Capítulo 1
Salutación
1:1
Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y
el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que está en
Corinto,
con todos los santos que están en toda Acaya:
1:2 Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del
Señor Jesucristo.
Aflicciones de Pablo
1:3
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,
Padre de misericordias y Dios de toda consolación,
1:4 el cual nos consuela en todas nuestras
tribulaciones, para que podamos también nosotros
consolar a los que están en cualquier tribulación, por
medio de la consolación con que nosotros somos
consolados por Dios.
1:5 Porque de la manera que abundan en nosotros las
aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo
Cristo nuestra consolación.
1:6 Pero si somos atribulados, es para vuestra
consolación y salvación; o si somos consolados, es para
vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el
sufrir las mismas aflicciones que nosotros también
padecemos.
1:7 Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme,
pues sabemos que así como sois compañeros en las
aflicciones, también lo sois en la consolación.
1:8 Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de
nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia;
pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras
fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de
conservar la vida.
1:9 Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte,
para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios
que resucita a los muertos;
1:10 el cual nos libró, y nos libra, y en quien
esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte;
1:11 cooperando también vosotros a favor nuestro con la
oración, para que por muchas personas sean dadas gracias
a favor nuestro por el don concedido a nosotros por
medio de muchos.
Por qué Pablo pospuso su visita a Corinto
1:12
Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra
conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios, no
con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios, nos
hemos conducido en el mundo, y mucho más con vosotros.
1:13 Porque no os escribimos otras cosas de las que
leéis, o también entendéis; y espero que hasta el fin
las entenderéis;
1:14 como también en parte habéis entendido que somos
vuestra gloria, así como también vosotros la nuestra,
para el día del Señor Jesús.
1:15 Con esta confianza quise ir primero a vosotros,
para que tuvieseis una segunda gracia,
1:16 y por vosotros pasar a Macedonia,
y desde Macedonia venir otra vez a vosotros, y ser
encaminado por vosotros a Judea.
1:17 Así que, al proponerme esto, ¿usé quizá de
ligereza? ¿O lo que pienso hacer, lo pienso según la
carne, para que haya en mí Sí y No?
1:18 Mas, como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros
no es Sí y No.
1:19 Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre
vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano
y Timoteo,
no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él;
1:20 porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y
en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de
Dios.
1:21 Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el
que nos ungió, es Dios,
1:22 el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las
arras del Espíritu en nuestros corazones.
1:23 Mas yo invoco a Dios por testigo sobre mi alma, que
por ser indulgente con vosotros no he pasado todavía a
Corinto.
1:24 No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que
colaboramos para vuestro gozo; porque por la fe estáis
firmes.
Capítulo 2
2:1 Esto,
pues, determiné para conmigo, no ir otra vez a vosotros
con tristeza.
2:2 Porque si yo os contristo, ¿quién será luego el que
me alegre, sino aquel a quien yo contristé?
2:3 Y esto mismo os escribí, para que cuando llegue no
tenga tristeza de parte de aquellos de quienes me
debiera gozar; confiando en vosotros todos que mi gozo
es el de todos vosotros.
2:4 Porque por la mucha tribulación y angustia del
corazón os escribí con muchas lágrimas, no para que
fueseis contristados, sino para que supieseis cuán
grande es el amor que os tengo.
Pablo perdona al ofensor
2:5 Pero
si alguno me ha causado tristeza, no me la ha causado a
mí solo, sino en cierto modo (por no exagerar) a todos
vosotros.
2:6 Le basta a tal persona esta reprensión hecha por
muchos;
2:7 así que, al contrario, vosotros más bien debéis
perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de
demasiada tristeza.
2:8 Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con
él.
2:9 Porque también para este fin os escribí, para tener
la prueba de si vosotros sois obedientes en todo.
2:10 Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque
también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado,
por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo,
2:11 para que Satanás no gane ventaja alguna sobre
nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.
Ansiedad de Pablo en Troas
2:12
Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de
Cristo, aunque se me abrió puerta en el Señor,
2:13 no tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado
a mi hermano Tito; así, despidiéndome de ellos, partí
para Macedonia.
