Capítulo 1
Dios ha hablado por su Hijo
1:1 Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas
maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,
1:2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo,
a quien constituyó heredero de todo, y por quien
asimismo hizo el universo;
1:3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la
imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las
cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la
purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo,
se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,
1:4 hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó
más excelente nombre que ellos.
El Hijo, superior a los ángeles
1:5 Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás:
Mi Hijo eres tú,
Yo te he engendrado hoy,
y otra vez:
Yo seré a él Padre,
Y él me será a mí hijo? 
1:6 Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el
mundo, dice:
Adórenle todos los ángeles de Dios.
1:7 Ciertamente de los ángeles dice:
El que hace a sus ángeles espíritus,
Y a sus ministros llama de fuego.
1:8 Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el
siglo del siglo;
Cetro de equidad es el cetro de tu reino.
1:9 Has amado la justicia, y aborrecido la maldad,
Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo,
Con óleo de alegría más que a tus compañeros.
1:10 Y:
Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra,
Y los cielos son obra de tus manos.
1:11 Ellos perecerán, mas tú permaneces;
Y todos ellos se envejecerán como una vestidura,
1:12 Y como un vestido los envolverás, y serán
mudados;
Pero tú eres el mismo,
Y tus años no acabarán.
1:13 Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás:
Siéntate a mi diestra,
Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus
pies?
1:14 ¿No son todos espíritus ministradores, enviados
para servicio a favor de los que serán herederos de la
salvación?
Capítulo 2
Una salvación tan grande
2:1 Por tanto, es necesario que con más diligencia
atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos
deslicemos.
2:2 Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles
fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió
justa retribución,
2:3 ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una
salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada
primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los
que oyeron,
2:4 testificando Dios juntamente con ellos, con señales
y prodigios y diversos milagros y repartimientos del
Espíritu Santo según su voluntad.
El autor de la salvación
2:5 Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero,
acerca del cual estamos hablando;
2:6 pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo:
¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
O el hijo del hombre, para que le visites?
2:7 Le hiciste un poco menor que los ángeles,
Le coronaste de gloria y de honra,
Y le pusiste sobre las obras de tus manos;
2:8 Todo lo sujetaste bajo sus pies.
Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó
que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas
las cosas le sean sujetas.
2:9 Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que
los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a
causa del padecimiento de la muerte, para que por la
gracia de Dios gustase la muerte por todos.
2:10 Porque convenía a aquel por cuya causa son todas
las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que
habiendo de llevar muchos hijos a la gloria,
perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación
de ellos.
2:11 Porque el que santifica y los que son santificados,
de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de
llamarlos hermanos,
2:12 diciendo:
Anunciaré a mis hermanos tu nombre,
En medio de la congregación te alabaré.
2:13 Y otra vez:
Yo confiaré en él.
Y de nuevo:
He aquí, yo y los hijos que Dios me dio.
2:14 Así que, por cuanto los hijos participaron de carne
y sangre, él también participó de lo mismo, para
destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio
de la muerte, esto es, al diablo,
2:15 y librar a todos los que por el temor de la muerte
estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.
2:16 Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino
que socorrió a la descendencia de Abraham.
2:17 Por lo cual debía ser en todo semejante a sus
hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo
sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los
pecados del pueblo.
2:18 Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es
poderoso para socorrer a los que son tentados.
Capítulo 3
Jesús es superior a Moisés
3:1 Por tanto, hermanos santos, participantes del
llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo
sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús;
3:2 el cual es fiel al que le constituyó, como también
lo fue Moisés en toda la casa de Dios.
3:3 Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado
digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que
la hizo.
3:4 Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que
hizo todas las cosas es Dios.
3:5 Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de
Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a
decir;
3:6 pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa
somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la
confianza y el gloriarnos en la esperanza.
El reposo del pueblo de Dios
3:7 Por lo cual, como dice el Espíritu Santo:
Si oyereis hoy su voz,
3:8 No endurezcáis vuestros corazones,
Como en la provocación, en el día de la tentación en
el desierto,
3:9 Donde me tentaron vuestros padres; me probaron,
Y vieron mis obras cuarenta años.
3:10 A causa de lo cual me disgusté contra esa
generación,
Y dije: Siempre andan vagando en su corazón,
Y no han conocido mis caminos.
3:11 Por tanto, juré en mi ira:
No entrarán en mi reposo.
