, para consolarlas por su hermano.
11:20 Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió
a encontrarle; pero María se quedó en casa.
11:21 Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado
aquí, mi hermano no habría muerto.
11:22 Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios,
Dios te lo dará.
11:23 Jesús le dijo: Tu hermano
resucitará.
11:24 Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la
resurrección, en el día postrero.
11:25 Le dijo Jesús: Yo soy la
resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté
muerto, vivirá.
11:26 Y todo aquel que vive y cree
en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
11:27 Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el
Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.
Jesús llora ante la tumba de Lázaro
11:28 Habiendo dicho esto, fue y llamó a María su
hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está aquí y
te llama.
11:29 Ella, cuando lo oyó, se levantó de prisa y vino a
él.
11:30 Jesús todavía no había entrado en la aldea, sino
que estaba en el lugar donde Marta le había encontrado.
11:31 Entonces los judíos que estaban en casa con ella y
la consolaban, cuando vieron que María se había
levantado de prisa y había salido, la siguieron,
diciendo: Va al sepulcro a llorar allí.
11:32 María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al
verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si
hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.
11:33 Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos
que la acompañaban, también llorando, se estremeció en
espíritu y se conmovió,
11:34 y dijo: ¿Dónde le pusisteis?
Le dijeron: Señor, ven y ve.
11:35 Jesús lloró.
11:36 Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba.
11:37 Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que
abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro
no muriera?
Resurrección de Lázaro
11:38 Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino
al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta
encima.
11:39 Dijo Jesús: Quitad la piedra.
Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor,
hiede ya, porque es de cuatro días.
11:40 Jesús le dijo: ¿No te he
dicho que si crees, verás la gloria de Dios?
11:41 Entonces quitaron la piedra de donde había sido
puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto,
dijo: Padre, gracias te doy por
haberme oído.
11:42 Yo sabía que siempre me
oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está
alrededor, para que crean que tú me has enviado.
11:43 Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz:
¡Lázaro, ven fuera!
11:44 Y el que había muerto salió, atadas las manos y
los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario.
Jesús les dijo: Desatadle, y
dejadle ir.
El complot para matar a Jesús
(Mt.
26.1-5;
Mr. 14.1-2;
Lc. 22.1-2)
11:45 Entonces muchos de los judíos que habían venido
para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús,
creyeron en él.
11:46 Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les
dijeron lo que Jesús había hecho.
11:47 Entonces los principales sacerdotes y los fariseos
reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque
este hombre hace muchas señales.
11:48 Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán
los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra
nación.
11:49 Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote
aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada;
11:50 ni pensáis que nos conviene que un hombre muera
por el pueblo, y no que toda la nación perezca.
11:51 Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el
sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de
morir por la nación;
11:52 y no solamente por la nación, sino también para
congregar en uno a los hijos de Dios que estaban
dispersos.
11:53 Así que, desde aquel día acordaron matarle.
11:54 Por tanto, Jesús ya no andaba abiertamente entre
los judíos, sino que se alejó de allí a la región
contigua al desierto, a una ciudad llamada Efraín; y se
quedó allí con sus discípulos.
11:55 Y estaba cerca la pascua de los judíos; y muchos
subieron de aquella región a Jerusalén antes de la
pascua, para purificarse.
11:56 Y buscaban a Jesús, y estando ellos en el templo,
se preguntaban unos a otros: ¿Qué os parece? ¿No vendrá
a la fiesta?
11:57 Y los principales sacerdotes y los fariseos habían
dado orden de que si alguno supiese dónde estaba, lo
manifestase, para que le prendiesen.
Capítulo 12
Jesús es ungido en Betania
(Mt.
26.6-13;
Mr. 14.3-9)
12:1 Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania,
donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a
quien había resucitado de los muertos.
12:2 Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro
era uno de los que estaban sentados a la mesa con él.
12:3 Entonces María tomó una libra de perfume de nardo
puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los
enjugó con sus cabellos;
y la casa se llenó del olor del perfume.
12:4 Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo
de Simón, el que le había de entregar:
12:5 ¿Por qué no fue este perfume vendido por
trescientos denarios, y dado a los pobres?
12:6 Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres,
sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de
lo que se echaba en ella.
12:7 Entonces Jesús dijo: Déjala;
para el día de mi sepultura ha guardado esto.
12:8 Porque a los pobres siempre
los tendréis con vosotros,
mas a mí no siempre me tendréis.
