Capítulo 1
Daniel y sus compañeros en Babilonia
1:1 En el año tercero del reinado de Joacim rey
de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a
Jerusalén, y la sitió. 
1:2 Y el Señor entregó en sus manos a Joacim rey de
Judá, y parte de los utensilios de la casa de Dios;
y los trajo a tierra de Sinar, a la casa de su dios,
y colocó los utensilios en la casa del tesoro de su
dios.
1:3 Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos,
que trajese de los hijos de Israel, del linaje real
de los príncipes,
1:4 muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de
buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en
ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para
estar en el palacio del rey; y que les enseñase las
letras y la lengua de los caldeos.   
1:5 Y les señaló el rey ración para cada día, de la
provisión de la comida del rey, y del vino que él
bebía; y que los criase tres años, para que al fin
de ellos se presentasen delante del rey.
1:6 Entre éstos estaban Daniel, Ananías, Misael y
Azarías, de los hijos de Judá.
1:7 A éstos el jefe de los eunucos puso nombres:
puso a Daniel, Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a
Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego.
1:8 Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse
con la porción de la comida del rey, ni con el vino
que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los
eunucos que no se le obligase a contaminarse.
1:9 Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena
voluntad con el jefe de los eunucos;
1:10 y dijo el jefe de los eunucos a Daniel: Temo a
mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra
bebida; pues luego que él vea vuestros rostros más
pálidos que los de los muchachos que son semejantes
a vosotros, condenaréis para con el rey mi cabeza.
1:11 Entonces dijo Daniel a Melsar, que estaba
puesto por el jefe de los eunucos sobre Daniel,
Ananías, Misael y Azarías:
1:12 Te ruego que hagas la prueba con tus siervos
por diez días, y nos den legumbres a comer, y agua a
beber.
1:13 Compara luego nuestros rostros con los rostros
de los muchachos que comen de la ración de la comida
del rey, y haz después con tus siervos según veas.
1:14 Consintió, pues, con ellos en esto, y probó con
ellos diez días.
1:15 Y al cabo de los diez días pareció el rostro de
ellos mejor y más robusto que el de los otros
muchachos que comían de la porción de la comida del
rey.
1:16 Así, pues, Melsar se llevaba la porción de la
comida de ellos y el vino que habían de beber, y les
daba legumbres.
1:17 A estos cuatro muchachos Dios les dio
conocimiento e inteligencia en todas las letras y
ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión
y sueños.
1:18 Pasados, pues, los días al fin de los cuales
había dicho el rey que los trajesen, el jefe de los
eunucos los trajo delante de Nabucodonosor.
1:19 Y el rey habló con ellos, y no fueron hallados
entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael
y Azarías; así, pues, estuvieron delante del rey.
1:20 En todo asunto de sabiduría e inteligencia que
el rey les consultó, los halló diez veces mejores
que todos los magos y astrólogos que había en todo
su reino.
1:21 Y continuó Daniel hasta el año primero del rey
Ciro.
Capítulo 2
Daniel interpreta el sueño de
Nabucodonosor
2:1 En el segundo año del reinado de Nabucodonosor,
tuvo Nabucodonosor sueños, y se perturbó su
espíritu, y se le fue el sueño.
2:2 Hizo llamar el rey a magos, astrólogos,
encantadores y caldeos, para que le explicasen sus
sueños. Vinieron, pues, y se presentaron delante del
rey.
2:3 Y el rey les dijo: He tenido un sueño, y mi
espíritu se ha turbado por saber el sueño.
2:4 Entonces hablaron los caldeos al rey en lengua
aramea: Rey, para siempre vive; di el sueño a tus
siervos, y te mostraremos la interpretación.
2:5 Respondió el rey y dijo a los caldeos: El asunto
lo olvidé; si no me mostráis el sueño y su
interpretación, seréis hechos pedazos, y vuestras
casas serán convertidas en muladares.
2:6 Y si me mostrareis el sueño y su interpretación,
recibiréis de mí dones y favores y gran honra.
Decidme, pues, el sueño y su interpretación.
2:7 Respondieron por segunda vez, y dijeron: Diga el
rey el sueño a sus siervos, y le mostraremos la
interpretación.
2:8 El rey respondió y dijo: Yo conozco ciertamente
que vosotros ponéis dilaciones, porque veis que el
asunto se me ha ido.
2:9 Si no me mostráis el sueño, una sola sentencia
hay para vosotros. Ciertamente preparáis respuesta
mentirosa y perversa que decir delante de mí, entre
tanto que pasa el tiempo. Decidme, pues, el sueño,
para que yo sepa que me podéis dar su
interpretación.
2:10 Los caldeos respondieron delante del rey, y
dijeron: No hay hombre sobre la tierra que pueda
declarar el asunto del rey; además de esto, ningún
rey, príncipe ni señor preguntó cosa semejante a
ningún mago ni astrólogo ni caldeo.
2:11 Porque el asunto que el rey demanda es difícil,
y no hay quien lo pueda declarar al rey, salvo los
dioses cuya morada no es con la carne.
2:12 Por esto el rey con ira y con gran enojo mandó
que matasen a todos los sabios de Babilonia.
2:13 Y se publicó el edicto de que los sabios fueran
llevados a la muerte; y buscaron a Daniel y a sus
compañeros para matarlos.
2:14 Entonces Daniel habló sabia y prudentemente a
Arioc, capitán de la guardia del rey, que había
salido para matar a los sabios de Babilonia.
2:15 Habló y dijo a Arioc capitán del rey: ¿Cuál es
la causa de que este edicto se publique de parte del
rey tan apresuradamente? Entonces Arioc hizo saber a
Daniel lo que había.
2:16 Y Daniel entró y pidió al rey que le diese
tiempo, y que él mostraría la interpretación al
rey.
2:17 Luego se fue Daniel a su casa e hizo saber lo
que había a Ananías, Misael y Azarías, sus
compañeros,
2:18 para que pidiesen misericordias del Dios del
cielo sobre este misterio, a fin de que Daniel y sus
compañeros no pereciesen con los otros sabios de
Babilonia.
2:19 Entonces el secreto fue revelado a Daniel en
visión de noche, por lo cual bendijo Daniel al Dios
del cielo.
2:20 Y Daniel habló y dijo: Sea bendito el nombre de
Dios de siglos en siglos, porque suyos son el poder
y la sabiduría.
2:21 El muda los tiempos y las edades; quita reyes,
y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la
ciencia a los entendidos.
2:22 El revela lo profundo y lo escondido; conoce lo
que está en tinieblas, y con él mora la luz.
2:23 A ti, oh Dios de mis padres, te doy gracias y
te alabo, porque me has dado sabiduría y fuerza, y
ahora me has revelado lo que te pedimos; pues nos
has dado a conocer el asunto del rey.
2:24 Después de esto fue Daniel a Arioc, al cual el
rey había puesto para matar a los sabios de
Babilonia, y le dijo así: No mates a los sabios de
Babilonia; llévame a la presencia del rey, y yo le
mostraré la interpretación.
2:25 Entonces Arioc llevó prontamente a Daniel ante
el rey, y le dijo así: He hallado un varón de los
deportados de Judá, el cual dará al rey la
interpretación.