Triunfantes en Cristo
2:14 Mas
a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en
Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo
lugar el olor de su conocimiento.
2:15 Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los
que se salvan, y en los que se pierden;
2:16 a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a
aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas,
¿quién es suficiente?
2:17 Pues no somos como muchos, que medran falsificando
la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de
parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo.
Capítulo 3
Ministros del nuevo pacto
3:1
¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos?
¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de
recomendación para vosotros, o de recomendación de
vosotros?
3:2 Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros
corazones, conocidas y leídas por todos los hombres;
3:3 siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida
por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu
del Dios vivo; no en tablas de piedra,
sino en tablas de carne del corazón.
3:4 Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con
Dios;
3:5 no que seamos competentes por nosotros mismos para
pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra
competencia proviene de Dios,
3:6 el cual asimismo nos hizo ministros competentes de
un nuevo pacto,
no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata,
mas el espíritu vivifica.
3:7 Y si el ministerio de muerte grabado con letras en
piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no
pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa
de la gloria de su rostro,
la cual había de perecer,
3:8 ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del
espíritu?
3:9 Porque si el ministerio de condenación fue con
gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de
justificación.
3:10 Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso en
este respecto, en comparación con la gloria más
eminente.
3:11 Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más
glorioso será lo que permanece.
3:12 Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha
franqueza;
3:13 y no como Moisés, que ponía un velo sobre su
rostro,
para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el
fin de aquello que había de ser abolido.
3:14 Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque
hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les
queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo
es quitado.
3:15 Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés,
el velo está puesto sobre el corazón de ellos.
3:16 Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se
quitará.
3:17 Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el
Espíritu del Señor, allí hay libertad.
3:18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara
descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos
transformados de gloria en gloria en la misma imagen,
como por el Espíritu del Señor.
Capítulo 4
4:1 Por lo
cual, teniendo nosotros este ministerio según la
misericordia que hemos recibido, no desmayamos.
4:2 Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no
andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios,
sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a
toda conciencia humana delante de Dios.
4:3 Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre
los que se pierden está encubierto;
4:4 en los cuales el dios de este siglo cegó el
entendimiento de los incrédulos, para que no les
resplandezca la luz del evangelio de la gloria de
Cristo, el cual es la imagen de Dios.
4:5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a
Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros
siervos por amor de Jesús.
4:6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas
resplandeciese la luz,
es el que resplandeció en nuestros corazones, para
iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la
faz de Jesucristo.
Viviendo por la fe
4:7 Pero
tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la
excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros,
4:8 que estamos atribulados en todo, mas no angustiados;
en apuros, mas no desesperados;
4:9 perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero
no destruidos;
4:10 llevando en el cuerpo siempre por todas partes la
muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se
manifieste en nuestros cuerpos.
4:11 Porque nosotros que vivimos, siempre estamos
entregados a muerte por causa de Jesús, para que también
la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.
4:12 De manera que la muerte actúa en nosotros, y en
vosotros la vida.
4:13 Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a
lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé,
nosotros también creemos, por lo cual también hablamos,
4:14 sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a
nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos
presentará juntamente con vosotros.
4:15 Porque todas estas cosas padecemos por amor a
vosotros, para que abundando la gracia por medio de
muchos, la acción de gracias sobreabunde para gloria de
Dios.
4:16 Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro
hombre exterior se va desgastando, el interior no
obstante se renueva de día en día.
4:17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en
nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de
gloria;
4:18 no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las
que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales,
pero las que no se ven son eternas.
Capítulo 5
5:1 Porque
sabemos que si nuestra morada terrestre, este
tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio,
una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos.
5:2 Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos
de aquella nuestra habitación celestial;
5:3 pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos.
5:4 Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo
gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser
desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea
absorbido por la vida.
5:5 Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien
nos ha dado las arras del Espíritu.
5:6 Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que
entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes
del Señor
5:7 (porque por fe andamos, no por vista);
5:8 pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del
cuerpo, y presentes al Señor.