El complot contra Lázaro
12:9 Gran multitud de los judíos supieron entonces
que él estaba allí, y vinieron, no solamente por causa
de Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien había
resucitado de los muertos.
12:10 Pero los principales sacerdotes acordaron dar
muerte también a Lázaro,
12:11 porque a causa de él muchos de los judíos se
apartaban y creían en Jesús.
La entrada triunfal en Jerusalén
(Mt.
21.1-11;
Mr. 11.1-11;
Lc. 19.28-40)
12:12 El siguiente día, grandes multitudes que habían
venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén,
12:13 tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y
clamaban: ¡Hosanna!
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor,
el Rey de Israel!
12:14 Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como
está escrito:
12:15 No temas, hija de Sion;
He aquí tu Rey viene,
Montado sobre un pollino de asna.
12:16 Estas cosas no las entendieron sus discípulos al
principio; pero cuando Jesús fue glorificado, entonces
se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca
de él, y de que se las habían hecho.
12:17 Y daba testimonio la gente que estaba con él
cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los
muertos.
12:18 Por lo cual también había venido la gente a
recibirle, porque había oído que él había hecho esta
señal.
12:19 Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no
conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él.
Unos griegos buscan a Jesús
12:20 Había ciertos griegos entre los que habían
subido a adorar en la fiesta.
12:21 Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de
Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor,
quisiéramos ver a Jesús.
12:22 Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés
y Felipe se lo dijeron a Jesús.
12:23 Jesús les respondió diciendo:
Ha llegado la hora para que el
Hijo del Hombre sea glorificado.
12:24 De cierto, de cierto os
digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y
muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.
12:25 El que ama su vida, la
perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para
vida eterna la guardará.    
12:26 Si alguno me sirve, sígame;
y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor.
Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.
Jesús anuncia su muerte
12:27 Ahora está turbada mi
alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas
para esto he llegado a esta hora.
12:28 Padre, glorifica tu nombre.
Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo
glorificaré otra vez.
12:29 Y la multitud que estaba allí, y había oído la
voz, decía que había sido un trueno. Otros decían: Un
ángel le ha hablado.
12:30 Respondió Jesús y dijo: No
ha venido esta voz por causa mía, sino por causa de
vosotros.
12:31 Ahora es el juicio de este
mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado
fuera.
12:32 Y yo, si fuere levantado de
la tierra, a todos atraeré a mí mismo.
12:33 Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a
morir.
12:34 Le respondió la gente: Nosotros hemos oído de la
ley, que el Cristo permanece para siempre.  
¿Cómo, pues, dices tú que es necesario que el Hijo del
Hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del Hombre?
12:35 Entonces Jesús les dijo: Aún
por un poco está la luz entre vosotros; andad entre
tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las
tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a
dónde va.
12:36 Entre tanto que tenéis la
luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz.
Incredulidad de los judíos
Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos.
12:37 Pero a pesar de que había hecho tantas señales
delante de ellos, no creían en él;
12:38 para que se cumpliese la palabra del profeta
Isaías, que dijo:
Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?
¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor?
12:39 Por esto no podían creer, porque también dijo
Isaías:
12:40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su
corazón; Para que no vean con los
ojos, y entiendan con el corazón,
Y se conviertan y yo los sane.
12:41 Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló
acerca de él.
12:42 Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos
creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo
confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga.
12:43 Porque amaban más la gloria de los hombres que la
gloria de Dios.
Las palabras de Jesús juzgarán a los hombres
12:44 Jesús clamó y dijo: El
que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió;
12:45 y el que me ve, ve al que me
envió.
12:46 Yo, la luz, he venido al
mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca
en tinieblas.
12:47 Al que oye mis palabras, y
no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a
juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.
12:48 El que me rechaza, y no
recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra
que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.
12:49 Porque yo no he hablado por
mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio
mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de
hablar.
12:50 Y sé que su mandamiento es
vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el
Padre me lo ha dicho.
Capítulo 13
Jesús lava los pies de sus discípulos
13:1 Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que
su hora había llegado para que pasase de este mundo al
Padre, como había amado a los suyos que estaban en el
mundo, los amó hasta el fin.
13:2 Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en
el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le
entregase,
13:3 sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las
cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios
iba,
13:4 se levantó de la cena, y se quitó su manto, y
tomando una toalla, se la ciñó.
13:5 Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar
los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla
con que estaba ceñido.
13:6 Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo:
Señor, ¿tú me lavas los pies?
13:7 Respondió Jesús y le dijo: Lo
que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo
entenderás después.