2:26 Respondió el rey y dijo a Daniel, al cual
llamaban Beltsasar: ¿Podrás tú hacerme conocer el
sueño que vi, y su interpretación?
2:27 Daniel respondió delante del rey, diciendo: El
misterio que el rey demanda, ni sabios, ni
astrólogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar
al rey.
2:28 Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela
los misterios, y él ha hecho saber al rey
Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los
postreros días. He aquí tu sueño, y las visiones que
has tenido en tu cama:
2:29 Estando tú, oh rey, en tu cama, te vinieron
pensamientos por saber lo que había de ser en lo por
venir; y el que revela los misterios te mostró lo
que ha de ser.
2:30 Y a mí me ha sido revelado este misterio, no
porque en mí haya más sabiduría que en todos los
vivientes, sino para que se dé a conocer al rey la
interpretación, y para que entiendas los
pensamientos de tu corazón.
2:31 Tú, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen.
Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era
muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su
aspecto era terrible.
2:32 La cabeza de esta imagen era de oro fino; su
pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus
muslos, de bronce;
2:33 sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de
hierro y en parte de barro cocido.
2:34 Estabas mirando, hasta que una piedra fue
cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus
pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó.
2:35 Entonces fueron desmenuzados también el hierro,
el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y
fueron como tamo de las eras del verano, y se los
llevó el viento sin que de ellos quedara rastro
alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue
hecha un gran monte que llenó toda la tierra.
2:36 Este es el sueño; también la interpretación de
él diremos en presencia del rey.
2:37 Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios
del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y
majestad.
2:38 Y dondequiera que habitan hijos de hombres,
bestias del campo y aves del cielo, él los ha
entregado en tu mano, y te ha dado el dominio sobre
todo; tú eres aquella cabeza de oro.
2:39 Y después de ti se levantará otro reino
inferior al tuyo; y luego un tercer reino de bronce,
el cual dominará sobre toda la tierra.
2:40 Y el cuarto reino será fuerte como hierro; y
como el hierro desmenuza y rompe todas las cosas,
desmenuzará y quebrantará todo.
2:41 Y lo que viste de los pies y los dedos, en
parte de barro cocido de alfarero y en parte de
hierro, será un reino dividido; mas habrá en él algo
de la fuerza del hierro, así como viste hierro
mezclado con barro cocido.
2:42 Y por ser los dedos de los pies en parte de
hierro y en parte de barro cocido, el reino será en
parte fuerte, y en parte frágil.
2:43 Así como viste el hierro mezclado con barro, se
mezclarán por medio de alianzas humanas; pero no se
unirán el uno con el otro, como el hierro no se
mezcla con el barro.
2:44 Y en los días de estos reyes el Dios del cielo
levantará un reino que no será jamás destruido, ni
será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y
consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá
para siempre,
2:45 de la manera que viste que del monte fue
cortada una piedra, no con mano, la cual desmenuzó
el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro.
El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de
acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero,
y fiel su interpretación.
2:46 Entonces el rey Nabucodonosor se postró sobre
su rostro y se humilló ante Daniel, y mandó que le
ofreciesen presentes e incienso.
2:47 El rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente el
Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los
reyes, y el que revela los misterios, pues pudiste
revelar este misterio.
2:48 Entonces el rey engrandeció a Daniel, y le dio
muchos honores y grandes dones, y le hizo gobernador
de toda la provincia de Babilonia, y jefe supremo de
todos los sabios de Babilonia.
2:49 Y Daniel solicitó del rey, y obtuvo que pusiera
sobre los negocios de la provincia de Babilonia a
Sadrac, Mesac y Abed-nego; y Daniel estaba en la
corte del rey.
Capítulo 3
Rescatados del horno de fuego
3:1 El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro
cuya altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el campo
de Dura, en la provincia de Babilonia.
3:2 Y envió el rey Nabucodonosor a que se reuniesen
los sátrapas, los magistrados y capitanes, oidores,
tesoreros, consejeros, jueces, y todos los
gobernadores de las provincias, para que viniesen a
la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor
había levantado.
3:3 Fueron, pues, reunidos los sátrapas,
magistrados, capitanes, oidores, tesoreros,
consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las
provincias, a la dedicación de la estatua que el rey
Nabucodonosor había levantado; y estaban en pie
delante de la estatua que había levantado el rey
Nabucodonosor.
3:4 Y el pregonero anunciaba en alta voz: Mándase a
vosotros, oh pueblos, naciones y lenguas,
3:5 que al oír el son de la bocina, de la flauta,
del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña
y de todo instrumento de música, os postréis y
adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor
ha levantado;
3:6 y cualquiera que no se postre y adore,
inmediatamente será echado dentro de un horno de
fuego ardiendo.
3:7 Por lo cual, al oír todos los pueblos el son de
la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del
salterio, de la zampoña y de todo instrumento de
música, todos los pueblos, naciones y lenguas se
postraron y adoraron la estatua de oro que el rey
Nabucodonosor había levantado.
3:8 Por esto en aquel tiempo algunos varones caldeos
vinieron y acusaron maliciosamente a los judíos.
3:9 Hablaron y dijeron al rey Nabucodonosor: Rey,
para siempre vive.
3:10 Tú, oh rey, has dado una ley que todo hombre,
al oír el son de la bocina, de la flauta, del
tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de
todo instrumento de música, se postre y adore la
estatua de oro;
3:11 y el que no se postre y adore, sea echado
dentro de un horno de fuego ardiendo.
3:12 Hay unos varones judíos, los cuales pusiste
sobre los negocios de la provincia de Babilonia:
Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos varones, oh rey, no
te han respetado; no adoran tus dioses, ni adoran la
estatua de oro que has levantado.
3:13 Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo
que trajesen a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Al
instante fueron traídos estos varones delante del
rey.
3:14 Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad,
Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a
mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he
levantado?
3:15 Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír
el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del
arpa, del salterio, de la zampoña y de todo
instrumento de música, os postréis y adoréis la
estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en
la misma hora seréis echados en medio de un horno de
fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre
de mis manos?
3:16 Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey
Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te
respondamos sobre este asunto.
3:17 He aquí nuestro Dios a quien servimos puede
librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano,
oh rey, nos librará.
3:18 Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus
dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has
levantado.
3:19 Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se
demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac
y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase
siete veces más de lo acostumbrado.
3:20 Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su
ejército, que atasen a Sadrac, Mesac y Abed-nego,
para echarlos en el horno de fuego ardiendo.
3:21 Entonces estos varones fueron atados con sus
mantos, sus calzas, sus turbantes y sus vestidos, y
fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo.
3:22 Y como la orden del rey era apremiante, y lo
habían calentado mucho, la llama del fuego mató a
aquellos que habían alzado a Sadrac, Mesac y Abed-nego.
3:23 Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego,
cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo.
3:24 Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se
levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo:
¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego?
Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey.
3:25 Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones
sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir
ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a
hijo de los dioses.
3:26 Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta
del horno de fuego ardiendo, y dijo: Sadrac, Mesac y
Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid.
Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en
medio del fuego.