5:9 Por tanto procuramos también, o ausentes o
presentes, serle agradables.
5:10 Porque es necesario que todos nosotros
comparezcamos ante el tribunal de Cristo,
para que cada uno reciba según lo que haya hecho
mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.
El ministerio de la reconciliación
5:11
Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los
hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que somos; y
espero que también lo sea a vuestras conciencias.
5:12 No nos recomendamos, pues, otra vez a vosotros,
sino os damos ocasión de gloriaros por nosotros, para
que tengáis con qué responder a los que se glorían en
las apariencias y no en el corazón.
5:13 Porque si estamos locos, es para Dios; y si somos
cuerdos, es para vosotros.
5:14 Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando
esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron;
5:15 y por todos murió, para que los que viven, ya no
vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por
ellos.
5:16 De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie
conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos
según la carne, ya no lo conocemos así.
5:17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva
criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son
hechas nuevas.
5:18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió
consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la
reconciliación;
5:19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al
mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus
pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la
reconciliación.
5:20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo,
como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en
nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.
5:21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo
pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de
Dios en él.
Capítulo 6
6:1 Así,
pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos
también a que no recibáis en vano la gracia de Dios.
6:2 Porque dice:
En tiempo aceptable te he oído,
Y en día de salvación te he socorrido.
He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día
de salvación.
6:3 No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para
que nuestro ministerio no sea vituperado;
6:4 antes bien, nos recomendamos en todo como ministros
de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en
necesidades, en angustias;
6:5 en azotes, en cárceles,
en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos;
6:6 en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad,
en el Espíritu Santo, en amor sincero,
6:7 en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de
justicia a diestra y a siniestra;
6:8 por honra y por deshonra, por mala fama y por buena
fama; como engañadores, pero veraces;
6:9 como desconocidos, pero bien conocidos; como
moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no
muertos;
6:10 como entristecidos, mas siempre gozosos; como
pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo
nada, mas poseyéndolo todo.
6:11 Nuestra boca se ha abierto a vosotros, oh
corintios; nuestro corazón se ha ensanchado.
6:12 No estáis estrechos en nosotros, pero sí sois
estrechos en vuestro propio corazón.
6:13 Pues, para corresponder del mismo modo (como a
hijos hablo), ensanchaos también vosotros.
Somos templo del Dios viviente
6:14 No
os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque
¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia?
¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?
6:15 ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el
creyente con el incrédulo?
6:16 ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los
ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios
viviente,
como Dios dijo:
Habitaré y andaré entre ellos,
Y seré su Dios,
Y ellos serán mi pueblo. 
6:17 Por lo cual,
Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el
Señor,
Y no toquéis lo inmundo;
Y yo os recibiré,
6:18 Y seré para vosotros por Padre,
Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor
Todopoderoso.
Capítulo 7
7:1 Así que,
amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos
de toda contaminación de carne y de espíritu,
perfeccionando la santidad en el temor de Dios.
Regocijo de Pablo al arrepentirse los corintios
7:2
Admitidnos: a nadie hemos agraviado, a nadie hemos
corrompido, a nadie hemos engañado.
7:3 No lo digo para condenaros; pues ya he dicho antes
que estáis en nuestro corazón, para morir y para vivir
juntamente.
7:4 Mucha franqueza tengo con vosotros; mucho me glorío
con respecto de vosotros; lleno estoy de consolación;
sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones.
7:5 Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia,
ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo
fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro,
temores.
7:6 Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló
con la venida de Tito;
7:7 y no sólo con su venida, sino también con la
consolación con que él había sido consolado en cuanto a
vosotros, haciéndonos saber vuestro gran afecto, vuestro
llanto, vuestra solicitud por mí, de manera que me
regocijé aun más.
7:8 Porque aunque os contristé con la carta, no me pesa,
aunque entonces lo lamenté; porque veo que aquella
carta, aunque por algún tiempo, os contristó.
7:9 Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados,
sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento;
porque habéis sido contristados según Dios, para que
ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte.
7:10 Porque la tristeza que es según Dios produce
arrepentimiento para salvación, de que no hay que
arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce
muerte.