13:8 Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús
le respondió: Si no te lavare, no
tendrás parte conmigo.
13:9 Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino
también las manos y la cabeza.
13:10 Jesús le dijo: El que está
lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está
todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.
13:11 Porque sabía quién le iba a entregar; por eso
dijo: No estáis limpios todos.
13:12 Así que, después que les hubo lavado los pies,
tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo:
¿Sabéis lo que os he hecho?
13:13 Vosotros me llamáis Maestro,
y Señor; y decís bien, porque lo soy.
13:14 Pues si yo, el Señor y el
Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también
debéis lavaros los pies los unos a los otros.
13:15 Porque ejemplo os he dado,
para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.
13:16 De cierto, de cierto os
digo: El siervo no es mayor que su señor, 
ni el enviado es mayor que el que le envió.
13:17 Si sabéis estas cosas,
bienaventurados seréis si las hiciereis.
13:18 No hablo de todos vosotros;
yo sé a quienes he elegido; mas para que se cumpla la
Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su
calcañar.
13:19 Desde ahora os lo digo antes
que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy.
13:20 De cierto, de cierto os
digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y
el que me recibe a mí, recibe al que me envió.  
Jesús anuncia la traición de Judas
(Mt.
26.20-25;
Mr. 14.17-21;
Lc. 22.21-23)
13:21 Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en
espíritu, y declaró y dijo: De
cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a
entregar.
13:22 Entonces los discípulos se miraban unos a otros,
dudando de quién hablaba.
13:23 Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba,
estaba recostado al lado de Jesús.
13:24 A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que
preguntase quién era aquel de quien hablaba.
13:25 El entonces, recostado cerca del pecho de Jesús,
le dijo: Señor, ¿quién es?
13:26 Respondió Jesús: A quien yo
diere el pan mojado, aquél es. Y mojando el pan,
lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón.
13:27 Y después del bocado, Satanás entró en él.
Entonces Jesús le dijo: Lo que vas
a hacer, hazlo más pronto.
13:28 Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió
por qué le dijo esto.
13:29 Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la
bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos
para la fiesta; o que diese algo a los pobres.
13:30 Cuando él, pues, hubo tomado el bocado, luego
salió; y era ya de noche.
El nuevo mandamiento
13:31 Entonces, cuando hubo salido, dijo Jesús:
Ahora es glorificado el Hijo del
Hombre, y Dios es glorificado en él.
13:32 Si Dios es glorificado en
él, Dios también le glorificará en sí mismo, y en
seguida le glorificará.
13:33 Hijitos, aún estaré con
vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los
judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy,
vosotros no podéis ir.
13:34 Un mandamiento nuevo os doy:
Que os améis unos a otros;  
como yo os he amado, que también os améis unos a otros.
13:35 En esto conocerán todos que
sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los
otros.
Jesús anuncia la negación de Pedro
(Mt.
26.31-35;
Mr. 14.27-31;
Lc. 22.31-34)
13:36 Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús
le respondió: A donde yo voy, no
me puedes seguir ahora; mas me seguirás después.
13:37 Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir
ahora? Mi vida pondré por ti.
13:38 Jesús le respondió: ¿Tu vida
pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará
el gallo, sin que me hayas negado tres veces.
Capítulo 14
Jesús, el camino al Padre
14:1 No se turbe vuestro corazón;
creéis en Dios, creed también en mí.
14:2 En la casa de mi Padre muchas
moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho;
voy, pues, a preparar lugar para vosotros.
14:3 Y si me fuere y os preparare
lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que
donde yo estoy, vosotros también estéis.
14:4 Y sabéis a dónde voy, y
sabéis el camino.
14:5 Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas;
¿cómo, pues, podemos saber el camino?
14:6 Jesús le dijo: Yo soy el
camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre,
sino por mí.
14:7 Si me conocieseis, también a
mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le
habéis visto.
14:8 Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos
basta.
14:9 Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo
hace que estoy con vosotros, y no me has conocido,
Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre;
¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?
14:10 ¿No crees que yo soy en el
Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo,
no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que
mora en mí, él hace las obras.
14:11 Creedme que yo soy en el
Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las
mismas obras.
14:12 De cierto, de cierto os
digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las
hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al
Padre.
14:13 Y todo lo que pidiereis al
Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea
glorificado en el Hijo.
14:14 Si algo pidiereis en mi
nombre, yo lo haré.
La promesa del Espíritu Santo
14:15 Si me amáis, guardad mis
mandamientos.