3:27 Y se juntaron los sátrapas, los gobernadores,
los capitanes y los consejeros del rey, para mirar a
estos varones, cómo el fuego no había tenido poder
alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus
cabezas se había quemado; sus ropas estaban
intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían.
3:28 Entonces Nabucodonosor dijo: Bendito sea el
Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que
envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron
en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y
entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a
otro dios que su Dios.
3:29 Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o
lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac,
Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa
convertida en muladar; por cuanto no hay dios que
pueda librar como éste.
3:30 Entonces el rey engrandeció a Sadrac, Mesac y
Abed-nego en la provincia de Babilonia.
Capítulo 4
La locura de Nabucodonosor
4:1 Nabucodonosor rey, a todos los pueblos, naciones
y lenguas que moran en toda la tierra: Paz os sea
multiplicada.
4:2 Conviene que yo declare las señales y milagros
que el Dios Altísimo ha hecho conmigo.
4:3 ¡Cuán grandes son sus señales, y cuán potentes
sus maravillas! Su reino, reino sempiterno, y su
señorío de generación en generación.
4:4 Yo Nabucodonosor estaba tranquilo en mi casa, y
floreciente en mi palacio.
4:5 Vi un sueño que me espantó, y tendido en cama,
las imaginaciones y visiones de mi cabeza me
turbaron.
4:6 Por esto mandé que vinieran delante de mí todos
los sabios de Babilonia, para que me mostrasen la
interpretación del sueño.
4:7 Y vinieron magos, astrólogos, caldeos y
adivinos, y les dije el sueño, pero no me pudieron
mostrar su interpretación,
4:8 hasta que entró delante de mí Daniel, cuyo
nombre es Beltsasar, como el nombre de mi dios, y en
quien mora el espíritu de los dioses santos. Conté
delante de él el sueño, diciendo:
4:9 Beltsasar, jefe de los magos, ya que he
entendido que hay en ti espíritu de los dioses
santos, y que ningún misterio se te esconde,
declárame las visiones de mi sueño que he visto, y
su interpretación.
4:10 Estas fueron las visiones de mi cabeza mientras
estaba en mi cama: Me parecía ver en medio de la
tierra un árbol, cuya altura era grande.
4:11 Crecía este árbol, y se hacía fuerte, y su copa
llegaba hasta el cielo, y se le alcanzaba a ver
desde todos los confines de la tierra.
4:12 Su follaje era hermoso y su fruto abundante, y
había en él alimento para todos. Debajo de él se
ponían a la sombra las bestias del campo, y en sus
ramas hacían morada las aves del cielo, y se
mantenía de él toda carne.
4:13 Vi en las visiones de mi cabeza mientras estaba
en mi cama, que he aquí un vigilante y santo
descendía del cielo.
4:14 Y clamaba fuertemente y decía así: Derribad el
árbol, y cortad sus ramas, quitadle el follaje, y
dispersad su fruto; váyanse las bestias que están
debajo de él, y las aves de sus ramas.
4:15 Mas la cepa de sus raíces dejaréis en la
tierra, con atadura de hierro y de bronce entre la
hierba del campo; sea mojado con el rocío del cielo,
y con las bestias sea su parte entre la hierba de la
tierra.
4:16 Su corazón de hombre sea cambiado, y le sea
dado corazón de bestia, y pasen sobre él siete
tiempos.
4:17 La sentencia es por decreto de los vigilantes,
y por dicho de los santos la resolución, para que
conozcan los vivientes que el Altísimo gobierna el
reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da,
y constituye sobre él al más bajo de los hombres.
4:18 Yo el rey Nabucodonosor he visto este sueño.
Tú, pues, Beltsasar, dirás la interpretación de él,
porque todos los sabios de mi reino no han podido
mostrarme su interpretación; mas tú puedes, porque
mora en ti el espíritu de los dioses santos.
4:19 Entonces Daniel, cuyo nombre era Beltsasar,
quedó atónito casi una hora, y sus pensamientos lo
turbaban. El rey habló y dijo: Beltsasar, no te
turben ni el sueño ni su interpretación. Beltsasar
respondió y dijo: Señor mío, el sueño sea para tus
enemigos, y su interpretación para los que mal te
quieren.
4:20 El árbol que viste, que crecía y se hacía
fuerte, y cuya copa llegaba hasta el cielo, y que se
veía desde todos los confines de la tierra,
4:21 cuyo follaje era hermoso, y su fruto abundante,
y en que había alimento para todos, debajo del cual
moraban las bestias del campo, y en cuyas ramas
anidaban las aves del cielo,
4:22 tú mismo eres, oh rey, que creciste y te
hiciste fuerte, pues creció tu grandeza y ha llegado
hasta el cielo, y tu dominio hasta los confines de
la tierra.
4:23 Y en cuanto a lo que vio el rey, un vigilante y
santo que descendía del cielo y decía: Cortad el
árbol y destruidlo; mas la cepa de sus raíces
dejaréis en la tierra, con atadura de hierro y de
bronce en la hierba del campo; y sea mojado con el
rocío del cielo, y con las bestias del campo sea su
parte, hasta que pasen sobre él siete tiempos;
4:24 esta es la interpretación, oh rey, y la
sentencia del Altísimo, que ha venido sobre mi señor
el rey:
4:25 Que te echarán de entre los hombres, y con las
bestias del campo será tu morada, y con hierba del
campo te apacentarán como a los bueyes, y con el
rocío del cielo serás bañado; y siete tiempos
pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el Altísimo
tiene dominio en el reino de los hombres, y que lo
da a quien él quiere.
4:26 Y en cuanto a la orden de dejar en la tierra la
cepa de las raíces del mismo árbol, significa que tu
reino te quedará firme, luego que reconozcas que el
cielo gobierna.
4:27 Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: tus
pecados redime con justicia, y tus iniquidades
haciendo misericordias para con los oprimidos, pues
tal vez será eso una prolongación de tu
tranquilidad.
4:28 Todo esto vino sobre el rey Nabucodonosor.
4:29 Al cabo de doce meses, paseando en el palacio
real de Babilonia,
4:30 habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran
Babilonia que yo edifiqué para casa real con la
fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?
4:31 Aún estaba la palabra en la boca del rey,
cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey
Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti;
4:32 y de entre los hombres te arrojarán, y con las
bestias del campo será tu habitación, y como a los
bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre
ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el
dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien
él quiere.
4:33 En la misma hora se cumplió la palabra sobre
Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y
comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba
con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció
como plumas de águila, y sus uñas como las de las
aves.
4:34 Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis
ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije
al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para
siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por
todas las edades.
4:35 Todos los habitantes de la tierra son
considerados como nada; y él hace según su voluntad
en el ejército del cielo, y en los habitantes de la
tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga:
¿Qué haces?
4:36 En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y
la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza
volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros
me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor
grandeza me fue añadida.
4:37 Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y
glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras
son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede
humillar a los que andan con soberbia.
Capítulo 5
La escritura en la pared
5:1 El rey Belsasar hizo un gran banquete a mil de
sus príncipes, y en presencia de los mil bebía
vino.