7:11 Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido
contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en
vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué
ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os
habéis mostrado limpios en el asunto.
7:12 Así que, aunque os escribí, no fue por causa del
que cometió el agravio, ni por causa del que lo padeció,
sino para que se os hiciese manifiesta nuestra solicitud
que tenemos por vosotros delante de Dios.
7:13 Por esto hemos sido consolados en vuestra
consolación; pero mucho más nos gozamos por el gozo de
Tito, que haya sido confortado su espíritu por todos
vosotros.
7:14 Pues si de algo me he gloriado con él respecto de
vosotros, no he sido avergonzado, sino que así como en
todo os hemos hablado con verdad, también nuestro
gloriarnos con Tito resultó verdad.
7:15 Y su cariño para con vosotros es aun más abundante,
cuando se acuerda de la obediencia de todos vosotros, de
cómo lo recibisteis con temor y temblor.
7:16 Me gozo de que en todo tengo confianza en
vosotros.
Capítulo 8
La ofrenda para los santos
8:1
Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios
que se ha dado a las iglesias de Macedonia;
8:2 que en grande prueba de tribulación, la abundancia
de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas
de su generosidad.
8:3 Pues doy testimonio de que con agrado han dado
conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas,
8:4 pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos
el privilegio de participar en este servicio para los
santos.
8:5 Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se
dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la
voluntad de Dios;
8:6 de manera que exhortamos a Tito para que tal como
comenzó antes, asimismo acabe también entre vosotros
esta obra de gracia.
8:7 Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra,
en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para
con nosotros, abundad también en esta gracia.
8:8 No hablo como quien manda, sino para poner a prueba,
por medio de la diligencia de otros, también la
sinceridad del amor vuestro.
8:9 Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor
Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre,
siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis
enriquecidos.
8:10 Y en esto doy mi consejo; porque esto os conviene a
vosotros, que comenzasteis antes, no sólo a hacerlo,
sino también a quererlo, desde el año pasado.
8:11 Ahora, pues, llevad también a cabo el hacerlo, para
que como estuvisteis prontos a querer, así también lo
estéis en cumplir conforme a lo que tengáis.
8:12 Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será
acepta según lo que uno tiene, no según lo que no
tiene.
8:13 Porque no digo esto para que haya para otros
holgura, y para vosotros estrechez,
8:14 sino para que en este tiempo, con igualdad, la
abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que
también la abundancia de ellos supla la necesidad
vuestra, para que haya igualdad,
8:15 como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo
más, y el que poco, no tuvo menos.
8:16 Pero gracias a Dios que puso en el corazón de Tito
la misma solicitud por vosotros.
8:17 Pues a la verdad recibió la exhortación; pero
estando también muy solícito, por su propia voluntad
partió para ir a vosotros.
8:18 Y enviamos juntamente con él al hermano cuya
alabanza en el evangelio se oye por todas las iglesias;
8:19 y no sólo esto, sino que también fue designado por
las iglesias como compañero de nuestra peregrinación
para llevar este donativo, que es administrado por
nosotros para gloria del Señor mismo, y para demostrar
vuestra buena voluntad;
8:20 evitando que nadie nos censure en cuanto a esta
ofrenda abundante que administramos,
8:21 procurando hacer las cosas honradamente, no sólo
delante del Señor sino también delante de los hombres.
8:22 Enviamos también con ellos a nuestro hermano, cuya
diligencia hemos comprobado repetidas veces en muchas
cosas, y ahora mucho más diligente por la mucha
confianza que tiene en vosotros.
8:23 En cuanto a Tito, es mi compañero y colaborador
para con vosotros; y en cuanto a nuestros hermanos, son
mensajeros de las iglesias, y gloria de Cristo.
8:24 Mostrad, pues, para con ellos ante las iglesias la
prueba de vuestro amor, y de nuestro gloriarnos respecto
de vosotros.