14:16 Y yo rogaré al Padre, y os
dará otro Consolador, para que esté con vosotros para
siempre:
14:17 el Espíritu de verdad, al
cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le
conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con
vosotros, y estará en vosotros.
14:18 No os dejaré huérfanos;
vendré a vosotros.
14:19 Todavía un poco, y el mundo
no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo,
vosotros también viviréis.
14:20 En aquel día vosotros
conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y
yo en vosotros.
14:21 El que tiene mis
mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el
que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me
manifestaré a él.
14:22 Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es
que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?
14:23 Respondió Jesús y le dijo:
El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará,
y vendremos a él, y haremos morada con él.
14:24 El que no me ama, no guarda
mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía,
sino del Padre que me envió.
14:25 Os he dicho estas cosas
estando con vosotros.
14:26 Mas el Consolador, el
Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre,
él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo
que yo os he dicho.
14:27 La paz os dejo, mi paz os
doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe
vuestro corazón, ni tenga miedo.
14:28 Habéis oído que yo os he
dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os
habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre;
porque el Padre mayor es que yo.
14:29 Y ahora os lo he dicho antes
que suceda, para que cuando suceda, creáis.
14:30 No hablaré ya mucho con
vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él
nada tiene en mí.
14:31 Mas para que el mundo
conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así
hago. Levantaos, vamos de aquí.
Capítulo 15
Jesús, la vid verdadera
15:1 Yo soy la vid verdadera, y mi
Padre es el labrador.
15:2 Todo pámpano que en mí no
lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto,
lo limpiará, para que lleve más fruto.
15:3 Ya vosotros estáis limpios
por la palabra que os he hablado.
15:4 Permaneced en mí, y yo en
vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí
mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros,
si no permanecéis en mí.
15:5 Yo soy la vid, vosotros los
pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva
mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
15:6 El que en mí no permanece,
será echado fuera como pámpano, y se secará; y los
recogen, y los echan en el fuego, y arden.
15:7 Si permanecéis en mí, y mis
palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que
queréis, y os será hecho.
15:8 En esto es glorificado mi
Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis
discípulos.
15:9 Como el Padre me ha amado,
así también yo os he amado; permaneced en mi amor.
15:10 Si guardareis mis
mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he
guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en
su amor.
15:11 Estas cosas os he hablado,
para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea
cumplido.
15:12 Este es mi mandamiento: Que
os améis unos a otros,  
como yo os he amado.
15:13 Nadie tiene mayor amor que
este, que uno ponga su vida por sus amigos.
15:14 Vosotros sois mis amigos, si
hacéis lo que yo os mando.
15:15 Ya no os llamaré siervos,
porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os
he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi
Padre, os las he dado a conocer.
15:16 No me elegisteis vosotros a
mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para
que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca;
para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él
os lo dé.
15:17 Esto os mando: Que os améis
unos a otros.
El mundo os aborrecerá
15:18 Si el mundo os aborrece,
sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.
15:19 Si fuerais del mundo, el
mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo,
antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os
aborrece.
15:20 Acordaos de la palabra que
yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. 
Si a mí me han perseguido, también a vosotros os
perseguirán; si han guardado mi palabra, también
guardarán la vuestra.
15:21 Mas todo esto os harán por
causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha
enviado.
15:22 Si yo no hubiera venido, ni
les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no
tienen excusa por su pecado.
15:23 El que me aborrece a mí,
también a mi Padre aborrece.
15:24 Si yo no hubiese hecho entre
ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían
pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a
mi Padre.
15:25 Pero esto es para que se
cumpla la palabra que está escrita en su ley: Sin causa
me aborrecieron. 
15:26 Pero cuando venga el
Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu
de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio
acerca de mí.
15:27 Y vosotros daréis testimonio
también, porque habéis estado conmigo desde el
principio.
Capítulo 16
16:1 Estas cosas os he hablado,
para que no tengáis tropiezo.
16:2 Os expulsarán de las
sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os
mate, pensará que rinde servicio a Dios.
16:3 Y harán esto porque no
conocen al Padre ni a mí.
16:4 Mas os he dicho estas cosas,
para que cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os
lo había dicho.
La obra del Espíritu Santo
Esto no os lo dije al
principio, porque yo estaba con vosotros.
16:5 Pero ahora voy al que me
envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas?
16:6 Antes, porque os he dicho
estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón.
16:7 Pero yo os digo la verdad: Os
conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el
Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo
enviaré.