3:12 Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros
corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios
vivo;
3:13 antes exhortaos los unos a los otros cada día,
entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de
vosotros se endurezca por el engaño del pecado.
3:14 Porque somos hechos participantes de Cristo, con
tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza
del principio,
3:15 entre tanto que se dice:
Si oyereis hoy su voz,
No endurezcáis vuestros corazones, como en la
provocación.
3:16 ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le
provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto
por mano de Moisés?
3:17 ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años?
¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el
desierto?
3:18 ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo,
sino a aquellos que desobedecieron?
3:19 Y vemos que no pudieron entrar a causa de
incredulidad.
Capítulo 4
4:1 Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la
promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros
parezca no haberlo alcanzado.
4:2 Porque también a nosotros se nos ha anunciado la
buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír
la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la
oyeron.
4:3 Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de
la manera que dijo:
Por tanto, juré en mi ira,
No entrarán en mi reposo;
aunque las obras suyas estaban acabadas desde la
fundación del mundo.
4:4 Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y
reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día.
4:5 Y otra vez aquí: No entrarán en mi reposo.
4:6 Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en
él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena
nueva no entraron por causa de desobediencia,
4:7 otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de
tanto tiempo, por medio de David, como se dijo:
Si oyereis hoy su voz,
No endurezcáis vuestros corazones.
4:8 Porque si Josué les hubiera dado el reposo,
no hablaría después de otro día.
4:9 Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios.
4:10 Porque el que ha entrado en su reposo, también ha
reposado de sus obras, como Dios de las suyas.
4:11 Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que
ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia.
4:12 Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más
cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta
partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los
tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones
del corazón.
4:13 Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su
presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y
abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar
cuenta.
Jesús el gran sumo sacerdote
4:14 Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que
traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos
nuestra profesión.
4:15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda
compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue
tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin
pecado.
4:16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la
gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para
el oportuno socorro.
Capítulo 5
5:1 Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los
hombres es constituido a favor de los hombres en lo que
a Dios se refiere, para que presente ofrendas y
sacrificios por los pecados;
5:2 para que se muestre paciente con los ignorantes y
extraviados, puesto que él también está rodeado de
debilidad;
5:3 y por causa de ella debe ofrecer por los pecados,
tanto por sí mismo como también por el pueblo.
5:4 Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es
llamado por Dios, como lo fue Aarón.
5:5 Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo
haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo:
Tú eres mi Hijo,
Yo te he engendrado hoy.
5:6 Como también dice en otro lugar:
Tú eres sacerdote para siempre,
Según el orden de Melquisedec.
5:7 Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos
y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía
librar de la muerte, 
fue oído a causa de su temor reverente.
5:8 Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la
obediencia;
5:9 y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de
eterna salvación para todos los que le obedecen;
5:10 y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el
orden de Melquisedec.
Advertencia contra la apostasía
5:11 Acerca de esto tenemos mucho que decir, y
difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos
para oír.
5:12 Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto
tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar
cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de
Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad
de leche, y no de alimento sólido.
5:13 Y todo aquel que participa de la leche es inexperto
en la palabra de justicia, porque es niño;
5:14 pero el alimento sólido es para los que han
alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los
sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del
mal.
Capítulo 6
6:1 Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina
de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando
otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras
muertas, de la fe en Dios,
6:2 de la doctrina de bautismos, de la imposición de
manos, de la resurrección de los muertos y del juicio
eterno.
6:3 Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite.
6:4 Porque es imposible que los que una vez fueron
iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos
partícipes del Espíritu Santo,
6:5 y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y
los poderes del siglo venidero,
6:6 y recayeron, sean otra vez renovados para
arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al
Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.
6:7 Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces
cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos
por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios;
6:8 pero la que produce espinos y abrojos es reprobada,
está próxima a ser maldecida,
y su fin es el ser quemada.
6:9 Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos
persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la
salvación, aunque hablamos así.
6:10 Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra
y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su
nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles
aún.
6:11 Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la
misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la
esperanza,
6:12 a fin de que no os hagáis perezosos, sino
imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia
heredan las promesas.
6:13 Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no
pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo,
6:14 diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y
te multiplicaré grandemente.
6:15 Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la
promesa.
6:16 Porque los hombres ciertamente juran por uno mayor
que ellos, y para ellos el fin de toda controversia es
el juramento para confirmación.