5:2 Belsasar, con el gusto del vino, mandó que
trajesen los vasos de oro y de plata que
Nabucodonosor su padre había traído del templo de
Jerusalén, para que bebiesen en ellos el rey y sus
grandes, sus mujeres y sus concubinas.
5:3 Entonces fueron traídos los vasos de oro que
habían traído del templo de la casa de Dios que
estaba en Jerusalén, y bebieron en ellos el rey y
sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas.
5:4 Bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y
de plata, de bronce, de hierro, de madera y de
piedra.
5:5 En aquella misma hora aparecieron los dedos de
una mano de hombre, que escribía delante del
candelero sobre lo encalado de la pared del palacio
real, y el rey veía la mano que escribía.
5:6 Entonces el rey palideció, y sus pensamientos lo
turbaron, y se debilitaron sus lomos, y sus rodillas
daban la una contra la otra.
5:7 El rey gritó en alta voz que hiciesen venir
magos, caldeos y adivinos; y dijo el rey a los
sabios de Babilonia: Cualquiera que lea esta
escritura y me muestre su interpretación, será
vestido de púrpura, y un collar de oro llevará en su
cuello, y será el tercer señor en el reino.
5:8 Entonces fueron introducidos todos los sabios
del rey, pero no pudieron leer la escritura ni
mostrar al rey su interpretación.
5:9 Entonces el rey Belsasar se turbó sobremanera, y
palideció, y sus príncipes estaban perplejos.
5:10 La reina, por las palabras del rey y de sus
príncipes, entró a la sala del banquete, y dijo:
Rey, vive para siempre; no te turben tus
pensamientos, ni palidezca tu rostro.
5:11 En tu reino hay un hombre en el cual mora el
espíritu de los dioses santos, y en los días de tu
padre se halló en él luz e inteligencia y sabiduría,
como sabiduría de los dioses; al que el rey
Nabucodonosor tu padre, oh rey, constituyó jefe
sobre todos los magos, astrólogos, caldeos y
adivinos,
5:12 por cuanto fue hallado en él mayor espíritu y
ciencia y entendimiento, para interpretar sueños y
descifrar enigmas y resolver dudas; esto es, en
Daniel, al cual el rey puso por nombre Beltsasar.
Llámese, pues, ahora a Daniel, y él te dará la
interpretación.
5:13 Entonces Daniel fue traído delante del rey. Y
dijo el rey a Daniel: ¿Eres tú aquel Daniel de los
hijos de la cautividad de Judá, que mi padre trajo
de Judea?
5:14 Yo he oído de ti que el espíritu de los dioses
santos está en ti, y que en ti se halló luz,
entendimiento y mayor sabiduría.
5:15 Y ahora fueron traídos delante de mí sabios y
astrólogos para que leyesen esta escritura y me
diesen su interpretación; pero no han podido
mostrarme la interpretación del asunto.
5:16 Yo, pues, he oído de ti que puedes dar
interpretaciones y resolver dificultades. Si ahora
puedes leer esta escritura y darme su
interpretación, serás vestido de púrpura, y un
collar de oro llevarás en tu cuello, y serás el
tercer señor en el reino.
5:17 Entonces Daniel respondió y dijo delante del
rey: Tus dones sean para ti, y da tus recompensas a
otros. Leeré la escritura al rey, y le daré la
interpretación.
5:18 El Altísimo Dios, oh rey, dio a Nabucodonosor
tu padre el reino y la grandeza, la gloria y la
majestad.
5:19 Y por la grandeza que le dio, todos los
pueblos, naciones y lenguas temblaban y temían
delante de él. A quien quería mataba, y a quien
quería daba vida; engrandecía a quien quería, y a
quien quería humillaba.
5:20 Mas cuando su corazón se ensoberbeció, y su
espíritu se endureció en su orgullo, fue depuesto
del trono de su reino, y despojado de su gloria.
5:21 Y fue echado de entre los hijos de los hombres,
y su mente se hizo semejante a la de las bestias, y
con los asnos monteses fue su morada. Hierba le
hicieron comer como a buey, y su cuerpo fue mojado
con el rocío del cielo, hasta que reconoció que el
Altísimo Dios tiene dominio sobre el reino de los
hombres, y que pone sobre él al que le place.
5:22 Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu
corazón, sabiendo todo esto;
5:23 sino que contra el Señor del cielo te has
ensoberbecido, e hiciste traer delante de ti los
vasos de su casa, y tú y tus grandes, tus mujeres y
tus concubinas, bebisteis vino en ellos; además de
esto, diste alabanza a dioses de plata y oro, de
bronce, de hierro, de madera y de piedra, que ni
ven, ni oyen, ni saben; y al Dios en cuya mano está
tu vida, y cuyos son todos tus caminos, nunca
honraste.
5:24 Entonces de su presencia fue enviada la mano
que trazó esta escritura.
5:25 Y la escritura que trazó es: MENE, MENE, TEKEL,
UPARSIN.
5:26 Esta es la interpretación del asunto: MENE:
Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin.
5:27 TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste
hallado falto.
5:28 PERES: Tu reino ha sido roto, y dado a los
medos y a los persas.
5:29 Entonces mandó Belsasar vestir a Daniel de
púrpura, y poner en su cuello un collar de oro, y
proclamar que él era el tercer señor del reino.
5:30 La misma noche fue muerto Belsasar rey de los
caldeos.
5:31 Y Darío de Media tomó el reino, siendo de
sesenta y dos años.
Capítulo 6
Daniel en el foso de los leones
6:1 Pareció bien a Darío constituir sobre el reino
ciento veinte sátrapas, que gobernasen en todo el
reino.
6:2 Y sobre ellos tres gobernadores, de los cuales
Daniel era uno, a quienes estos sátrapas diesen
cuenta, para que el rey no fuese perjudicado.
6:3 Pero Daniel mismo era superior a estos sátrapas
y gobernadores, porque había en él un espíritu
superior; y el rey pensó en ponerlo sobre todo el
reino.
6:4 Entonces los gobernadores y sátrapas buscaban
ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado al
reino; mas no podían hallar ocasión alguna o falta,
porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fue
hallado en él.
6:5 Entonces dijeron aquellos hombres: No hallaremos
contra este Daniel ocasión alguna para acusarle, si
no la hallamos contra él en relación con la ley de
su Dios.
6:6 Entonces estos gobernadores y sátrapas se
juntaron delante del rey, y le dijeron así: ¡Rey
Darío, para siempre vive!
6:7 Todos los gobernadores del reino, magistrados,
sátrapas, príncipes y capitanes han acordado por
consejo que promulgues un edicto real y lo
confirmes, que cualquiera que en el espacio de
treinta días demande petición de cualquier dios u
hombre fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de
los leones.
6:8 Ahora, oh rey, confirma el edicto y fírmalo,
para que no pueda ser revocado, conforme a la ley de
Media y de Persia, la cual no puede ser abrogada.
6:9 Firmó, pues, el rey Darío el edicto y la
prohibición.
6:10 Cuando Daniel supo que el edicto había sido
firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas
de su cámara que daban hacia Jerusalén, se
arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba
gracias delante de su Dios, como lo solía hacer
antes.
6:11 Entonces se juntaron aquellos hombres, y
hallaron a Daniel orando y rogando en presencia de
su Dios.