16:8 Y cuando él venga, convencerá
al mundo de pecado, de justicia y de juicio.
16:9 De pecado, por cuanto no
creen en mí;
16:10 de justicia, por cuanto voy
al Padre, y no me veréis más;
16:11 y de juicio, por cuanto el
príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.
16:12 Aún tengo muchas cosas que
deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.
16:13 Pero cuando venga el
Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad;
porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará
todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán
de venir.
16:14 El me glorificará; porque
tomará de lo mío, y os lo hará saber.
16:15 Todo lo que tiene el Padre
es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará
saber.
La tristeza se convertirá en gozo
16:16 Todavía un poco, y no me
veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy
al Padre.
16:17 Entonces se dijeron algunos de sus discípulos unos
a otros: ¿Qué es esto que nos dice: Todavía un poco y no
me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; y, porque yo
voy al Padre?
16:18 Decían, pues: ¿Qué quiere decir con: Todavía un
poco? No entendemos lo que habla.
16:19 Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo:
¿Preguntáis entre vosotros acerca
de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de
nuevo un poco y me veréis?
16:20 De cierto, de cierto os
digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo
se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes,
vuestra tristeza se convertirá en gozo.
16:21 La mujer cuando da a luz,
tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que
ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia,
por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo.
16:22 También vosotros ahora
tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará
vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo.
16:23 En aquel día no me
preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que
todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo
dará.
16:24 Hasta ahora nada habéis
pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que
vuestro gozo sea cumplido.
Yo he vencido al mundo
16:25 Estas cosas os he hablado
en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por
alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del
Padre.
16:26 En aquel día pediréis en mi
nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por
vosotros,
16:27 pues el Padre mismo os ama,
porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo
salí de Dios.
16:28 Salí del Padre, y he venido
al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.
16:29 Le dijeron sus discípulos: He aquí ahora hablas
claramente, y ninguna alegoría dices.
16:30 Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no
necesitas que nadie te pregunte; por esto creemos que
has salido de Dios.
16:31 Jesús les respondió: ¿Ahora
creéis?
16:32 He aquí la hora viene, y ha
venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su
lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el
Padre está conmigo.
16:33 Estas cosas os he hablado
para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis
aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
Capítulo 17
Jesús ora por sus discípulos
17:1 Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al
cielo, dijo: Padre, la hora ha
llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo
te glorifique a ti;
17:2 como le has dado potestad
sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los
que le diste.
17:3 Y esta es la vida eterna: que
te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a
Jesucristo, a quien has enviado.
17:4 Yo te he glorificado en la
tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.
17:5 Ahora pues, Padre,
glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve
contigo antes que el mundo fuese.
17:6 He manifestado tu nombre a
los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los
diste, y han guardado tu palabra.
17:7 Ahora han conocido que todas
las cosas que me has dado, proceden de ti;
17:8 porque las palabras que me
diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han
conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que
tú me enviaste.
17:9 Yo ruego por ellos; no ruego
por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos
son,
17:10 y todo lo mío es tuyo, y lo
tuyo mío; y he sido glorificado en ellos.
17:11 Y ya no estoy en el mundo;
mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo,
a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que
sean uno, así como nosotros.
17:12 Cuando estaba con ellos en
el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me
diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino
el hijo de perdición, para que la Escritura se
cumpliese.
17:13 Pero ahora voy a ti; y hablo
esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí
mismos.
17:14 Yo les he dado tu palabra; y
el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como
tampoco yo soy del mundo.
17:15 No ruego que los quites del
mundo, sino que los guardes del mal.
17:16 No son del mundo, como
tampoco yo soy del mundo.
17:17 Santifícalos en tu verdad;
tu palabra es verdad.
17:18 Como tú me enviaste al
mundo, así yo los he enviado al mundo.
17:19 Y por ellos yo me santifico
a mí mismo, para que también ellos sean santificados en
la verdad.
17:20 Mas no ruego solamente por
éstos, sino también por los que han de creer en mí por
la palabra de ellos,
17:21 para que todos sean uno;
como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos
sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me
enviaste.
17:22 La gloria que me diste, yo
les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos
uno.
17:23 Yo en ellos, y tú en mí,
para que sean perfectos en unidad, para que el mundo
conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos
como también a mí me has amado.
17:24 Padre, aquellos que me has
dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén
conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque
me has amado desde antes de la fundación del mundo.
17:25 Padre justo, el mundo no te
ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han
conocido que tú me enviaste.