Capítulo 9
9:1 Cuanto a
la ministración para los santos, es por demás que yo os
escriba;
9:2 pues conozco vuestra buena voluntad, de la cual yo
me glorío entre los de Macedonia, que Acaya está
preparada desde el año pasado; y vuestro celo ha
estimulado a la mayoría.
9:3 Pero he enviado a los hermanos, para que nuestro
gloriarnos de vosotros no sea vano en esta parte; para
que como lo he dicho, estéis preparados;
9:4 no sea que si vinieren conmigo algunos macedonios, y
os hallaren desprevenidos, nos avergoncemos nosotros,
por no decir vosotros, de esta nuestra confianza.
9:5 Por tanto, tuve por necesario exhortar a los
hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen
primero vuestra generosidad antes prometida, para que
esté lista como de generosidad, y no como de exigencia
nuestra.
9:6 Pero esto digo: El que siembra escasamente, también
segará escasamente; y el que siembra generosamente,
generosamente también segará.
9:7 Cada uno dé como propuso en su corazón: no con
tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador
alegre.
9:8 Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros
toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las
cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena
obra;
9:9 como está escrito:
Repartió, dio a los pobres;
Su justicia permanece para siempre.
9:10 Y el que da semilla al que siembra, y pan al que
come,
proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará
los frutos de vuestra justicia,
9:11 para que estéis enriquecidos en todo para toda
liberalidad, la cual produce por medio de nosotros
acción de gracias a Dios.
9:12 Porque la ministración de este servicio no
solamente suple lo que a los santos falta, sino que
también abunda en muchas acciones de gracias a Dios;
9:13 pues por la experiencia de esta ministración
glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al
evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra
contribución para ellos y para todos;
9:14 asimismo en la oración de ellos por vosotros, a
quienes aman a causa de la superabundante gracia de Dios
en vosotros.
9:15 ¡Gracias a Dios por su don inefable!
Capítulo 10
Pablo defiende su ministerio
10:1 Yo
Pablo os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo,
yo que estando presente ciertamente soy humilde entre
vosotros, mas ausente soy osado para con vosotros;
10:2 ruego, pues, que cuando esté presente, no tenga que
usar de aquella osadía con que estoy dispuesto a
proceder resueltamente contra algunos que nos tienen
como si anduviésemos según la carne.
10:3 Pues aunque andamos en la carne, no militamos según
la carne;
10:4 porque las armas de nuestra milicia no son
carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de
fortalezas,
10:5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta
contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo
pensamiento a la obediencia a Cristo,
10:6 y estando prontos para castigar toda desobediencia,
cuando vuestra obediencia sea perfecta.
10:7 Miráis las cosas según la apariencia. Si alguno
está persuadido en sí mismo que es de Cristo, esto
también piense por sí mismo, que como él es de Cristo,
así también nosotros somos de Cristo.
10:8 Porque aunque me gloríe algo más todavía de nuestra
autoridad, la cual el Señor nos dio para edificación y
no para vuestra destrucción, no me avergonzaré;
10:9 para que no parezca como que os quiero amedrentar
por cartas.
10:10 Porque a la verdad, dicen, las cartas son duras y
fuertes; mas la presencia corporal débil, y la palabra
menospreciable.
10:11 Esto tenga en cuenta tal persona, que así como
somos en la palabra por cartas, estando ausentes, lo
seremos también en hechos, estando presentes.
10:12 Porque no nos atrevemos a contarnos ni a
compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; pero
ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y
comparándose consigo mismos, no son juiciosos.
10:13 Pero nosotros no nos gloriaremos desmedidamente,
sino conforme a la regla que Dios nos ha dado por
medida, para llegar también hasta vosotros.
10:14 Porque no nos hemos extralimitado, como si no
llegásemos hasta vosotros, pues fuimos los primeros en
llegar hasta vosotros con el evangelio de Cristo.
10:15 No nos gloriamos desmedidamente en trabajos
ajenos, sino que esperamos que conforme crezca vuestra
fe seremos muy engrandecidos entre vosotros, conforme a
nuestra regla;
10:16 y que anunciaremos el evangelio en los lugares más
allá de vosotros, sin entrar en la obra de otro para
gloriarnos en lo que ya estaba preparado.