6:17 Por lo cual, queriendo Dios mostrar más
abundantemente a los herederos de la promesa la
inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento;
6:18 para que por dos cosas inmutables, en las cuales es
imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo
consuelo los que hemos acudido para asirnos de la
esperanza puesta delante de nosotros.
6:19 La cual tenemos como segura y firme ancla del alma,
y que penetra hasta dentro del velo,
6:20 donde Jesús entró por nosotros como precursor,
hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de
Melquisedec.
Capítulo 7
El sacerdocio de Melquisedec
7:1 Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del
Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía
de la derrota de los reyes, y le bendijo,
7:2 a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo;
cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y
también Rey de Salem, esto es, Rey de paz;
7:3 sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene
principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante
al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.
7:4 Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun
Abraham el patriarca dio diezmos del botín.
7:5 Ciertamente los que de entre los hijos de Leví
reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del
pueblo los diezmos según la ley,
es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan
salido de los lomos de Abraham.
7:6 Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre
ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que
tenía las promesas.
7:7 Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el
mayor.
7:8 Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres
mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de
que vive.
7:9 Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también
Leví, que recibe los diezmos;
7:10 porque aún estaba en los lomos de su padre cuando
Melquisedec le salió al encuentro.
7:11 Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio
levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué
necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote,
según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado
según el orden de Aarón?
7:12 Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que
haya también cambio de ley;
7:13 y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de
la cual nadie sirvió al altar.
7:14 Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la
tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al
sacerdocio.
7:15 Y esto es aun más manifiesto, si a semejanza de
Melquisedec se levanta un sacerdote distinto,
7:16 no constituido conforme a la ley del mandamiento
acerca de la descendencia, sino según el poder de una
vida indestructible.
7:17 Pues se da testimonio de él:
Tú eres sacerdote para siempre,
Según el orden de Melquisedec.
7:18 Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a
causa de su debilidad e ineficacia
7:19 (pues nada perfeccionó la ley), y de la
introducción de una mejor esperanza, por la cual nos
acercamos a Dios.
7:20 Y esto no fue hecho sin juramento;
7:21 porque los otros ciertamente sin juramento fueron
hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que
le dijo:
Juró el Señor, y no se arrepentirá:
Tú eres sacerdote para siempre,
Según el orden de Melquisedec.
7:22 Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor
pacto.
7:23 Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos,
debido a que por la muerte no podían continuar;
7:24 mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene
un sacerdocio inmutable;
7:25 por lo cual puede también salvar perpetuamente a
los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para
interceder por ellos.
7:26 Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo,
inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho
más sublime que los cielos;
7:27 que no tiene necesidad cada día, como aquellos
sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus
propios pecados, y luego por los del pueblo;
porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a
sí mismo.
7:28 Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles
hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la
ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.
Capítulo 8
El mediador de un nuevo pacto
8:1 Ahora bien, el punto principal de lo que venimos
diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se
sentó a la diestra del trono de la Majestad en los
cielos,
8:2 ministro del santuario, y de aquel verdadero
tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre.
8:3 Porque todo sumo sacerdote está constituido para
presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es
necesario que también éste tenga algo que ofrecer.
8:4 Así que, si estuviese sobre la tierra, ni siquiera
sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presentan
las ofrendas según la ley;
8:5 los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las
cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando
iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas
las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el
monte.
8:6 Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto
es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores
promesas.
8:7 Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto,
ciertamente no se hubiera procurado lugar para el
segundo.
8:8 Porque reprendiéndolos dice:
He aquí vienen días, dice el Señor,
En que estableceré con la casa de Israel y la casa de
Judá un nuevo pacto;
8:9 No como el pacto que hice con sus padres
El día que los tomé de la mano para sacarlos de la
tierra de Egipto;
Porque ellos no permanecieron en mi pacto,
Y yo me desentendí de ellos, dice el Señor.
8:10 Por lo cual, este es el pacto que haré con la
casa de Israel
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en la mente de ellos,
Y sobre su corazón las escribiré;
Y seré a ellos por Dios,
Y ellos me serán a mí por pueblo;
8:11 Y ninguno enseñará a su prójimo,
Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor;
Porque todos me conocerán,
Desde el menor hasta el mayor de ellos.
8:12 Porque seré propicio a sus injusticias,
Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus
iniquidades.
8:13 Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al
primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está
próximo a desaparecer.
Capítulo 9
9:1 Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de
culto y un santuario terrenal.