17:26 Y les he dado a conocer tu
nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con
que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.
Capítulo 18
Arresto de Jesús
(Mt.
26.47-56;
Mr. 14.43-50;
Lc. 22.47-53)
18:1 Habiendo dicho Jesús estas cosas, salió con sus
discípulos al otro lado del torrente de Cedrón, donde
había un huerto, en el cual entró con sus discípulos.
18:2 Y también Judas, el que le entregaba, conocía aquel
lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí
con sus discípulos.
18:3 Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y
alguaciles de los principales sacerdotes y de los
fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con
armas.
18:4 Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían
de sobrevenir, se adelantó y les dijo:
¿A quién buscáis?
18:5 Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo:
Yo soy. Y estaba también
con ellos Judas, el que le entregaba.
18:6 Cuando les dijo: Yo soy,
retrocedieron, y cayeron a tierra.
18:7 Volvió, pues, a preguntarles:
¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús
nazareno.
18:8 Respondió Jesús: Os he dicho
que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos;
18:9 para que se cumpliese aquello
que había dicho: De los que me diste, no perdí ninguno.
18:10 Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la
desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le
cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.
18:11 Jesús entonces dijo a Pedro:
Mete tu espada en la vaina; la copa 
que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?
Jesús ante el sumo sacerdote
(Mt.
26.57-58;
Mr. 14.53-54;
Lc. 22.54)
18:12 Entonces la compañía de soldados, el tribuno y
los alguaciles de los judíos, prendieron a Jesús y le
ataron,
18:13 y le llevaron primeramente a Anás; porque era
suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año.
18:14 Era Caifás el que había dado el consejo a los
judíos, de que convenía que un solo hombre muriese por
el pueblo.
Pedro en el patio de Anás
(Mt.
26.69-70;
Mr. 14.66-68;
Lc. 22.55-57)
18:15 Y seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo.
Y este discípulo era conocido del sumo sacerdote, y
entró con Jesús al patio del sumo sacerdote;
18:16 mas Pedro estaba fuera, a la puerta. Salió, pues,
el discípulo que era conocido del sumo sacerdote, y
habló a la portera, e hizo entrar a Pedro.
18:17 Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿No eres
tú también de los discípulos de este hombre? Dijo él: No
lo soy.
18:18 Y estaban en pie los siervos y los alguaciles que
habían encendido un fuego; porque hacía frío, y se
calentaban; y también con ellos estaba Pedro en pie,
calentándose.
Anás interroga a Jesús
(Mt.
26.59-66;
Mr. 14.55-64;
Lc. 22.66-71)
18:19 Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de
sus discípulos y de su doctrina.
18:20 Jesús le respondió: Yo
públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en
la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los
judíos, y nada he hablado en oculto.
18:21 ¿Por qué me preguntas a mí?
Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; he
aquí, ellos saben lo que yo he dicho.
18:22 Cuando Jesús hubo dicho esto, uno de los
alguaciles, que estaba allí, le dio una bofetada,
diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote?
18:23 Jesús le respondió: Si he
hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien,
¿por qué me golpeas?
18:24 Anás entonces le envió atado a Caifás, el sumo
sacerdote.
Pedro niega a Jesús
(Mt.
26.71-75;
Mr. 14.69-72;
Lc. 22.58-62)
18:25 Estaba, pues, Pedro en pie, calentándose. Y le
dijeron: ¿No eres tú de sus discípulos? El negó, y dijo:
No lo soy.
18:26 Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de
aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dijo: ¿No
te vi yo en el huerto con él?
18:27 Negó Pedro otra vez; y en seguida cantó el gallo.
Jesús ante Pilato
(Mt.
27.1-2, 11-31;
Mr. 15.1-20;
Lc. 23.1-5, 13-25)
18:28 Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio.
Era de mañana, y ellos no entraron en el pretorio para
no contaminarse, y así poder comer la pascua.
18:29 Entonces salió Pilato a ellos, y les dijo: ¿Qué
acusación traéis contra este hombre?
18:30 Respondieron y le dijeron: Si éste no fuera
malhechor, no te lo habríamos entregado.
18:31 Entonces les dijo Pilato: Tomadle vosotros, y
juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A
nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie;
18:32 para que se cumpliese la palabra que Jesús había
dicho, dando a entender de qué muerte iba a morir. 
18:33 Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y
llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos?
18:34 Jesús le respondió: ¿Dices
tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?
18:35 Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu
nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a
mí. ¿Qué has hecho?