6:12 Fueron luego ante el rey y le hablaron del
edicto real: ¿No has confirmado edicto que
cualquiera que en el espacio de treinta días pida a
cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea
echado en el foso de los leones? Respondió el rey
diciendo: Verdad es, conforme a la ley de Media y de
Persia, la cual no puede ser abrogada.
6:13 Entonces respondieron y dijeron delante del
rey: Daniel, que es de los hijos de los cautivos de
Judá, no te respeta a ti, oh rey, ni acata el edicto
que confirmaste, sino que tres veces al día hace su
petición.
6:14 Cuando el rey oyó el asunto, le pesó en gran
manera, y resolvió librar a Daniel; y hasta la
puesta del sol trabajó para librarle.
6:15 Pero aquellos hombres rodearon al rey y le
dijeron: Sepas, oh rey, que es ley de Media y de
Persia que ningún edicto u ordenanza que el rey
confirme puede ser abrogado.
6:16 Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel, y
le echaron en el foso de los leones. Y el rey dijo a
Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente
sirves, él te libre.
6:17 Y fue traída una piedra y puesta sobre la
puerta del foso, la cual selló el rey con su anillo
y con el anillo de sus príncipes, para que el
acuerdo acerca de Daniel no se alterase.
6:18 Luego el rey se fue a su palacio, y se acostó
ayuno; ni instrumentos de música fueron traídos
delante de él, y se le fue el sueño.
6:19 El rey, pues, se levantó muy de mañana, y fue
apresuradamente al foso de los leones.
6:20 Y acercándose al foso llamó a voces a Daniel
con voz triste, y le dijo: Daniel, siervo del Dios
viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente
sirves, ¿te ha podido librar de los leones?
6:21 Entonces Daniel respondió al rey: Oh rey, vive
para siempre.
6:22 Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca
de los leones, para que no me hiciesen daño, porque
ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti,
oh rey, yo no he hecho nada malo.
6:23 Entonces se alegró el rey en gran manera a
causa de él, y mandó sacar a Daniel del foso; y fue
Daniel sacado del foso, y ninguna lesión se halló en
él, porque había confiado en su Dios.
6:24 Y dio orden el rey, y fueron traídos aquellos
hombres que habían acusado a Daniel, y fueron
echados en el foso de los leones ellos, sus hijos y
sus mujeres; y aún no habían llegado al fondo del
foso, cuando los leones se apoderaron de ellos y
quebraron todos sus huesos.
6:25 Entonces el rey Darío escribió a todos los
pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la
tierra: Paz os sea multiplicada.
6:26 De parte mía es puesta esta ordenanza: Que en
todo el dominio de mi reino todos teman y tiemblen
ante la presencia del Dios de Daniel; porque él es
el Dios viviente y permanece por todos los siglos, y
su reino no será jamás destruido, y su dominio
perdurará hasta el fin.
6:27 El salva y libra, y hace señales y maravillas
en el cielo y en la tierra; él ha librado a Daniel
del poder de los leones.
6:28 Y este Daniel prosperó durante el reinado de
Darío y durante el reinado de Ciro el persa.
Capítulo 7
Visión de las cuatro bestias
7:1 En el primer año de Belsasar rey de Babilonia
tuvo Daniel un sueño, y visiones de su cabeza
mientras estaba en su lecho; luego escribió el
sueño, y relató lo principal del asunto.
7:2 Daniel dijo: Miraba yo en mi visión de noche, y
he aquí que los cuatro vientos del cielo combatían
en el gran mar.
7:3 Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de
la otra, subían del mar. 
7:4 La primera era como león, y tenía alas de
águila. Yo estaba mirando hasta que sus alas fueron
arrancadas, y fue levantada del suelo y se puso
enhiesta sobre los pies a manera de hombre, y le fue
dado corazón de hombre.
7:5 Y he aquí otra segunda bestia, semejante a un
oso, la cual se alzaba de un costado más que del
otro, y tenía en su boca tres costillas entre los
dientes; y le fue dicho así: Levántate, devora mucha
carne.
7:6 Después de esto miré, y he aquí otra, semejante
a un leopardo, con cuatro alas de ave en sus
espaldas; tenía tembién esta bestia cuatro cabezas;
y le fue dado dominio.
7:7 Después de esto miraba yo en las visiones de la
noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y
terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos
dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y
las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente
de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía
diez cuernos. 
7:8 Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que
otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de
él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y
he aquí que este cuerno tenía ojos como de hombre, y
una boca que hablaba grandes cosas.
7:9 Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos,
y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era
blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como
lana limpia;
su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo,
fuego ardiente.
7:10 Un río de fuego procedía y salía de delante de
él; millares de millares le servían, y millones de
millones asistían delante de él;
el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos.
7:11 Yo entonces miraba a causa del sonido de las
grandes palabras que hablaba el cuerno; miraba hasta
que mataron a la bestia, y su cuerpo fue destrozado
y entregado para ser quemado en el fuego.
7:12 Habían también quitado a las otras bestias su
dominio, pero les había sido prolongada la vida
hasta cierto tiempo.
7:13 Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí
con las nubes del cielo venía uno como un hijo de
hombre,      
que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron
acercarse delante de él.
7:14 Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que
todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran;
su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su
reino uno que no será destruido.
7:15 Se me turbó el espíritu a mí, Daniel, en medio
de mi cuerpo, y las visiones de mi cabeza me
asombraron.
7:16 Me acerqué a uno de los que asistían, y le
pregunté la verdad acerca de todo esto. Y me habló,
y me hizo conocer la interpretación de las cosas.
7:17 Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes
que se levantarán en la tierra.
7:18 Después recibirán el reino los santos del
Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo,
eternamente y para siempre.
7:19 Entonces tuve deseo de saber la verdad acerca
de la cuarta bestia, que era tan diferente de todas
las otras, espantosa en gran manera, que tenía
dientes de hierro y uñas de bronce, que devoraba y
desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies;
7:20 asimismo acerca de los diez cuernos que tenía
en su cabeza, y del otro que le había salido,
delante del cual habían caído tres; y este mismo
cuerno tenía ojos, y boca que hablaba grandes cosas,
y parecía más grande que sus compañeros.
7:21 Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra
los santos, y los vencía,
7:22 hasta que vino el Anciano de días, y se dio el
juicio a los santos del Altísimo;
y llegó el tiempo, y los santos recibieron el
reino.
7:23 Dijo así: La cuarta bestia será un cuarto reino
en la tierra, el cual será diferente de todos los
otros reinos, y a toda la tierra devorará, trillará
y despedazará.
7:24 Y los diez cuernos significan que de aquel
reino se levantarán diez reyes;
y tras ellos se levantará otro, el cual será
diferente de los primeros, y a tres reyes
derribará.
7:25 Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los
santos del Altísimo quebrantará, y pensará en
cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en
su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo. 
7:26 Pero se sentará el Juez, y le quitarán su
dominio para que sea destruido y arruinado hasta el
fin,
7:27 y que el reino, y el dominio y la majestad de
los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al
pueblo de los santos del Altísimo,
cuyo reino es reino eterno,
y todos los dominios le servirán y obedecerán.