10:17 Mas el que se gloría, gloríese en el Señor;
10:18 porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo,
sino aquel a quien Dios alaba.
Capítulo 11
11:1 ¡Ojalá
me toleraseis un poco de locura! Sí, toleradme.
11:2 Porque os celo con celo de Dios; pues os he
desposado con un solo esposo, para presentaros como una
virgen pura a Cristo.
11:3 Pero temo que como la serpiente con su astucia
engañó a Eva,
vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de
la sincera fidelidad a Cristo.
11:4 Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que
el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu
que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que
habéis aceptado, bien lo toleráis;
11:5 y pienso que en nada he sido inferior a aquellos
grandes apóstoles.
11:6 Pues aunque sea tosco en la palabra, no lo soy en
el conocimiento; en todo y por todo os lo hemos
demostrado.
11:7 ¿Pequé yo humillándome a mí mismo, para que
vosotros fueseis enaltecidos, por cuanto os he predicado
el evangelio de Dios de balde?
11:8 He despojado a otras iglesias, recibiendo salario
para serviros a vosotros.
11:9 Y cuando estaba entre vosotros y tuve necesidad, a
ninguno fui carga, pues lo que me faltaba, lo suplieron
los hermanos que vinieron de Macedonia,
y en todo me guardé y me guardaré de seros gravoso.
11:10 Por la verdad de Cristo que está en mí, que no se
me impedirá esta mi gloria en las regiones de Acaya.
11:11 ¿Por qué? ¿Porque no os amo? Dios lo sabe.
11:12 Mas lo que hago, lo haré aún, para quitar la
ocasión a aquellos que la desean, a fin de que en
aquello en que se glorían, sean hallados semejantes a
nosotros.
11:13 Porque éstos son falsos apóstoles, obreros
fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de
Cristo.
11:14 Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se
disfraza como ángel de luz.
11:15 Así que, no es extraño si también sus ministros se
disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será
conforme a sus obras.
Sufrimientos de Pablo como apóstol
11:16
Otra vez digo: Que nadie me tenga por loco; o de otra
manera, recibidme como a loco, para que yo también me
gloríe un poquito.
11:17 Lo que hablo, no lo hablo según el Señor, sino
como en locura, con esta confianza de gloriarme.
11:18 Puesto que muchos se glorían según la carne,
también yo me gloriaré;
11:19 porque de buena gana toleráis a los necios, siendo
vosotros cuerdos.
11:20 Pues toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os
devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se
enaltece, si alguno os da de bofetadas.
11:21 Para vergüenza mía lo digo, para eso fuimos
demasiado débiles. Pero en lo que otro tenga osadía
(hablo con locura), también yo tengo osadía.
11:22 ¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo
también. ¿Son descendientes de Abraham? También yo.
11:23 ¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco
hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin
número; en cárceles
más; en peligros de muerte muchas veces.
11:24 De los judíos cinco veces he recibido cuarenta
azotes menos uno.
11:25 Tres veces he sido azotado con varas;
una vez apedreado;
tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he
estado como náufrago en alta mar;
11:26 en caminos muchas veces; en peligros de ríos,
peligros de ladrones, peligros de los de mi nación,
peligros de los gentiles,
peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros
en el mar, peligros entre falsos hermanos;
11:27 en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre
y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez;
11:28 y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa
cada día, la preocupación por todas las iglesias.
11:29 ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se le
hace tropezar, y yo no me indigno?
11:30 Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que
es de mi debilidad.
11:31 El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien
es bendito por los siglos, sabe que no miento.
11:32 En Damasco, el gobernador de la provincia del rey
Aretas guardaba la ciudad de los damascenos para
prenderme;
11:33 y fui descolgado del muro en un canasto por una
ventana, y escapé de sus manos.
Capítulo 12
El aguijón en la carne
12:1
Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a las
visiones y a las revelaciones del Señor.
12:2 Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce
años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no
lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer
cielo.
12:3 Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera
del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe),
12:4 que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras
inefables que no le es dado al hombre expresar.