18:36 Respondió Jesús: Mi reino no
es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis
servidores pelearían para que yo no fuera entregado a
los judíos; pero mi reino no es de aquí.
18:37 Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey?
Respondió Jesús: Tú dices que yo
soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido
al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel
que es de la verdad, oye mi voz.
18:38 Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo
dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo
no hallo en él ningún delito.
18:39 Pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte
uno en la pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey
de los judíos?
18:40 Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: No
a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón.
Capítulo 19
19:1 Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó.
19:2 Y los soldados entretejieron una corona de espinas,
y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un
manto de púrpura;
19:3 y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y le daban
de bofetadas.
19:4 Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad,
os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito
hallo en él.
19:5 Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el
manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el
hombre!
19:6 Cuando le vieron los principales sacerdotes y los
alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale!
¡Crucifícale! Pilato les dijo: Tomadle vosotros, y
crucificadle; porque yo no hallo delito en él.
19:7 Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una
ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí
mismo Hijo de Dios.
19:8 Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo.
19:9 Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús:
¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta.
19:10 Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No
sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo
autoridad para soltarte?
19:11 Respondió Jesús: Ninguna
autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de
arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor
pecado tiene.
19:12 Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los
judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres
amigo de César; todo el que se hace rey, a César se
opone.
19:13 Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús,
y se sentó en el tribunal en el lugar llamado el
Enlosado, y en hebreo Gabata.
19:14 Era la preparación de la pascua, y como la hora
sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro
Rey!
19:15 Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale!
Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar?
Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más
rey que César.
19:16 Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese
crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron.
Crucifixión y muerte de Jesús
(Mt.
27.32-50;
Mr. 15.21-37;
Lc. 23.26-49)
19:17 Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado
de la Calavera, y en hebreo, Gólgota;
19:18 y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno
a cada lado, y Jesús en medio.
19:19 Escribió también Pilato un título, que puso sobre
la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS
JUDÍOS.
19:20 Y muchos de los judíos leyeron este título; porque
el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la
ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego
y en latín.
19:21 Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los
judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él
dijo: Soy Rey de los judíos.
19:22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.
19:23 Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús,
tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para
cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin
costura, de un solo tejido de arriba abajo.
19:24 Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino
echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto
fue para que se cumpliese la Escritura, que dice:
Repartieron entre sí mis vestidos,
Y sobre mi ropa echaron suertes.
Y así lo hicieron los soldados.
19:25 Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la
hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María
Magdalena.
19:26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a
quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre:
Mujer, he ahí tu hijo.
19:27 Después dijo al discípulo:
He ahí tu madre. Y desde aquella hora el
discípulo la recibió en su casa.
19:28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba
consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo
sed.
19:29 Y estaba allí una vasija llena de vinagre;
entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y
poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca.
19:30 Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo:
Consumado es. Y habiendo
inclinado la cabeza, entregó el espíritu.
El costado de Jesús traspasado
19:31 Entonces los judíos, por cuanto era la
preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no
quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día
de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que
se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de
allí.
19:32 Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las
piernas al primero, y asimismo al otro que había sido
crucificado con él.
19:33 Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya
muerto, no le quebraron las piernas.
19:34 Pero uno de los soldados le abrió el costado con
una lanza, y al instante salió sangre y agua.
19:35 Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es
verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros
también creáis.
19:36 Porque estas cosas sucedieron para que se
cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo.  
19:37 Y también otra Escritura dice: Mirarán al que
traspasaron.
Jesús es sepultado
(Mt.
27.57-61;
Mr. 15.42-47;
Lc. 23.50-56)
19:38 Después de todo esto, José de Arimatea, que era
discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los
judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el
cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino,
y se llevó el cuerpo de Jesús.
19:39 También Nicodemo, el que antes había visitado a
Jesús de noche,
vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como
cien libras
19:40 Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo
envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es
costumbre sepultar entre los judíos.
19:41 Y en el lugar donde había sido crucificado, había
un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual
aún no había sido puesto ninguno.
19:42 Allí, pues, por causa de la preparación de la
pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba
cerca, pusieron a Jesús.
Capítulo 20
La resurrección
(Mt.
28.1-10;
Mr. 16.1-8;
Lc. 24.1-12)
20:1 El primer día de la semana, María Magdalena fue de
mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la
piedra del sepulcro.
20:2 Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro
discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han
llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han
puesto.
20:3 Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al
sepulcro.
20:4 Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo
corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al
sepulcro.
20:5 Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí,
pero no entró.