7:28 Aquí fue el fin de sus palabras. En cuanto a
mí, Daniel, mis pensamientos me turbaron y mi rostro
se demudó; pero guardé el asunto en mi corazón.
Capítulo 8
Visión del carnero y del macho cabrío
8:1 En el año tercero del reinado del rey Belsasar
me apareció una visión a mí, Daniel, después de
aquella que me había aparecido antes.
8:2 Vi en visión; y cuando la vi, yo estaba en Susa,
que es la capital del reino en la provincia de Elam;
vi, pues, en visión, estando junto al río Ulai.
8:3 Alcé los ojos y miré, y he aquí un carnero que
estaba delante del río, y tenía dos cuernos; y
aunque los cuernos eran altos, uno era más alto que
el otro; y el más alto creció después.
8:4 Vi que el carnero hería con los cuernos al
poniente, al norte y al sur, y que ninguna bestia
podía parar delante de él, ni había quien escapase
de su poder; y hacía conforme a su voluntad, y se
engrandecía.
8:5 Mientras yo consideraba esto, he aquí un macho
cabrío venía del lado del poniente sobre la faz de
toda la tierra, sin tocar tierra; y aquel macho
cabrío tenía un cuerno notable entre sus ojos.
8:6 Y vino hasta el carnero de dos cuernos, que yo
había visto en la ribera del río, y corrió contra él
con la furia de su fuerza.
8:7 Y lo vi que llegó junto al carnero, y se levantó
contra él y lo hirió, y le quebró sus dos cuernos, y
el carnero no tenía fuerzas para pararse delante de
él; lo derribó, por tanto, en tierra, y lo pisoteó,
y no hubo quien librase al carnero de su poder.
8:8 Y el macho cabrío se engrandeció sobremanera;
pero estando en su mayor fuerza, aquel gran cuerno
fue quebrado, y en su lugar salieron otros cuatro
cuernos notables hacia los cuatro vientos del
cielo.
8:9 Y de uno de ellos salió un cuerno pequeño, que
creció mucho al sur, y al oriente, y hacia la tierra
gloriosa.
8:10 Y se engrandeció hasta el ejército del cielo; y
parte del ejército y de las estrellas echó por
tierra,
y las pisoteó.
8:11 Aun se engrandeció contra el príncipe de los
ejércitos, y por él fue quitado el continuo
sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado
por tierra.
8:12 Y a causa de la prevaricación le fue entregado
el ejército junto con el continuo sacrificio; y echó
por tierra la verdad, e hizo cuanto quiso, y
prosperó.
8:13 Entonces oí a un santo que hablaba; y otro de
los santos preguntó a aquel que hablaba: ¿Hasta
cuándo durará la visión del continuo sacrificio, y
la prevaricación asoladora entregando el santuario y
el ejército para ser pisoteados?
8:14 Y él dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y
mañanas; luego el santuario será purificado.
8:15 Y aconteció que mientras yo Daniel consideraba
la visión y procuraba comprenderla, he aquí se puso
delante de mí uno con apariencia de hombre.
8:16 Y oí una voz de hombre entre las riberas del
Ulai, que gritó y dijo: Gabriel,
enseña a éste la visión.
8:17 Vino luego cerca de donde yo estaba; y con su
venida me asombré, y me postré sobre mi rostro. Pero
él me dijo: Entiende, hijo de hombre, porque la
visión es para el tiempo del fin.
8:18 Mientras él hablaba conmigo, caí dormido en
tierra sobre mi rostro; y él me tocó, y me hizo
estar en pie.
8:19 Y dijo: He aquí yo te enseñaré lo que ha de
venir al fin de la ira; porque eso es para el tiempo
del fin.
8:20 En cuanto al carnero que viste, que tenía dos
cuernos, éstos son los reyes de Media y de Persia.
8:21 El macho cabrío es el rey de Grecia, y el
cuerno grande que tenía entre sus ojos es el rey
primero.
8:22 Y en cuanto al cuerno que fue quebrado, y
sucedieron cuatro en su lugar, significa que cuatro
reinos se levantarán de esa nación, aunque no con la
fuerza de él.
8:23 Y al fin del reinado de éstos, cuando los
transgresores lleguen al colmo, se levantará un rey
altivo de rostro y entendido en enigmas.
8:24 Y su poder se fortalecerá, mas no con fuerza
propia; y causará grandes ruinas, y prosperará, y
hará arbitrariamente, y destruirá a los fuertes y al
pueblo de los santos.
8:25 Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su
mano; y en su corazón se engrandecerá, y sin aviso
destruirá a muchos; y se levantará contra el
Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado,
aunque no por mano humana.
8:26 La visión de las tardes y mañanas que se ha
referido es verdadera; y tú guarda la visión, porque
es para muchos días.
8:27 Y yo Daniel quedé quebrantado, y estuve enfermo
algunos días, y cuando convalecí, atendí los
negocios del rey; pero estaba espantado a causa de
la visión, y no la entendía.
Capítulo 9
Oración de Daniel por su pueblo
9:1 En el año primero de Darío hijo de Asuero, de la
nación de los medos, que vino a ser rey sobre el
reino de los caldeos,
9:2 en el año primero de su reinado, yo Daniel miré
atentamente en los libros el número de los años de
que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de
cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta
años. 
9:3 Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en
oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza.
9:4 Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión
diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser
temido, que guardas el pacto y la misericordia con
los que te aman y guardan tus mandamientos;
9:5 hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos
hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos
apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas.
9:6 No hemos obedecido a tus siervos los profetas,
que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a
nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el
pueblo de la tierra.
9:7 Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la
confusión de rostro, como en el día de hoy lleva
todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y
todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas
las tierras adonde los has echado a causa de su
rebelión con que se rebelaron contra ti.
9:8 Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de
nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros
padres; porque contra ti pecamos.
9:9 De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia
y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado,
9:10 y no obedecimos a la voz de Jehová nuestro
Dios, para andar en sus leyes que él puso delante de
nosotros por medio de sus siervos los profetas.
9:11 Todo Israel traspasó tu ley apartándose para no
obedecer tu voz; por lo cual ha caído sobre nosotros
la maldición y el juramento que está escrito en la
ley de Moisés, siervo de Dios; porque contra él
pecamos.
9:12 Y él ha cumplido la palabra que habló contra
nosotros y contra nuestros jefes que nos gobernaron,
trayendo sobre nosotros tan grande mal; pues nunca
fue hecho debajo del cielo nada semejante a lo que
se ha hecho contra Jerusalén.
9:13 Conforme está escrito en la ley de Moisés, todo
este mal vino sobre nosotros; y no hemos implorado
el favor de Jehová nuestro Dios, para convertirnos
de nuestras maldades y entender tu verdad.
9:14 Por tanto, Jehová veló sobre el mal y lo trajo
sobre nosotros; porque justo es Jehová nuestro Dios
en todas sus obras que ha hecho, porque no
obedecimos a su voz.
9:15 Ahora pues, Señor Dios nuestro, que sacaste tu
pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa, y
te hiciste renombre cual lo tienes hoy; hemos
pecado, hemos hecho impíamente.