9:2 Porque el tabernáculo
estaba dispuesto así: en la primera parte, llamada el
Lugar Santo, estaban el candelabro,
la mesa y los panes de la proposición.
9:3 Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo
llamada el Lugar Santísimo,
9:4 el cual tenía un incensario de oro
y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes,
en la que estaba una urna de oro que contenía el maná,
la vara de Aarón que reverdeció,
y las tablas del pacto; 
9:5 y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el
propiciatorio;
de las cuales cosas no se puede ahora hablar en
detalle.
9:6 Y así dispuestas estas cosas, en la primera parte
del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para
cumplir los oficios del culto;
9:7 pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una
vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y
por los pecados de ignorancia del pueblo;
9:8 dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún
no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo,
entre tanto que la primera parte del tabernáculo
estuviese en pie.
9:9 Lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el
cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden
hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que
practica ese culto,
9:10 ya que consiste sólo de comidas y bebidas, de
diversas abluciones, y ordenanzas acerca de la carne,
impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas.
9:11 Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de
los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto
tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta
creación,
9:12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros,
sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en
el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.
9:13 Porque si la sangre de los toros y de los machos
cabríos,
y las cenizas de la becerra
rociadas a los inmundos, santifican para la purificación
de la carne,
9:14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante
el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a
Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas
para que sirváis al Dios vivo?
9:15 Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto,
para que interviniendo muerte para la remisión de las
transgresiones que había bajo el primer pacto, los
llamados reciban la promesa de la herencia eterna.
9:16 Porque donde hay testamento, es necesario que
intervenga muerte del testador.
9:17 Porque el testamento con la muerte se confirma;
pues no es válido entre tanto que el testador vive.
9:18 De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin
sangre.
9:19 Porque habiendo anunciado Moisés todos los
mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre
de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana
escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a
todo el pueblo,
9:20 diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os
ha mandado.
9:21 Y además de esto, roció también con la sangre el
tabernáculo y todos los vasos del ministerio.
9:22 Y casi todo es purificado, según la ley, con
sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace
remisión.
El sacrificio de Cristo quita el pecado
9:23 Fue, pues, necesario que las figuras de las
cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas
celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos.
9:24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de
mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para
presentarse ahora por nosotros ante Dios;
9:25 y no para ofrecerse muchas veces, como entra el
sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre
ajena.
9:26 De otra manera le hubiera sido necesario padecer
muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora,
en la consumación de los siglos, se presentó una vez
para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar
de en medio el pecado.
9:27 Y de la manera que está establecido para los
hombres que mueran una sola vez, y después de esto el
juicio,
9:28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para
llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda
vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que
le esperan.
Capítulo 10
10:1 Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes
venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede,
por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente
cada año, hacer perfectos a los que se acercan.
10:2 De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que
tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más
conciencia de pecado.
10:3 Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria
de los pecados;
10:4 porque la sangre de los toros y de los machos
cabríos no puede quitar los pecados.
10:5 Por lo cual, entrando en el mundo dice:
Sacrificio y ofrenda no quisiste;
Mas me preparaste cuerpo.
10:6 Holocaustos y expiaciones por el pecado no te
agradaron.
10:7 Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad,
Como en el rollo del libro está escrito de mí.
10:8 Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y
holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni
te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la
ley),
10:9 y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer
esto último.
10:10 En esa voluntad somos santificados mediante la
ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para
siempre.
10:11 Y ciertamente todo sacerdote está día tras día
ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos
sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;
10:12 pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para
siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha
sentado a la diestra de Dios,
10:13 de ahí en adelante esperando hasta que sus
enemigos sean puestos por estrado de sus pies;
10:14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos para
siempre a los santificados.
10:15 Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque
después de haber dicho:
10:16 Este es el pacto que haré con ellos
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones,
Y en sus mentes las escribiré,
10:17 añade:
Y nunca más me acordaré de sus pecados y
transgresiones.
10:18 Pues donde hay remisión de éstos, no hay más
ofrenda por el pecado.
10:19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar
en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,
10:20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a
través del velo, esto es, de su carne,
10:21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de
Dios,
10:22 acerquémonos con corazón sincero, en plena
certidumbre de fe, purificados los corazones
de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.
10:23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de
nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.
10:24 Y considerémonos unos a otros para estimularnos al
amor y a las buenas obras;
10:25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen
por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto
veis que aquel día se acerca.