20:6 Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el
sepulcro, y vio los lienzos puestos allí,
20:7 y el sudario, que había estado sobre la cabeza de
Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un
lugar aparte.
20:8 Entonces entró también el otro discípulo, que había
venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.
20:9 Porque aún no habían entendido la Escritura, que
era necesario que él resucitase de los muertos.
20:10 Y volvieron los discípulos a los suyos.
Jesús se aparece a María Magdalena
(Mr.
16.9-11)
20:11 Pero María estaba fuera llorando junto al
sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar
dentro del sepulcro;
20:12 y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que
estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los
pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.
20:13 Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo:
Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han
puesto.
20:14 Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús
que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.
20:15 Jesús le dijo: Mujer, ¿por
qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que
era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado,
dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.
20:16 Jesús le dijo: ¡María!
Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir,
Maestro).
20:17 Jesús le dijo: No me toques,
porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis
hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a
mi Dios y a vuestro Dios.
20:18 Fue entonces María Magdalena para dar a los
discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que
él le había dicho estas cosas.
Jesús se aparece a los discípulos
(Mt.
28.16-20;
Mr. 16.14-18;
Lc. 24.36-49)
20:19 Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el
primero de la semana, estando las puertas cerradas en el
lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de
los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo:
Paz a vosotros.
20:20 Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos
y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al
Señor.
20:21 Entonces Jesús les dijo otra vez:
Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo
os envío.
20:22 Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo:
Recibid el Espíritu Santo.
20:23 A quienes remitiereis los
pecados, les son remitidos; y a quienes se los
retuviereis, les son retenidos.
Incredulidad de Tomás
20:24 Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no
estaba con ellos cuando Jesús vino.
20:25 Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor
hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la
señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de
los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.
20:26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos
dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las
puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo:
Paz a vosotros.
20:27 Luego dijo a Tomás: Pon aquí
tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en
mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
20:28 Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y
Dios mío!
20:29 Jesús le dijo: Porque me has
visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no
vieron, y creyeron.
El propósito del libro
20:30 Hizo además Jesús muchas otras señales en
presencia de sus discípulos, las cuales no están
escritas en este libro.
20:31 Pero éstas se han escrito para que creáis que
Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que
creyendo, tengáis vida en su nombre.
Capítulo 21
Jesús se aparece a siete de sus discípulos
21:1 Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus
discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de
esta manera:
21:2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el
Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de
Zebedeo, y otros dos de sus discípulos.
21:3 Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le
dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y
entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada.
21:4 Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la
playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús.
21:5 Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis
algo de comer? Le respondieron: No.
21:6 El les dijo: Echad la red a
la derecha de la barca, y hallaréis.
Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la
gran cantidad de peces.
21:7 Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a
Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el
Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de
ella), y se echó al mar.
21:8 Y los otros discípulos vinieron con la barca,
arrastrando la red de peces, pues no distaban de tierra
sino como doscientos codos. 21:9 Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un
pez encima de ellas, y pan.
21:10 Jesús les dijo: Traed de los
peces que acabáis de pescar.
21:11 Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena
de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo
tantos, la red no se rompió.
21:12 Les dijo Jesús: Venid, comed.
Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle:
¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor.
21:13 Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y
asimismo del pescado.
21:14 Esta era ya la tercera vez que Jesús se
manifestaba a sus discípulos, después de haber
resucitado de los muertos.
Apacienta mis ovejas
21:15 Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón
Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me
amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú
sabes que te amo. El le dijo:
Apacienta mis corderos.
21:16 Volvió a decirle la segunda vez:
Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?
Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le
dijo: Pastorea mis ovejas.
21:17 Le dijo la tercera vez:
Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?
Pedro se entristeció de que le dijese la tercera
vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo;
tú sabes que te amo. Jesús le dijo:
Apacienta mis ovejas.
21:18 De cierto, de cierto te
digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde
querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos,
y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.
21:19 Esto dijo, dando a entender con qué muerte había
de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió:
Sígueme.
El discípulo amado
21:20 Volviéndose Pedro, vio que les seguía el
discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena
se había recostado al lado de él, y le había dicho:
Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?
21:21 Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué
de éste?
21:22 Jesús le dijo: Si quiero que
él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.
21:23 Este dicho se extendió entonces entre los
hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no
le dijo que no moriría, sino: Si
quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?
21:24 Este es el discípulo que da testimonio de estas
cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su
testimonio es verdadero.
21:25 Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús,
las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni
aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de
escribir. Amén.
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