9:16 Oh Señor, conforme a todos tus actos de
justicia, apártese ahora tu ira y tu furor de sobre
tu ciudad Jerusalén, tu santo monte; porque a causa
de nuestros pecados, y por la maldad de nuestros
padres, Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de
todos en derredor nuestro.
9:17 Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu
siervo, y sus ruegos; y haz que tu rostro
resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor
del Señor.
9:18 Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus
ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad
sobre la cual es invocado tu nombre; porque no
elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en
nuestras justicias, sino en tus muchas
misericordias.
9:19 Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído,
Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo,
Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu
ciudad y sobre tu pueblo.
Profecía de las setenta semanas
9:20 Aún estaba hablando y orando, y confesando
mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y
derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el
monte santo de mi Dios;
9:21 aún estaba hablando en oración, cuando el varón
Gabriel,
a quien había visto en la visión al principio,
volando con presteza, vino a mí como a la hora del
sacrificio de la tarde.
9:22 Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo:
Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y
entendimiento.
9:23 Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y
yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy
amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la
visión.
9:24 Setenta semanas están determinadas sobre tu
pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la
prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la
iniquidad, para traer la justicia perdurable, y
sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de
los santos.
9:25 Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de
la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta
el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y
dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el
muro en tiempos angustiosos.
9:26 Y después de las sesenta y dos semanas se
quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el
pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la
ciudad y el santuario; y su fin será con inundación,
y hasta el fin de la guerra durarán las
devastaciones.
9:27 Y por otra semana confirmará el pacto con
muchos; a la mitad de la semana hará cesar el
sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre
de las abominaciones vendrá el desolador,  
hasta que venga la consumación, y lo que está
determinado se derrame sobre el desolador.
Capítulo 10
Visión de Daniel junto al río
10:1 En el año tercero de Ciro rey de Persia fue
revelada palabra a Daniel, llamado Beltsasar; y la
palabra era verdadera, y el conflicto grande; pero
él comprendió la palabra, y tuvo inteligencia en la
visión.
10:2 En aquellos días yo Daniel estuve afligido por
espacio de tres semanas.
10:3 No comí manjar delicado, ni entró en mi boca
carne ni vino, ni me ungí con ungüento, hasta que se
cumplieron las tres semanas.
10:4 Y el día veinticuatro del mes primero estaba yo
a la orilla del gran río Hidekel.
10:5 Y alcé mis ojos y miré, y he aquí un varón
vestido de lino,
y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz.
10:6 Su cuerpo era como de berilo, y su rostro
parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de
fuego, y sus brazos y sus pies como de color de
bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el
estruendo de una multitud.
10:7 Y sólo yo, Daniel, vi aquella visión, y no la
vieron los hombres que estaban conmigo, sino que se
apoderó de ellos un gran temor, y huyeron y se
escondieron.
10:8 Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, y
no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en
desfallecimiento, y no tuve vigor alguno.
10:9 Pero oí el sonido de sus palabras; y al oír el
sonido de sus palabras, caí sobre mi rostro en un
profundo sueño, con mi rostro en tierra.
10:10 Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me
pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis
manos.
10:11 Y me dijo: Daniel, varón muy amado, está
atento a las palabras que te hablaré, y ponte en
pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras
hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando.
10:12 Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque
desde el primer día que dispusiste tu corazón a
entender y a humillarte en la presencia de tu Dios,
fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras
yo he venido.
10:13 Mas el príncipe del reino de Persia se me
opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel,
uno de los principales príncipes, vino para
ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia.
10:14 He venido para hacerte saber lo que ha de
venir a tu pueblo en los postreros días; porque la
visión es para esos días.
10:15 Mientras me decía estas palabras, estaba yo
con los ojos puestos en tierra, y enmudecido.
10:16 Pero he aquí, uno con semejanza de hijo de
hombre tocó mis labios. Entonces abrí mi boca y
hablé, y dije al que estaba delante de mí: Señor
mío, con la visión me han sobrevenido dolores, y no
me queda fuerza.
10:17 ¿Cómo, pues, podrá el siervo de mi señor
hablar con mi señor? Porque al instante me faltó la
fuerza, y no me quedó aliento.
10:18 Y aquel que tenía semejanza de hombre me tocó
otra vez, y me fortaleció,
10:19 y me dijo: Muy amado, no temas; la paz sea
contigo; esfuérzate y aliéntate. Y mientras él me
hablaba, recobré las fuerzas, y dije: Hable mi
señor, porque me has fortalecido.
10:20 El me dijo: ¿Sabes por qué he venido a tí?
Pues ahora tengo que volver para pelear contra el
príncipe de Persia; y al terminar con él, el
príncipe de Grecia vendrá.
10:21 Pero yo te declararé lo que está escrito en el
libro de la verdad; y ninguno me ayuda contra ellos,
sino Miguel
vuestro príncipe.
Capítulo 11
11:1 Y yo mismo, en el año primero de Darío el medo,
estuve para animarlo y fortalecerlo. Losreyes del
norte y del sur 11:2 Y ahora yo te mostraré la
verdad. He aquí que aún habrá tres reyes en Persia,
y el cuarto se hará de grandes riquezas más que
todos ellos; y al hacerse fuerte con sus riquezas,
levantará a todos contra el reino de Grecia.
11:3 Se levantará luego un rey valiente, el cual
dominará con gran poder y hará su voluntad.
11:4 Pero cuando se haya levantado, su reino será
quebrantado y repartido hacia los cuatro vientos del
cielo; no a sus descendientes, ni según el dominio
con que él dominó; porque su reino será arrancado, y
será para otros fuera de ellos.
11:5 Y se hará fuerte el rey del sur; mas uno de sus
príncipes será más fuerte que él, y se hará
poderoso; su dominio será grande.
11:6 Al cabo de años harán alianza, y la hija del
rey del sur vendrá al rey del norte para hacer la
paz. Pero ella no podrá retener la fuerza de su
brazo, ni permanecerá él, ni su brazo; porque será
entregada ella y los que la habían traído, asimismo
su hijo, y los que estaban de parte de ella en aquel
tiempo.
11:7 Pero un renuevo de sus raíces se levantará
sobre su trono, y vendrá con ejército contra el rey
del norte, y entrará en la fortaleza, y hará en
ellos a su arbitrio, y predominará.
11:8 Y aun a los dioses de ellos, sus imágenes
fundidas y sus objetos preciosos de plata y de oro,
llevará cautivos a Egipto; y por años se mantendrá
él contra el rey del norte.
11:9 Así entrará en el reino el rey del sur, y
volverá a su tierra.
11:10 Mas los hijos de aquél se airarán, y reunirán
multitud de grandes ejércitos; y vendrá
apresuradamente e inundará, y pasará adelante; luego
volverá y llevará la guerra hasta su fortaleza.
11:11 Por lo cual se enfurecerá el rey del sur, y
saldrá y peleará contra el rey del norte; y pondrá
en campaña multitud grande, y toda aquella multitud
será entregada en su mano.
11:12 Y al llevarse él la multitud, se elevará su
corazón, y derribará a muchos millares; mas no
prevalecerá.
11:13 Y el rey del norte volverá a poner en campaña
una multitud mayor que la primera, y al cabo de
algunos años vendrá apresuradamente con gran
ejército y con muchas riquezas.