Advertencia al que peca deliberadamente
10:26 Porque si pecáremos voluntariamente después de
haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda
más sacrificio por los pecados,
10:27 sino una horrenda expectación de juicio, y de
hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.
10:28 El que viola la ley de Moisés, por el testimonio
de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. 
10:29 ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que
pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la
sangre del pacto
en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al
Espíritu de gracia?
10:30 Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo
daré el pago, dice el Señor.
Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo.
10:31 ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!
10:32 Pero traed a la memoria los días pasados, en los
cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis
gran combate de padecimientos;
10:33 por una parte, ciertamente, con vituperios y
tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra,
llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una
situación semejante.
10:34 Porque de los presos también os compadecisteis, y
el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo,
sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable
herencia en los cielos.
10:35 No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene
grande galardón;
10:36 porque os es necesaria la paciencia, para que
habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la
promesa.
10:37 Porque aún un poquito,
Y el que ha de venir vendrá, y no tardará.
10:38 Mas el justo vivirá por fe;
Y si retrocediere, no agradará a mi alma.
10:39 Pero nosotros no somos de los que retroceden para
perdición, sino de los que tienen fe para preservación
del alma.
Capítulo 11
La fe
11:1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la
convicción de lo que no se ve.
11:2 Porque por ella alcanzaron buen testimonio los
antiguos.
11:3 Por la fe entendemos haber sido constituido el
universo por la palabra de Dios,
de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se
veía.
11:4 Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente
sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de
que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y
muerto, aún habla por ella.
11:5 Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y
no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que
fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a
Dios.
11:6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es
necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y
que es galardonador de los que le buscan.
11:7 Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca
de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca
en que su casa se salvase;
y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de
la justicia que viene por la fe.
11:8 Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para
salir al lugar que había de recibir como herencia; y
salió sin saber a dónde iba.
11:9 Por la fe habitó como extranjero en la tierra
prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con
Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa;
11:10 porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos,
cuyo arquitecto y constructor es Dios.
11:11 Por la fe también la misma Sara, siendo estéril,
recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del
tiempo de la edad,
porque creyó que era fiel quien lo había prometido.
11:12 Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto,
salieron como las estrellas del cielo en multitud,
y como la arena innumerable que está a la orilla del
mar.
11:13 Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber
recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y
creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran
extranjeros y peregrinos sobre la tierra.
11:14 Porque los que esto dicen, claramente dan a
entender que buscan una patria;
11:15 pues si hubiesen estado pensando en aquella de
donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver.
11:16 Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por
lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos;
porque les ha preparado una ciudad.
11:17 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a
Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su
unigénito,
11:18 habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada
descendencia;
11:19 pensando que Dios es poderoso para levantar aun de
entre los muertos, de donde, en sentido figurado,
también le volvió a recibir.
11:20 Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto
a cosas venideras.
11:21 Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de
los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de
su bordón.
11:22 Por la fe José, al morir, mencionó la salida de
los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus
huesos. 
11:23 Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por
sus padres por tres meses,
porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto
del rey.
11:24 Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse
hijo de la hija de Faraón,
11:25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de
Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado,
11:26 teniendo por mayores riquezas el vituperio de
Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía
puesta la mirada en el galardón.
11:27 Por la fe dejó a Egipto,
no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como
viendo al Invisible.
11:28 Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la
sangre, para que el que destruía a los primogénitos no
los tocase a ellos. 
11:29 Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra
seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron
ahogados.
11:30 Por la fe cayeron los muros de Jericó después de
rodearlos siete días.
11:31 Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente
con los desobedientes,
habiendo recibido a los espías en paz.
11:32 ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría
contando de Gedeón,
de Barac,
de Sansón,
de Jefté,
de David,
así como de Samuel
y de los profetas;
11:33 que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia,
alcanzaron promesas, taparon bocas de leones,
11:34 apagaron fuegos impetuosos,
evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad,
se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga
ejércitos extranjeros.
11:35 Las mujeres recibieron sus muertos mediante
resurrección; mas
otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a
fin de obtener mejor resurrección.
11:36 Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más
de esto prisiones y cárceles.    
11:37 Fueron apedreados,
aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada;
anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de
ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados;
11:38 de los cuales el mundo no era digno; errando por
los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las
cavernas de la tierra.
11:39 Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio
mediante la fe, no recibieron lo prometido;
11:40 proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros,
para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de
nosotros.