12:5 De tal hombre me gloriaré; pero de mí mismo en nada
me gloriaré, sino en mis debilidades.
12:6 Sin embargo, si quisiera gloriarme, no sería
insensato, porque diría la verdad; pero lo dejo, para
que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de
mí.
12:7 Y para que la grandeza de las revelaciones no me
exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi
carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que
no me enaltezca sobremanera;
12:8 respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor,
que lo quite de mí.
12:9 Y me ha dicho: Bástate mi
gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.
Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis
debilidades, para que repose sobre mí el poder de
Cristo.
12:10 Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las
debilidades, en afrentas, en necesidades, en
persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil,
entonces soy fuerte.
12:11 Me he hecho un necio al gloriarme; vosotros me
obligasteis a ello, pues yo debía ser alabado por
vosotros; porque en nada he sido menos que aquellos
grandes apóstoles, aunque nada soy.
12:12 Con todo, las señales de apóstol han sido hechas
entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios
y milagros.
12:13 Porque ¿en qué habéis sido menos que las otras
iglesias, sino en que yo mismo no os he sido carga?
¡Perdonadme este agravio!
Pablo anuncia su tercera visita
12:14 He
aquí, por tercera vez estoy preparado para ir a
vosotros; y no os seré gravoso, porque no busco lo
vuestro, sino a vosotros, pues no deben atesorar los
hijos para los padres, sino los padres para los hijos.
12:15 Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo
mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas,
aunque amándoos más, sea amado menos.
12:16 Pero admitiendo esto, que yo no os he sido carga,
sino que como soy astuto, os prendí por engaño,
12:17 ¿acaso os he engañado por alguno de los que he
enviado a vosotros?
12:18 Rogué a Tito, y envié con él al hermano. ¿Os
engañó acaso Tito? ¿No hemos procedido con el mismo
espíritu y en las mismas pisadas?
12:19 ¿Pensáis aún que nos disculpamos con vosotros?
Delante de Dios en Cristo hablamos; y todo, muy amados,
para vuestra edificación.
12:20 Pues me temo que cuando llegue, no os halle tales
como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no
queréis; que haya entre vosotros contiendas, envidias,
iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones,
soberbias, desórdenes;
12:21 que cuando vuelva, me humille Dios entre vosotros,
y quizá tenga que llorar por muchos de los que antes han
pecado, y no se han arrepentido de la inmundicia y
fornicación y lascivia que han cometido.
Capítulo 13
13:1 Esta es
la tercera vez que voy a vosotros. Por boca de dos o de
tres testigos
se decidirá todo asunto.
13:2 He dicho antes, y ahora digo otra vez como si
estuviera presente, y ahora ausente lo escribo a los que
antes pecaron, y a todos los demás, que si voy otra vez,
no seré indulgente;
13:3 pues buscáis una prueba de que habla Cristo en mí,
el cual no es débil para con vosotros, sino que es
poderoso en vosotros.
13:4 Porque aunque fue crucificado en debilidad, vive
por el poder de Dios. Pues también nosotros somos
débiles en él, pero viviremos con él por el poder de
Dios para con vosotros.
13:5 Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe;
probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros
mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que
estéis reprobados?
13:6 Mas espero que conoceréis que nosotros no estamos
reprobados.
13:7 Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis; no
para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que
vosotros hagáis lo bueno, aunque nosotros seamos como
reprobados.
13:8 Porque nada podemos contra la verdad, sino por la
verdad.
13:9 Por lo cual nos gozamos de que seamos nosotros
débiles, y que vosotros estéis fuertes; y aun oramos por
vuestra perfección.
13:10 Por esto os escribo estando ausente, para no usar
de severidad cuando esté presente, conforme a la
autoridad que el Señor me ha dado para edificación, y no
para destrucción.
Saludos y doxología final
13:11 Por
lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos,
consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el
Dios de paz y de amor estará con vosotros.
13:12 Saludaos unos a otros con ósculo santo.
13:13 Todos los santos os saludan.
13:14 La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y
la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.
Amén.
|