11:14 En aquellos tiempos se levantarán muchos
contra el rey del sur; y hombres turbulentos de tu
pueblo se levantarán para cumplir la visión, pero
ellos caerán.
11:15 Vendrá, pues, el rey del norte, y levantará
baluartes, y tomará la ciudad fuerte; y las fuerzas
del sur no podrán sostenerse, ni sus tropas
escogidas, porque no habrá fuerzas para resistir.
11:16 Y el que vendrá contra él hará su voluntad, y
no habrá quien se le pueda enfrentar; y estará en la
tierra gloriosa, la cual será consumida en su
poder.
11:17 Afirmará luego su rostro para venir con el
poder de todo su reino; y hará con aquél convenios,
y le dará una hija de mujeres para destruirle; pero
no permanecerá, ni tendrá éxito.
11:18 Volverá después su rostro a las costas, y
tomará muchas; mas un príncipe hará cesar su
afrenta, y aun hará volver sobre él su oprobio.
11:19 Luego volverá su rostro a las fortalezas de su
tierra; mas tropezará y caerá, y no será hallado.
11:20 Y se levantará en su lugar uno que hará pasar
un cobrador de tributos por la gloria del reino;
pero en pocos días será quebrantado, aunque no en
ira, ni en batalla.
11:21 Y le sucederá en su lugar un hombre
despreciable, al cual no darán la honra del reino;
pero vendrá sin aviso y tomará el reino con
halagos.
11:22 Las fuerzas enemigas serán barridas delante de
él como con inundación de aguas; serán del todo
destruidos, junto con el príncipe del pacto.
11:23 Y después del pacto con él, engañará y subirá,
y saldrá vencedor con poca gente.
11:24 Estando la provincia en paz y en abundancia,
entrará y hará lo que no hicieron sus padres, ni los
padres de sus padres; botín, despojos y riquezas
repartirá a sus soldados, y contra las fortalezas
formará sus designios; y esto por un tiempo.
11:25 Y despertará sus fuerzas y su ardor contra el
rey del sur con gran ejército; y el rey del sur se
empeñará en la guerra con grande y muy fuerte
ejército; mas no prevalecerá, porque le harán
traición.
11:26 Aun los que coman de sus manjares le
quebrantarán; y su ejército será destruido, y caerán
muchos muertos.
11:27 El corazón de estos dos reyes será para hacer
mal, y en una misma mesa hablarán mentira; mas no
servirá de nada, porque el plazo aún no habrá
llegado.
11:28 Y volverá a su tierra con gran riqueza, y su
corazón será contra el pacto santo; hará su
voluntad, y volverá a su tierra.
11:29 Al tiempo señalado volverá al sur; mas no será
la postrera venida como la primera.
11:30 Porque vendrán contra él naves de Quitim, y él
se contristará, y volverá, y se enojará contra el
pacto santo, y hará según su voluntad; volverá,
pues, y se entenderá con los que abandonen el santo
pacto.
11:31 Y se levantarán de su parte tropas que
profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán
el continuo sacrificio, y pondrán la abominación
desoladora.  
11:32 Con lisonjas seducirá a los violadores del
pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se
esforzará y actuará.
11:33 Y los sabios del pueblo instruirán a muchos; y
por algunos días caerán a espada y a fuego, en
cautividad y despojo.
11:34 Y en su caída serán ayudados de pequeño
socorro; y muchos se juntarán a ellos con lisonjas.
11:35 También algunos de los sabios caerán para ser
depurados y limpiados y emblanquecidos, hasta el
tiempo determinado; porque aun para esto hay plazo.
11:36 Y el rey hará su voluntad, y se ensoberbecerá,
y se engrandecerá sobre todo dios;
y contra el Dios de los dioses hablará maravillas,
y prosperará, hasta que sea consumada la ira; porque
lo determinado se cumplirá.
11:37 Del Dios de sus padres no hará caso, ni del
amor de las mujeres; ni respetará a dios alguno,
porque sobre todo se engrandecerá.
11:38 Mas honrará en su lugar al dios de las
fortalezas, dios que sus padres no conocieron; lo
honrará con oro y plata, con piedras preciosas y con
cosas de gran precio.
11:39 Con un dios ajeno se hará de las fortalezas
más inexpugnables, y colmará de honores a los que le
reconozcan, y por precio repartirá la tierra.
11:40 Pero al cabo del tiempo el rey del sur
contenderá con él; y el rey del norte se levantará
contra él como una tempestad, con carros y gente de
a caballo, y muchas naves; y entrará por las
tierras, e inundará, y pasará.
11:41 Entrará a la tierra gloriosa, y muchas
provincias caerán; mas éstas escaparán de su mano:
Edom y Moab, y la mayoría de los hijos de Amón.
11:42 Extenderá su mano contra las tierras, y no
escapará el país de Egipto.
11:43 Y se apoderará de los tesoros de oro y plata,
y de todas las cosas preciosas de Egipto; y los de
Libia y de Etiopía le seguirán.
11:44 Pero noticias del oriente y del norte lo
atemorizarán, y saldrá con gran ira para destruir y
matar a muchos.
11:45 Y plantará las tiendas de su palacio entre los
mares y el monte glorioso y santo; mas llegará a su
fin, y no tendrá quien le ayude.
Capítulo 12
El tiempo del fin
12:1 En aquel tiempo se levantará Miguel,
el gran príncipe que está de parte de los hijos de
tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue
desde que hubo gente hasta entonces;  
pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos
los que se hallen escritos en el libro.
12:2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la
tierra serán despertados, unos para vida eterna, y
otros para vergüenza y confusión perpetua. 
12:3 Los entendidos resplandecerán como el
resplandor del firmamento; y los que enseñan la
justicia a la multitud, como las estrellas a
perpetua eternidad.
12:4 Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el
libro
hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí
para allá, y la ciencia se aumentará.
12:5 Y yo Daniel miré, y he aquí otros dos que
estaban en pie, el uno a este lado del río, y el
otro al otro lado del río.
12:6 Y dijo uno al varón vestido de lino, que estaba
sobre las aguas del río: ¿Cuándo será el fin de
estas maravillas?
12:7 Y oí al varón vestido de lino, que estaba sobre
las aguas del río, el cual alzó su diestra y su
siniestra al cielo, y juró por el que vive por los
siglos,
que será por tiempo, tiempos, y la mitad de un
tiempo.
Y cuando se acabe la dispersión del poder del pueblo
santo, todas estas cosas serán cumplidas.
12:8 Y yo oí, mas no entendí. Y dije: Señor mío,
¿cuál será el fin de estas cosas?
12:9 El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras
están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin.
12:10 Muchos serán limpios, y emblanquecidos y
purificados; los impíos procederán impíamente,
y ninguno de los impíos entenderá, pero los
entendidos comprenderán.
12:11 Y desde el tiempo que sea quitado el continuo
sacrificio hasta la abominación desoladora,  
habrá mil doscientos noventa días.
12:12 Bienaventurado el que espere, y llegue a mil
trescientos treinta y cinco días.
12:13 Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te
levantarás para recibir tu heredad al fin de los
días.
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