Capítulo 12
Puestos los ojos en Jesús
12:1 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor
nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de
todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con
paciencia la carrera que tenemos por delante,
12:2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de
la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió
la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la
diestra del trono de Dios.
12:3 Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de
pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se
canse hasta desmayar.
12:4 Porque aún no habéis resistido hasta la sangre,
combatiendo contra el pecado;
12:5 y habéis ya olvidado la exhortación que como a
hijos se os dirige, diciendo:
Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor,
Ni desmayes cuando eres reprendido por él;
12:6 Porque el Señor al que ama, disciplina,
Y azota a todo el que recibe por hijo. 
12:7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a
hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no
disciplina?
12:8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos
han sido participantes, entonces sois bastardos, y no
hijos.
12:9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres
terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos.
¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los
espíritus, y viviremos?
12:10 Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos
disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para
lo que nos es provechoso, para que participemos de su
santidad.
12:11 Es verdad que ninguna disciplina al presente
parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después
da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido
ejercitados.
Los que rechazan la gracia de Dios
12:12 Por lo cual, levantad las manos caídas y las
rodillas paralizadas;
12:13 y haced sendas derechas para vuestros pies,
para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea
sanado.
12:14 Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la
cual nadie verá al Señor.
12:15 Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la
gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura,
os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;
12:16 no sea que haya algún fornicario, o profano, como
Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura.
12:17 Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar
la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para
el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas.
12:18 Porque no os habéis acercado al monte que se podía
palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las
tinieblas y a la tempestad,
12:19 al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba,
la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase
más,   
12:20 porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si
aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada
con dardo;
12:21 y tan terrible era lo que se veía, que Moisés
dijo: Estoy espantado y temblando;
12:22 sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la
ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la
compañía de muchos millares de ángeles,
12:23 a la congregación de los primogénitos que están
inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los
espíritus de los justos hechos perfectos,
12:24 a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre
rociada que habla mejor que la de Abel.
12:25 Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no
escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba
en la tierra,
mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta
desde los cielos.
12:26 La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero
ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré
no solamente la tierra, sino también el cielo.
12:27 Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de
las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden
las inconmovibles.
12:28 Así que, recibiendo nosotros un reino
inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella
sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia;
12:29 porque nuestro Dios es fuego consumidor.
Capítulo 13
Deberes cristianos
13:1 Permanezca el amor fraternal.
13:2 No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella
algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. 
13:3 Acordaos de los presos, como si estuvierais presos
juntamente con ellos; y de los maltratados, como que
también vosotros mismos estáis en el cuerpo.
13:4 Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin
mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los
juzgará Dios.
13:5 Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos
con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te
desampararé, ni te dejaré; 
13:6 de manera que podemos decir confiadamente:
El Señor es mi ayudador; no temeré
Lo que me pueda hacer el hombre.
13:7 Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la
palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado
de su conducta, e imitad su fe.
13:8 Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los
siglos.
13:9 No os dejéis llevar de doctrinas diversas y
extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón con la
gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que
se han ocupado de ellas.
13:10 Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de
comer los que sirven al tabernáculo.
13:11 Porque los cuerpos de aquellos animales cuya
sangre a causa del pecado es introducida en el santuario
por el sumo sacerdote, son quemados fuera del
campamento.
13:12 Por lo cual también Jesús, para santificar al
pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la
puerta.
13:13 Salgamos, pues, a él, fuera del campamento,
llevando su vituperio;
13:14 porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que
buscamos la por venir.
13:15 Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de
él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios
que confiesan su nombre.
13:16 Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os
olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.
13:17 Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos;
porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han
de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no
quejándose, porque esto no os es provechoso.
13:18 Orad por nosotros; pues confiamos en que tenemos
buena conciencia, deseando conducirnos bien en todo.
13:19 Y más os ruego que lo hagáis así, para que yo os
sea restituido más pronto.
Bendición y salutaciones finales
13:20 Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a
nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas,
por la sangre del pacto eterno,
13:21 os haga aptos en toda obra buena para que hagáis
su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable
delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por
los siglos de los siglos. Amén.
13:22 Os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de
exhortación, pues os he escrito brevemente.
13:23 Sabed que está en libertad nuestro hermano
Timoteo, con el cual, si viniere pronto, iré a veros.
13:24 Saludad a todos vuestros pastores, y a todos los
santos. Los de Italia os saludan.
13:25 La gracia sea con todos vosotros. Amén. |